Capítulo 3
El canon de las Escrituras
¿Qué pertenece a la Biblia y qué no pertenece a ella?
EXPLICACIÓN Y BASE BÍBLICA
El canon de las Escrituras
¿Qué pertenece a la Biblia y qué no pertenece a ella?
EXPLICACIÓN Y BASE BÍBLICA
El capitulo previo concluyó que es especialmente a las palabras
escritas de Dios en la Biblia a las que dedicaremos nuestra atención. Antes de hacerlo, sin
embargo, debemos saber cuáles escritos pertenecen a la Biblia y cuáles no. Esto se refiere al canon de la Biblia, que se puede definir como sigue: El canon de la Biblia es la lista de todos los libros que
pertenecen a la Biblia.
No se debe subestimar la importancia de este asunto. Las
palabras de las Escrituras son las palabras por las cuales nutrimos nuestra
vida espiritual. Asi que podemos reafirmar el comentario de Moisés al pueblo
de Israel en referencia a las palabras de la ley de Dios: «Porque no son
palabras vanas para ustedes, sino que de ellas depende su vida; por ellas vivirán mucho tiempo en el territorio
que van a poseer al otro lado del Jordán» (Dt 32:47).
Añadir o sustraer de las palabras de Dios sería impedir que el
pueblo de Dios le obedezca plenamente, porque los mandamientos que se
sustrajeran no los conocería el pueblo, y las palabras que se añadieran tal
vez exigirían del pueblo cosas adicionales que Dios no ha ordenado. Así Moisés
lo advirtió al pueblo de Israel: «No añadan ni quiten palabra alguna a esto que yo les ordeno. Más bien, cumplan los mandamientos
del Señor su Dios» (Dt 4:2).
La determinación precisa del alcance del canon de la Biblia es
por consiguiente de suprema importancia. Para confiar y obedecer a Dios
absolutamente debemos tener una colección de palabras de la que estemos seguros
que son las propias palabras de Dios para nosotros. Si hubiera alguna sección
de la Biblia respecto a la cual tendríamos duda de si son palabras de Dios o
no. no consideraríamos que tienen autoridad divina absoluta y no confiaremos en
ellas tanto como confiaremos en Dios mismo.
A.
El canon del
Antiguo Testamento
¿Donde empezó la idea de un canon, es decir, la idea
de que el pueblo de Israel debia preservar una colección de las palabras escritas de Dios? La misma BibÜa da testimonio del desarrollo histórico del canon. La colección más temprana de palabras de Dios escritas fueron los Diez Mandamientos. Los Diez Mandamientos, de este modo, forman el principio del canon bíblico. Dios mismo escribió en dos tablas de piedra las palabras que ordenó a su pueblo: «Y cuando terminó de hablar con Moisés en el monte Sinai, le dio las dos tablas de la ley, que eran dos lajas escritas
por el dedo mismo de Dios»(Ex
31:18). Después leemos: «Tanto las tablas como la escritura grabada en
ellas eran obra de Dios» (Éx 32:16;
cf. Dt 4:13:10:4). Las
tablas de la ley fueron
depositadas en el arca del pacto (Dt 10:5) y constituían los términos del pacto entre Dios
y el pueblo.
Esta colección
de palabras absolutamente
autoritativas de Dios credo
en tamaño en todo el tiempo de la historia de Israel. Moisés mismo
escribió palabras adicionales que se debían depositar junto al arca del pacto (Dt 31:24-26). La referencia inmediata
es evidentemente al libro de Deuteronomio, pero otras referencias a escritos de Moisés
indican que los primeros cuatro
libros del Antiguo
Testamento también los escribió él (vea Éx 17:14;
24:4:34:27; Nm 33:2; Dt 31:22). Después
de la muerte de Moisés, Josué también añadió a la colección de
palabras de Dios escritas: «...y los registró en el libro de la ley de Dios» (Jos 24:26). Esto es especialmente sorprendente a la luz del
mandamiento de no añadir ni quitar de las palabras que Dios le dio al pueblo por medio
de Moisés: »No añadan ni quiten palabra alguna a esto que yo les
ordeno» (Dt. 4:2; cf. 12:32). Para
desobedecer un
mandamiento tan especifico Josué debe haber estado convenado
de que no estaba
arrogándose el derecho de añadir
a las palabras escritas de Dios, sino que Dios
mismo le había autorizado tales escritos
adicionales.
Más tarde otros en Israel,
por lo general los que ejercían el oficio de profeta,
escribieron palabras adicionales
de Dios:
A continuación. Samuel le explicó al pueblo las leyes del reino y las escribió en un libro que depositó ante
el Señor (1 S 10:25).
Todos los
hechos del rey David, desde el primero hasta el último.... están escritos en las
crónicas del vidente
Samuel, del profeta Natán y del vidente Gad. (1 Cr 29:29-30).
Los demás
acontecimientos del reinado de
Josafat. desde el primero hasta el
último, están escritos en las crónicas de Jehú hijo de Janani, que forman parte del libro de los reyes de Israel (2 Cr 20:34: cf. 1 R 16:7 en donde a Jehú. hijo de Hanani, se le llama profeta).
Los demás
acontecimientos del reinado de
Uzias, desde el primero hasta el
último, los escribió el profeta Isaias hijo de Amoz (2 Cr 26:22).
Los demás acontecimientos del reinado de Ezequias. incluyendo sus hazañas, están escritos en la visión del profeta Isaias hijo de Amoz y en el libro de los reyes de Judá e Israel (2
Cr 32:32).
«Asi dice el Señor, el Dios de Israel: "Escribe en un libro todas las palabras que te he dicho'
(Jer 30:3).
El contenido del canon del Antiguo Testamento continuó
creciendo hasta el tiempo
del fin del proceso de escribir.
Si fechamos a Hageo en 520 a.C., Zacarías en
'Vea Mcdcnth Kílnc. The Smuture of
Biblicjl Authcrtty Eerdmans. Grand Rapids. 1972). esp. pp. 48-53 r 113-130.
¿Para ver otros pasajes que ilustran el crecimiento de la
colección de las palabras de Dios escritas vea 2Cr 9:29: 12:1$; 13:22; Is 30:8;
Jer 29:1:36:1-32:45:1:51:60: Ez 43:11: Dn * 1: Hab 2:2 Las adiciones surgieron
por lo general mediante la agencia de un profeta.
el 520-518 a.C. (tal vez con más material añadido después de 480
a.C.), y Malaquías alrededor de 435 a.C.. tenemos una idea de las fechas
aproximadas de los últimos profetas del Antiguo Testamento. Aproximadamente
coinciden con este periodo los últimos libros de la historia del Antiguo
Testamento: Esdras. Nehemías y Ester. Esdras fue ajerusalén el 458 a.C., y
Nehemías estuvo en Jerusalén de 445-423 a.C.’ Ester fue escrito en algún
momento después de la muerte de Jeijes I (= Asueto) en 465 a.C. y es probable
una fecha durante el reinado de Artajeijes (464-423 a.C.). Así que
aproximadamente después de 435 a.C. no hubo más adiciones al canon del Antiguo
T estamento. La historia posterior del pueblo judío se anotó en otros escritos.
tales como los libros de Macabeos. pero se pensó que esos escritos no ameritaban
que se les incluyera con las colecciones de las palabras de Dios de años anteriores.
Cuando pasamos a la literatura judia fuera del Antiguo
Testamento, vemos que la creencia de que las palabras debidamente autontativas
de Dios habían cesado queda atestiguada claramente en varios diferentes trozos
de literatura judia ex- trabíblica. En 1 Macabeos alrededor de 100 a.C.) el
autor escribe del altar profanado: «Asi pues, demolieron el altar y colocaron
las piedras en la colina del templo, en lugar apropiado, hasta que viniera un
profeta que les indicara lo que debían hacer con ellas» (1 Mac 4:45-46. VP).
Al parecer sabían que nadie podia hablar con la autoridad de Dios como lo habían
hecho los profetas del Antiguo Testamento. El recuerdo de un profeta
autoritativo entre el pueblo era algo que pertenecía al pasado distante, porque
el autor podia hablar de una gran aflicción «como no se había visto desde que
desaparecieron los profetas» (1 Mac 9:27; cf. 14:41).
Josefo (nadó c. 37 ó 38 d.C.) explicó: «Desde Artajerjes hasta
nuestros propios tiempos se ha escrito una historia completa, pero no se la ha
considerado digna de igual crédito como los registros anteriores, debido a la interrupción
de la sucesión exacta de los profetas» (Contra Apio 1.41 i. Esta afirmación de
parte del más grande historiador judío del primer siglo d.C. muestra que sabia
de los escritos ahora considerados parte de la «apócrifa», pero que él (y muchos
de sus contemporáneos) consideraban estos otros escritos «no ... dignos de
igual crédito» con lo que ahora conocemos como Escrituras del Antiguo
Testamento. Según el punto de vista de Josefo, no habia habido «palabra de
Dios» añadidas a las Escrituras después de alrededor de 435 a.C.
La literatura rabínica refleja una convicción similar en su
afirmadón repetida de que el Espíritu Santo (en la función del Espíritu de inspirar
la profecía) partió de Israel. «Después de que los últimos profetas Hageo,
Zacarías y Malaquías murieron, el Espíritu Santo se separó de Israel, pero
ellos todavía tenían a su disposidón la bat kol (Talmud
Babilónico Yomah 9b. repetido en Sota 48b. Sanedrín 1 la y Mi- drash Rabbah on
Cantar de Cantares 8.9.3).‘
La comunidad del Qumram (secta judia que dejó los Rollos del Mar
Muerto) también esperaba un profeta cuyas palabras tendrían autoridad para invalidar
cualquier reguladón existente vea 1 QS 9.11 . y otras afirmaciones similares se
hallan
en otras partes en la
antigua literatura judia (vea 2
Baruc 85:3 y Oración de
Azarias 15). Asi que
el pueblo judio no aceptó en general escritos posteriores
a alrededor de 435 a.C. como que tuvieran igual autoridad con el resto de las Escrituras.
En el Nuevo Testamento
no tenemos ningún registro de disputa entre Jesús y los judíos sobre la extensión
del canon. Evidentemente
habia pleno acuerdo entre Jesús y sus discípulos,
por un lado, y los dirigentes
judíos y el pueblo
judío, por otro, de que las adiciones al canon del Antiguo Testamento habían cesado después del
tiempo de Esdras,
Nehemías, Ester. Hageo,
Zacarías y Malaquías.
Este hecho queda confirmado por las citas del Antiguo Testamento que hacen Jesús y los autores del Nuevo
Testamento. Según un corneo. Jesús
y los autores del Nuevo Testamento citan
varias partes de las Escrituras
del Antiguo Testamento
como divinamente autoritativas más de 295 veces, pero ni una sola vez citan como divinamente autoritativa
alguna afirmación de los libros
apócrifos ni de ningún
otro escrito.[1]
La ausencia de tales referencias a otra literatura como divinamente autoritativa, y la extremadamente
frecuente referencia a
cientos de lugares
del Antiguo Testamento como divinamente autoritativos, da fuerte confirmación
al hecho de que los
autores del Nuevo
Testamento concordaban en que se tomaba el canon establecido del Antiguo Testamento,
ni más ni menos, como las mismas palabras de Dios.
¿Qué diremos entonces
en cuanto a la Apócrifa, la
colección de libros
incluida en el canon por
la iglesia católica
romana pero excluida del canon por el protestantismo? Los judíos nunca aceptaron estos libros como Escrituras,
pero en toda la historia temprana de la
iglesia hubo una
opinión dividida en cuanto a si
deberían ser parte de las Escrituras o no. Ciertamente, la evidencia cristiana más temprana va decididamente en contra de considerar a la apócrifa como Escrituras, pero el uso de los apócrifos gradualmente aumentó en algunas partes de la iglesia hasta el tiempo de la Reforma." El hecho de quejerónimo incluyó estos libros en la Vulgata latina (terminada en el 404 d.C.) dio respaldo a su inclusión, aunque el mismojeró- nimo dijo que no eran «libros del canon» sino meramente «libros
de la iglesia» que
eran útiles y provechosos para los creyentes. El amplio uso de la Vulgata latina en siglos subsiguientes garantizó su continua disponibilidad, pero
el hecho de que no tuvieron original hebreo que los respaldara, y su exclusión del canon judio, así como la falta de citas de ellos en el Nuevo Testamento, llevó a muchos a verlos con suspicacia
o a rechazar su autoridad Por ejemplo, la lista cristiana más antigua de libros
del Antiguo Testamento que existe hoy es la compilada por Melitón. obispo de Sardis.
quien escribió alrededor de 170 d.C.‘
Cuando vine al este y llegué al lugar en donde estas cosas se
predicaban y hadan, y aprendí con precisión los libros del .Antiguo Testamento,
anoté los hechos y se los envíe. Estos son sus nombres: cinco libros de Moisés:
Génesis. Éxodo. Números. Levítico. Deuteronomio. Josué hijo de Nun. Jueces. Rut,
cuatro libros de reinos.'* dos libros de Crónicas, los Salmos de David, los
Proverbios de Salomón y su sabiduría. Eclesustés. el Cantar de los Cantares.
Job. los profetas Isaías, Jeremías, los Doce en un solo libro. Daniel. Ezequiel.
Esdras
Es digno de notarse aquí que Melitón no menciona ninguno de los libros apócrifos, pero si incluye todos los libros de nuestros libros del Antiguo
Testamento actual excepto Ester. Eusebio también cita a Orígenes respaldando la mayoría de los libros de nuestro presente canon del Antiguo Testamento (incluyendo Ester), pero no presenta ningún libro de los
apócrifos como canónico, y de los libros
de los Macabeos explícitamente se dice que
están «fuera de estos [libros canónicos]».[2]*
En forma similar, en el 367 d.C., cuando el gran líder de la iglesia Atanasio, obispo de Alejandría, escribió su Cana Pascual, hizo una lista de todos los libros de nuestro canon presente del Nuevo Testamento y de todos los libros
de nuestro canon presente del Antiguo Testamento excepto Ester. También
mencionó algunos libros de la apócrifa tales como la Sabiduría de Salomón, la
Sabiduría de Sirac, Judit y Tobías, y dijo que estos «en verdad no estaban
incluidos en el canon, pero los padres
los señalaban para que los leyeran los que se unian
recientemente a nosotros, y que desean instrucción en la palabra de santidad*. "
Sin embargo, otros dirigentes de la iglesia primitiva en efecto citaron varios
de estos libros como Escrituras. ‘
Hay
incongruencias doctrinales históricas en varios de estos libros. E. J. Young anota:
No hay marcas en estos libros que
atestigüen un origen divino.... Judit y Tobías contienen errores históricos,
cronológicos y geográficos Estos libros justifican la falsedad y el engaño, y
hacen que la salvación dependa de obras de mérito— Eclesiástico y Sabiduría de
Salomón inculcan una moralidad basada en la conveniencia. Sabiduría enseña la
creación del mundo con malcría preexistente i Sab. 11.17). Eclesiástico enseña
que dar limosnas hace expiación por el pecado < Eclesiáüco 3.30). En Baruc
se dice que Dios oye las oraciones de los muertos (Baruc 3.4). y en l Macabeos
hay errores históricos y geográficos.
No fue sino hasta 1546. en el concilio de Trento, que la Iglesia
Católica Romana oficialmente declaró que los apócrifos eran parte del canon
(con excepción de 1 y 2 Esdras, y la Oración de Manasés). Es significativo que
el concilio de Trento fue la respuesta de la Iglesia Católica Romana a las
enseñanzas de Martín Lutero y la Reforma Protestante que se extendía rápidamente,
y los libros de la Apócrifa contenían respaldo para la enseñanza católica de las
oraciones por los muertos y la justificación por fe más obras, y no por fe
sola. Al ratificar a los apócrifos como dentro del canon, los católicos romanos
podían sostener que la iglesia tiene la autoridad de declarar una obra
literaria como «Escrituras», en tanto que los protestantes habían sostenido
que la iglesia no puede hacer que algo se considere Escrituras, sino que sólo
puede reconocer lo que Dios ya ha hecho que se escriba como sus propias
palabras. ‘ (Una analogía aqui seria decir que un investigador policial puede
reconocer dinero falsificado como falsificado y puede reconocer el dinero
genuino como genuino, pero no puede hacer que el dinero falsificado sea
genuino, ni puede ninguna declaración de ningún número de policías hacer que el
dinero falsificado sea algo que no es. Sólo la tesorería oficial de una nación
puede hacer dinero que sea dinero de verdad; de manera similar, solo Dios puede
hacer que las palabras sean palabras suyas y dignas de incluirse en las Escrituras).
Asi que los escritos de los apócrifos no se deben considerar como
pane de las Escrituras: (1) ninguno de ellos afirma tener la misma clase de autoridad
que tenían los escritos del Antiguo Testamento; (2) los judíos, de quienes
ellos se originaron, no los consideraban palabras de Dios; (3) ni Jesús ni los
autores del Nuevo
Testamento los consideraban Escrituras: y (4), contienen enseñanzas
incongruentes con el resto de la Biblia. Debemos concluir que son solo palabras
humanas, y no palabras inspiradas por Dios como las palabras de las Escrituras.
Tienen valor para la investigación histórica y lingüistica, y contienen una
cantidad de relatos útiles en cuanto al valor y la fe de muchos judíos durante
el periodo posterior a la conclusión del Antiguo Testamento, pero nunca han
sido parte del canon del Antiguo Testamento, y no se les debe considerar parte
de la Biblia. Por consiguiente, no tienen ninguna autoridad obligatoria para el
pensamiento o vida de los cristianos hoy.
En conclusión, con respecto al canon del Antiguo Testamento, los
cristianos de hoy no tienen por qué preocuparse que algo se haya dejado fuera,
ni de que se haya incluido algo que no sea palabra de Dios.
B. El canon del Nuevo Testamento
El desarrollo del canon del Nuevo Testamento empieza con los
escritos de los apóstoles. Hay que recordar que la escritura de las Escrituras primordialmente
ocurre en conexión con los grandes actos de Dios en la historia de la redención.
El .Antiguo Testamento registra e interpreta para nosotros el llamamiento de Abraham
y la vida de sus descendientes, el éxodo de Egipto y el peregrinaje por el
desierto, el establecimiento del pueblo de Dios en la tierra de Canaán, el establecimiento
de la monarquía, y la deportación y el regreso del cautiverio. Cada uno de estos
grandes actos de Dios en la historia se interpreta para nosotros en las propias
palabras de Dios en las Escrituras. El Antiguo Testamento cierra con la
expectativa del Mesías que vendría (Mal 3:1-4; 4:1-6). La siguiente etapa en la
historia de la redención es la venida del Mesías, y no es sorpresa que no
hubieran Escrituras adicionales mientras no tuviera lugar el siguiente y más
grandioso suceso en la historia de la redención.
Por eso el Nuevo Testamento consiste de los escritos de los
apóstoles. ° Es primordialmente a los apóstoles a quienes el Espíritu Santo les
da la capacidad de recordar con precisión las palabras y obras de Jesucristo, e
interpretarlas correctamente para las generaciones subsiguientes.
En Juan 14:26, Jesús les prometió a sus discípulos este poder (a
los que se les llamó apóstoles después de la resurrección): «Pero el
Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará
todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho». De modo
similar, Jesús prometió más revelación de verdad de parte del Espíritu Santo
cuando les dijo a sus discípulos: «Pero cuando venga el Espíritu de la verdad,
él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta sino que
dirá sólo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir. Él me glorificará
porque tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes» (Jn 16:13-14). En
estos versículos a los discípulos se les promete dones asombrosos que los capacitarán
para escribir las Escrituras: el Espíritu Santo les enseñaría «toda
'®Unos pocos
libros ctcl Nuevo Testamento (Marcos. Lucas, hechos, hebreo y Judas) no fueron
escritos por apóstoles sino por otros intimamente asociados con ellos, y
evidentemente autorizado por ellos: véase la explicación que sigue, pp 62-64.
la verdad», les haría recordar «todo» lo que Jesús había dicho y
los guiaría a «toda la verdad».
Además, a los que tenían el oficio de apóstol en la iglesia
primitiva se les ve afirmando que tenían una autoridad igual a la de los
profetas del Antiguo Testamento, autoridad para hablar y escribir palabras que
eran palabras del mismo Dios. Pedro anima a sus lectores a recordar «el
mandamiento que dio nuestro Señor y Salvador por medio de los apóstoles» (2 P 3:2).
Mentir a los apóstoles (Hch 5:2) equivale a mentir al Espíritu Santo (Hch 5:3) y
mentir a Dios (Hch 5:4).
Esta afirmación de ser capaces de hablar palabras que eran
palabras de Dios mismo es especialmente frecuente en los escritos del apóstol
Pablo. Él afirma no sólo que el Espíritu Santo le ha revelado lo que «ningún ojo
ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que
Dios ha preparado para quienes lo aman» (1 Co 2:9), sino que también cuando
declara esta revelación la habla «no con palabras enseñadas por sabiduría
humana, sino enseñadas por el Espíritu, interpretando las cosas espirituales
con palabras espirituales» (1 Co 2:13, traducción del autor)."
De modo similar, Pablo les dice a los corintios: «Si alguno se
cree profeta o espiritual, reconozca que esto que les escribo es mandato del
Señor» (1 Co 14:37). La palabra que se traduce «esto que» en este versículo es
un pronombre relativo plural en griego (ja) que se podría
traducir más literalmente «las
cosas que les escribo». De este modo
Pablo afirma que sus directivas a la iglesia de Corinto no son meramente de su
propia cosecha sino un mandamiento del Señor. Más adelante, al defender su
oficio apostólico Pablo dice que les dará a los corintios «una prueba de que Cristo
habla por medio de mí» (2 Co 13:3). Otros versículos similares se podrían mencionar
(por ejemplo. Ro 2:16; Gá 1:8-9; 1 Ts 2:13; 4:8, 15; 5:27; 2 Ts 3:6, 14).
Los apóstoles, entonces, tienen autoridad para escribir palabras
que son palabras del mismo Dios, igual en estatus de verdad y autoridad a las
palabras de las Escrituras del Antiguo Testamento. Hacen esto para escribir,
interpretar y aplicar a la vida de los creyentes las grandes verdades en cuanto
a la vida, muerte y resurrección de Cristo.
No debería sorprendemos, por consiguiente, hallar algunos de los
escritos del Nuevo Testamento siendo colocados con las Escrituras del Antiguo
Testamento como parte del canon de las Escrituras. De hecho, esto es lo que
hallamos en por lo menos dos casos. En 2 Pedro 3:16, Pedro muestra no sólo que
está consciente de la existencia de los escritos de Pablo, sino que también
está claramente dispuesto a clasificar «todas sus cartas [de Pablo]» con «las demás
Escrituras»; Pedro dice: «Tal como les escribió también nuestro querido hermano
Pablo, con la sabiduría que Dios le dio. En todas sus cartas se refiere a estos
mismos temas. Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los
ignorantes e inconstantes tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras, para su propia perdición» (2 P 3:15-16). La palabra que se
traduce «Escrituras» aquí es grajé, palabra que ocurre cincuenta y una veces en el Nuevo Testamento
y en cada una de esas ocasiones se refiere a las
,0Esta es mi propia traducción de la úluma fase de iCo 2:13; vea
Grudem. •Scnpturr's Selí-Anestauon». en Scnpture jiut
Tmth. ed D. A. Carson yjohn Woodbridge (Zondervan. Grand Rapids. 198J), p. J65. n. 61. Pero esta traducción no es
crucial para el punco principal, es decir, que Pablo habla palabras que el
Espintu Santo le ha enseñado, punto que lo afirma la primera parte del
versículo, sin que importe cómo se traduzca la segunda parte
Escrituras del Antiguo Testamento. Así que la palabra Escrituras era un
término técnico para los autores del Nuevo Testamento, y la aplicaban sólo a
los escritos que pensaban que eran palabras de Dios y por consiguiente parte
del canon de las Escrituras. Pero en este versículo Pedro clasifica los
escritos de Pablo como «las demás Escrituras» (refiriéndose a las Escrituras
del Antiguo Testamento). Por consiguiente, Pedro consideraba los escritos de
Pablo también como dignos del título de «Escrituras», y por consiguiente dignos
de que se incluyeran en el canon.
Una segunda instancia se halla en 1 Timoteo 5:17-18. Pablo dice:
«Los ancianos que dirigen bien los asuntos de la iglesia son dignos de doble
honor, especialmente los que dedican sus esfuerzos a la predicación y a la
enseñanza. Pues la Escritura
dice: “No le pongas bozal al buey
mientras esté trillando", y “El trabajador merece que se le pague su
salario”». La primera cita de las «Escrituras» se halla en Deutero- nomio 25:4,
pero la segunda cita, «El trabajador merece que se le pague su salario» no se
halla en ninguna parte del Antiguo Testamento. Aparece eso sí, no obstante, en
Lucas 10:7 (con exactamente las mismas palabras en el texto griego). Así que
aquí tenemos a Pablo aparentemente citando una porción del Evangelio de Lucas[3]’
y llamándola «Escritura», es decir, algo que se debe considerar como parte del
canon/" En estos dos pasajes (2 P 3:16 y 1 Ti 5:17-18) vemos evidencia de
que muy temprano en la historia de la iglesia se empezó a aceptar los escritos
del Nuevo Testamento como parte del canon.
Debido a que los apóstoles, en virtud de su oficio apostólico,
tuvieron autoridad para escribir palabras de las Escrituras, la iglesia
primitiva aceptó como parte del canon de las Escrituras las auténticas
enseñanzas escritas de los apóstoles. Si aceptamos los argumentos para las
nociones tradicionales de autoría de los escritos del Nuevo Testamento,''
tenemos la mayor parte del Nuevo Testamento en el canon debido a la autoría
directa de los apóstoles. Esto incluiría Mateo, Juan, Romanos a Filemón (todas
las Epístolas paulinas), Santiago;2' 1 y 2 Pedro; 1, 2 y 3 Juan, y
Apocalipsis.
Eso deja cinco libros: Marcos, Lucas, Hechos, Hebreos y Judas,
que no fueron escritos por apóstoles. Los detalles del proceso histórico por el
cual la iglesia primitiva llegó a contar estos libros como parte de las
Escrituras son escasos, pero Marcos, Lucas y Hechos se reconocieron muy
temprano, probablemente debido a la íntima asociación de Marcos con el apóstol
Pedro, y de Lucas (el autor de Lucas y Hechos) con el apóstol Pablo. De modo
similar, se aceptójudas evidentemente en virtud de la conexión del autor con Santiago
(vea Jud 1) y el hecho de que era hermano de Jesús.'
La aceptación de Hebreos como canónico la promovieron muchos en
la iglesia en base a que se daba por sentada su autoría paulina. Pero desde los
primeros tiempos hubo otros que rechazaron la autoría paulina a favor de una u
otra de vanas sugerencias. Orígenes, que murió alrededor del 254 d.C..
menciona varias teorías de autoría y concluye: «Pero, quién en realidad
escribió la epístola, sólo Dios lo sabe».* Así que la aceptación de Hebreos
como canónico no se debió enteramente a una creencia en la autoría paulina. Más
bien, las cualidades intrínsecas del libro en sí mismo deben haber convencido
finalmente a los primeros lectores, tal como continúan convenciendo a los
creyentes hoy. de que quienquiera que haya sido su autor humano, su autor en
definitiva solo pudo haber sido Dios mismo. La gloria majestuosa de Cristo
brilla de las páginas de la Epístola a los Hebreos tan brillantemente que
ningún creyente que la lee con seriedad jamás querrá cuestionar su lugar en el
canon.
Esto nos lleva a la médula del asunto de canonicidad. Para que
un libro pertenezca al canon, es absolutamente necesario que el libro tenga
autoría divina. Si las palabras del libro son palabras de Dios (por medio de
autores humanos), y si la iglesia primitiva, bajo la dirección de los
apóstoles, preservó el libro como parte de las Esenturas, el libro penenece al
canon. Pero si las palabras del libro no son palabras de Dios, este no penenece
al canon. La cuestión de autoría por un apóstol es importante. porque fue
primariamente a los apóstoles a quienes Dios les dio la capacidad de
escribirpalabras con absoluta autoridad divina. Si se puede demostrar que un
escrito es de un apóstol, su autoridad divina absoluta queda establecida automáticamente.'
Así que la iglesia primitiva automáticamente aceptó como parte del canon las
enseñanzas escritas de los apóstoles que los apóstoles quisieron preservar como
Escrituras.
Pero la existencia de algunos escritos del Nuevo Testamento que no
fueron de autoría directa de los apóstoles muestra que hubo otros en la iglesia
primitiva a quienes Dios también les dio la capacidad, por obra del Espíritu
Santo, de escribir palabras que eran palabras de Dios, y por consiguiente con
el propósito de que fueran parte del canon. En estos casos, la iglesia
primitiva tuvo la tarea de reconocer cuáles escritos tenían las características
de ser palabras de Dios (expresadas a través de autores humanos).
¿,La aceptación de Judas en el canon fue lenta, pnmordialmente
debido a dudas respecto a su cita del libro lo canónico de Enoc.
26La afirmación de Orígenes está citada en Eusebio, Ertitiuutural Hittúiy, 6 25 14
•’pcir
supuesto, esto no significa que todo lo que un apóstut escribió, incluyendo su
lista de compras y recibos Je transacciones de negocios, se consideraría
Escrituras Estamos hablando aquí de esemos hechos al actuar en su papel de
apóstol y dando instrucciones apostólicas a las iglesias v a cnstunos
individuales tales como a Timoteo y Ftlemón)
Es también
un probable que los míanos apóstoles en vida dieron alguna dirección a las
iglesias respecto a cuáles obras proponían que se preserva y se usen como
Escrituras en las iglesias • vea Col 4 16. ZTs 3:14.2P 3:16). Evidentemente
hubo algunos escritos que tuvieron autoridad divina absoluta pero que los
apóstoles decidieron no preservar como «Escrituras* para las iglesias tales
como la «carta previa* a lo» Conroios. vea iCo 5.9) Es mis. los apóstoles
dieron mucha enseñanza onL que tenia autoridad divina < vea ¿Ts 2 151 pero que no se
escribió ni preservó como Escrituras De este modo, además de la autoría
apostóbea. la preservación de parte de la iglesia bajo b dirección de los
apóstoles fue necesaria para que una obra se indura en e) canon.
Para algunos de los libros (por lo menos Marcos. Lucas y Hechos,
y tal vez Hebreos y Judas también), la iglesia tuvo, por lo menos en algunos
aspectos, el testimonio personal de algunos de los apóstoles que todavía
vivían que respaldaban la autoridad divina absoluta de estos libros Por
ejemplo. Pablo habría respaldado la autenticidad de Lucas y Hechos, y Pedro
habría respaldado la autenticidad de Marcos como que contenía el evangelio que
él mismo predicaba. En otros casos, y en algunas regiones geográficas, la
iglesia simplemente tuvo que decidir si oía la voz de Dios mismo
hablando en las palabras de esos esentos. En estos casos, las palabras de los
libros habrían sido autoatesngiuuteras:
es decir, las palabras habrían dado
testimonio de su propia autoría divina conforme los cristianos las leían. Esto
parece haber sido el caso de Hebreos.
No debe ser sorpresa para nosotros que la iglesia primitiva
pudiera reconocer Hebreos y otros escritos, no escritos por los apóstoles, como
palabras de Dios. ¿AcasoJesús no había dicho: «Mis ovejas oyen mi voz» (Jn
10:27»? Por consiguiente. No se debe pensar que es imposible o improbable que
la iglesia primitiva pudiera haber usado una combinación de factores,
incluyendo el endoso apostólico, congruencia con el resto de las Escrituras, y
la percepción de que un escrito era «inspirado por Dios» de parte de una
abrumadora mayoría de los creyentes, para decidir que un escrito era en efecto
palabras de Dios (expresadas a través de un autor humano) y por consiguiente
digno de que se incluya en el canon. Tampoco se debe tener como improbable que
la iglesia pudiera haber usado este proceso a lo largo de un periodo de tiempo
—conforme los escritos circulaban por varias partes de la iglesia primitiva— y
finalmente llegara a una decisión completamente correcta, sin excluir ningún
escrito que fue en efecto «inspirado por Dios» y sin incluir ninguno que no lo
fue/*
En el 367 d.C. la trigésima novena carta pascual de Atanasio contenía
una lista exacta de los veintisiete libros del Nuevo Testamento que tenemos
hoy. Esta era la lista de libros aceptados por las iglesias en la parte oriental
del mundo mediterráneo. Treinta años más tarde, en el 397 d.C., el concilio de
Cartago, representando a las iglesias en la parte occidental del mundo
mediterráneo, concordó con las iglesias orientales respecto a la misma lista.
Estas son las listas finales más tempranas de nuestro canon del día presente.
¿Deberíamos esperar que se añada algún otro escrito al canon? La
frase que abre Hebreos pone esta cuestión en la perspectiva histórica apropiada,
la perspectiva de la historia de la redención: «Dios, que muchas veces y de
varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los
profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A éste lo
designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo» (Heb 1:1-2).
En contraste entre el hablar anterior «en otras épocas» por los
profetas y el reciente hablar «en estos días finales» sugiere que el hablar de
Dios a nosotros por su Hijo es la culminación de su hablar a la humanidad y es
la revelación más grande y final a la humanidad en este período de la historia
de la redención. La grandeza excepcional de la revelación que viene por el Hijo
excede con mucho cualquier revelación del antiguo pacto, y se recalca vez tras
vez en los capítulos 1 y 2 de Hebreos. Estos hechos indican que hay una
finalidad en la revelación de Dios en Cristo, y que una vez que esa revelación ha
quedado completa, no se debe esperar más.
Pero,
¿dónde aprendemos en cuanto a esta revelación por medio de Cristo? Los escritos
del Nuevo Testamento contienen la interpretación final, autoritativa y suficiente
de la obra de Cristo en la redención Los apóstoles y sus compañeros más íntimos
informan las palabras y obras de Cristo y las interpretan con autoridad divina
absoluta. Cuando terminaron sus escritos, nada más hay que añadir con la misma
autoridad divina absoluta. Así que una vez que los escritos de los apóstoles
del Nuevo Testamento y sus compañeros autorizados quedaron completos, tenemos
en forma escrita el registro final de todo lo que Dios quiere que sepamos en
cuanto a la vida, muerte y resurrección de Cristo, y su significado para la
vida de los creyentes de todos los tiempos. Puesto que ésta es la más grande
revelación de Dios para la humanidad, no se debe esperar más una vez que esto quedó
completo. De esta manera, entonces. Hebreos 1:1-2 nos muestra por qué no se
deben añadir más escritos a la Biblia después de los tiempos del Nuevo
Testamento. El canon ya está cerrado.
Una consideración
de tipo similar se puede derivar de Apocalipsis 22:18-19:
A todo el que escuche las palabras del mensaje profctico de este
libro le advierto esto: Si alguno le añade algo. Dios le añadirá a él las
plagas descritas en este libro. Y si alguno quila palabras de este libro de profecía.
Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la dudad santa, descritos en
este libro.
La
referencia primaria de estos versículos es claramente al mismo libro de Apocalipsis,
porque Juan se refiere a su escrito como «palabras de este libro de profecía»
en el versículo 7 y 10 de este capitulo (y al libro entero se le llama profecía
en Ap 1:3). Es más, la referencia al «árbol de la vida y ... la ciudad santa,
descritos en este libro» indica que se refiere al mismo libro de Apocalipsis.
No es accidente, sin embargo, que esta afirmación venga al final
del último capítulo de Apocalipsis, y que Apocalipsis sea el último libro en
el Nuevo Testamento. De hecho, Apocalipsis tuvo que ser colocado en último lugar
en el canon. El orden en que muchos libros se colocaron en el canon es de poca consecuencia.
Pero asi como Génesis se debe colocar primero (porque nos habla de la
creación), asi Apocalipsis se debe colocar último (porque su enfoque es decimos
el futuro y de la nueva creación divina). Los eventos descritos en Apocalipsis
son históricamente subsiguientes a los eventos descritos en el resto del Nuevo
Testamento y exige que Apocalipsis se coloque donde está. De este modo, no es
inapropiado que entendamos esta excepcionalmente fuerte advertencia al final de
Apocalipsis como aplicándose de una manera secundaria a todas las Escrituras.
Colocada alli, donde debe estar colocada, la advertencia forma una conclusión apropiada
a todo el canon de las Escrituras. Junto con Hebreos 1:1 -2 y la perspectiva de
la historia de la redención implícita en estos versiculos. esta aplicación más
amplia de
Apocalipsis 22:18-19 también nos sugiere que no debemos esperar
más Escrituras que se añadan más allá de las que ya tenemos.
¿Cómo sabemos, entonces, que tenemos los libros que debemos
tener en el canon de las Escrituras? La pregunta se puede contestar de dos maneras
diferentes. Primero, si preguntamos en qué debemos basar nuestra confianza, la respuesta
en última instancia debe ser que nuestra confianza se basa en la fidelidad de
Dios. Sabemos que Dios ama a su pueblo, y es de suprema importancia que el pueblo
de Dios tenga las propias palabras de Dios, porque son nuestra vida (Dt 32:47;
Mt 4:4). Son más preciosas, y más importantes para nosotros que todo lo demás
del mundo. También sabemos que Dios nuestro Padre tiene las riendas de la historia,
y no es la clase de Padre que nos hará trampas o no nos será fiel, o que nos privará
de algo que absolutamente necesitamos.
La severidad de los castigos que menciona Apocalipsis 22:18-19
que les vendrán a los que añadan o quiten de las palabras de Dios también
confirma la importancia de que el pueblo de Dios tenga un canon correcto. No
puede haber castigos más grandes que éstos, porque son castigos de castigo
eterno. Esto muestra que Dios mismo asigna valor supremo a que tengamos una
colección correcta de los escritos inspirados por Dios, ni más ni menos. A la
luz de este hecho, ¿podría ser correcto que creamos que Dios nuestro Padre,
que controla toda la historia, permitiría que toda su iglesia esté por casi 2000
años privada de algo que él mismo valora tan altamente y que es tan necesario
para nuestras vidas espirituales?'
La preservación y compilación correcta del canon de las
Escrituras en última instancia deben verla los creyentes, entonces, no como parte
de la historia de la iglesia subsecuente a los grandes actos centrales de Dios
de la redención de su pueblo. sino como una pane integral de la historia de la
redención misma. Así como Dios obró en la creación, en el llamado del pueblo de
Israel, en la vida, muerte y resurrección de Cristo, y en la obra inicial y
escritos de los apóstoles. Dios obró en la preservación y compilación de los libros
de las Escrituras para beneficio de su pueblo por toda la edad de la iglesia.
En definitiva, entonces, basamos nuestra confianza en la corrección de nuestro
canon presente en la fidelidad de Dios.
La pregunta de cómo sabemos que tenemos los libros que debemos
tener puede, en segundo lugar, contestarse de una manera algo diferente.
Podemos querer enfocamos en el proceso por el cual nos hemos persuadido de que
los libros que tenemos ahora en el canon son los precisos. En este proceso dos
factores intervienen: la actividad del Espíritu Santo que nos convence al leer
las Escrituras por nosotros mismos, y la información histórica que tenemos
disponible para nuestra consideración.
Al leer la Biblia, el Espíritu Santo obra para convencemos de
que los libros que tenemos en las Escrituras son todos de Dios y que son
palabras suvas para
**£«0. por supuesto. no es afirmar la noción imposible de que Dio»
providencialmente preserva toda palabra en toda copia de todo texto, sn que
importe lo descuidado que sea el copista, o que él debe proveerle milagrosamente
a todo creyente una Biblia instantáneamente No obstante, esta consideración del
cuidado fiel de Dios a sus hijo* debe por cieno hacemos ser agradecidos de que
en la providencia de Días no hay una vanante textual significativamente atestiguada
que cambaría algún punto de doctrina o ética cristiana, y que asi de fiel se ha
trasmitido y preservado el texto Sm embargo, debemos decir claramente que hay
una cantidad de palabras Aferentes en diferentes manuscritos antiguos de U
Bibha que se han preservado hasta hoy A estas se les llama «vanantes textuales»
La cuesoún de las vanantes textuales dentro de los manuscritos que sobreviven
de los libros que pertenecen al canon se trota en el capitulo 5. pp 96-97 nosotros. Ha sido el testimonio de los cristianos por todas las
edades que al leer los libros de la Biblia, las palabras de las Escrituras les
hablan al corazón como ningún otro libro. Día tras día, año tras año. los
creyentes hallan que las palabras de la Biblia son en verdad palabras de Dios
que les hablan con una autoridad, poder y persuasión que ningún otro escrito
posee. Verdaderamente la Palabra de Dios es «viva y poderosa, y más cortante
que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del
espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las
intenciones del corazón» ( Heb 4:12).
Sin embargo el proceso por el cual nos persuadimos de que el
canon presente es correcto también recibe ayuda de la información histórica.
Por supuesto, si la compilación del canon fue una parte de los actos centrales
de Dios en la historia de la redención (como indicamos arriba), los cristianos
de hoy no deben tener el atrevimiento de añadir o sustraer de los libros del
canon. El proceso quedó completo hace mucho tiempo. No obstante, una
investigación cabal de las circunstancias históricas que rodearon la
compilación del canon es útil para confirmar nuestra convicción de que las
decisiones tomadas por la iglesia primitiva fueron decisiones correctas. Algo
de esta información histórica ya se ha mencionado en las páginas precedentes.
Otra información, más detallada, está disponible para los que desean emprender
investigaciones más especializadas.
Sin embargo se debe mencionar otro hecho histórico adicional.
Hoy no existe ningún candidato fuerte para añadirse al canon ni ninguna
objeción fuerte contra algún libro que ya está en el canon. De los escritos que
algunos de la iglesia primitiva quisieron incluir en el canon, es seguro decir
que ninguno de los evangélicos del día presente lo querrían incluir. Algunos de
los escritores más tempranos se distinguieron muy claramente de los apóstoles,
y sus escritos de los escritos de los apóstoles. Ignacio, por ejemplo,
alrededor del 110 d.C.. dijo: «No les ordeno como les ordenó Pedro y Pablo; ellosfueron apóstoles y yo soy
un convicto; ellos eran Ubres, y yo hasta ahora soy esclavo» (Ignacio, A los romanos 4.3; compare
la actitud hada los apóstoles en 1 Clemente 42.1, 2; 44:1-2 [95 d.C.]; Ignacio,
A los magnesianos 7:1; 13:1-2; et al.).
Incluso los escritos que por un tiempo algunos pensaban que
meredan que se los incluyera en el canon contienen enseñanza doctrinal
contradictoria al resto de las Escrituras. «El Pastor» de Hermas, por ejemplo,
enseña «la necesidad de la penitencia» y «la posibilidad de perdón de pecados
por lo menos una vez después del bautismo.... El autor parece identificar al Espíritu
Santo con el Hijo de Dios antes de la encamadón, y sostener que la Trinidad surgió
sólo después de que la humanidad de Cristo había sido llevada al délo» (Oxford Dictionary of the Christian Church, p. 641).
30Una encuesta útil y reciente en este campo es David Dunbar. «The Biblical Canon», en Hermeneutics,
Autho- ntyanJ Canon, ed. D. A Carson y John Woodbndge Zondervan. Grand Rapids.
1986). pp. 295*360. Además, tres
libros recientes son de tan excelente calidad que definirán el debate sobre el
canon por muchos años en el futuro: Roger Beckwith. The OU Testament
Canon of the Sew Testament Church and ¡ts BaikgrouJ in Eariy JuJaism Londres SPCK. 1985. y Eerdmans. Grand
Rapids. 1986); Bruce Metzger. The Canon of the
Sew Testament: ¡ts Ongui. Develop- ment, anJ Stgnificance < Clarendons. Oxford: Oxford líniversíty
Press. Nueva York, 1987); y F F. Bruce. The Canon of Scnpture (lnterVarsity Press. Downers Grove. 111.. 1988).
El Evangelio de Tomás, que
algunos por un nempo sostuvieron que pertenecía al canon, termina con la
siguiente afirmación absurda (par. 114):
Simón
Pedro les dijo: «Dejen que María se vaya de nosotros, porque las mujeres no
merecen vivir». Jesús dijo: «He aquí, yo la guiaré, para poder hacerla varón,
para que ella también pueda llegar a ser un espintu viviente, parecido a
ustedes varones. Porque toda mujer que se hace a si misma varón entrará en el
reino de los cielos».'
Todos los otros documentos existentes que en la iglesia
primitiva tuvieron alguna posibilidad de que se los incluyera en el canon son
similares a éstos en que bien contienen renuncias explícitas de status canónico
o incluyen alguna aberración doctrinal que claramente los hace indignos de que
se los incluya en la Biblia.
Por otro lado, no hay ninguna objeción fuerte contra ningún
libro que al presente consta en el canon. En el caso de varios libros del
Nuevo Testamento que se demoraron en obtener la aprobación de la iglesia entera
(libros tales como 2 Pedro
o 2 y 3 Juan), mucha de la
vacilación inicial en cuanto a incluirlos se puede atribuir al hecho de que al
principio no circularon ampliamente, y que el conocimiento total del contenido
de todos los escritos del Nuevo Testamento se esparció por la iglesia más bien
lentamente. (La vacilación de Martin Lutero en cuanto a Santiago es muy
entendible en vista de la controversia doctnnal en que estaba involucrado, pero
tal vadladón no fue ciertamente necesaria. Lo que parece ser conflicto doctrinal
con la enseñanza de Pablo se resuelve fácilmente una vez que se reconoce que
Santiago está usando tres términos clave, justificación, fe y obras en sentidos diferentes
a los que Pablo los usa ).”
Hay. por consiguiente, confirmación histórica de la corrección
del canon presente. Sin embargo se debe recordar en conexión con cualquier
investigación histórica que el propósito de la iglesia primitiva no era otorgar
autoridad divina o incluso autoridad eclesiástica a escritos meramente humanos,
sino más bien
reconocer la característica de autoría divina de escritos que ya
tenian tal calidad. Esto se debe a que el criterio supremo de la canomcidad es
la autoría divina, no la aprobación humana o eclesiástica.
En este punto alguien pudiera hacer una pregunta hipotética en
cuanto a qué haríamos si se descubriera, por ejemplo, alguna epístola de Pablo.
¿Se añadiría a las Esenturas? Esta es una pregunta difícil, porque intervienen
dos consideraciones conflictivas. Por un lado, si una gran mayoría de los
creyentes se convencieran de que en verdad fue una epístola paulina auténtica,
escrita por Pablo en el curso de su oficio apostólico, la naturaleza de la
autoridad apostólica de Pablo garantizaría que el escrito es palabra de Dios
tanto como las de Pablo), y que su enseñanza es congruente con el resto de las
Escrituras. Pero el hecho de que no fue preservada como parte del canon
indicaría que no estuvo entre los escritos que los apóstoles querían que la
iglesia preservara como pane de las Escrituras. Es más. se debe decir de
inmediato que tal pregunta hipotética es simplemente eso: hipotética. Es excepcionalmente
difícil imaginar qué clase de información histórica se podría descubrir que
pudiera demostrar convincentemente a la iglesia como un todo que una carta
perdida por más de 1900 años fue de la autoría genuina de Pablo, y todavía más
difícil entender cómo nuestro Dios soberano pudo haber cuidado fielmente a su
pueblo por más de 1900 años y con todo permitir que estuvieran privados continuamente
de algo que él propuso que tuvieran como parte de su revelación final de si
mismo en Jesucristo. Estas consideraciones hacen altamente improbable que un
manuscrito asi se descubra en algún momento en el futuro, y que una pregunta hipotética
como esa en realidad no merece ninguna otra consideración seria.
En conclusión, ¿hay algún libro en nuestro canon actual que no debería
estar allí? No. Podemos apoyar nuestra confianza respecto a este hecho en la
fidelidad de Dios nuestro Padre, que no guiaría a todo su pueblo por casi 2000
años a tener como palabra suya algo que no lo es. Y hallamos nuestra confianza
repetidamente confirmada tanto por la investigación histórica y por la obra del
Espíritu Santo al capacitamos para oír la voz de Dios de una manera única al
leer de cada uno de los sesenta y seis libros en el canon presente de las
Escrituras.
Pero, ¿hay algún libro que falta, libro que se debería haber
incluido en las Escrituras pero que no se lo incluyó? La respuesta debe ser
no. En toda la literatura conocida no hay ningún candidato que siquiera se
acerque a las Escrituras cuando se da consideración a su congruencia doctrinal con
el resto de las Escrituras y al tipo de autoridad que afirma tener (tanto como
la manera en que esas afirmaciones de autoridad han sido recibidas por otros
creyentes). De nuevo, la fidelidad de Dios a su pueblo nos convence de que nada
falta en las Escrituras que Dios piense que necesitamos saber para obedecerle
y confiar en él plenamente. El canon de las Escrituras hoy es exactamente lo
que Dios quería que fúera, y se quedará de esa manera hasta que Cristo vuelva.
1. ¿Por qué es importante para su vida cristiana saber cuáles
escritos son palabras de Dios y cuáles no lo son? ¿Cómo seria diferente su
relación con Dios
si tuviera que buscar sus palabras
esparcidas entre todos los escritos de los cristianos a través de toda la
historia de la iglesia? ¿Cómo sería diferente su vida cristiana si las palabras
de Dios estuvieran contenidas no sólo en la Biblia, sino también en las
declaraciones oficiales de la iglesia a través de la historia?
2. ¿Ha tenido usted alguna duda o preguntas en cuanto a la
canonicidad de algún libro de la Biblia? ¿Qué motivó esas preguntas? ¿Qué debe
hacer uno para resolverlas?
3. Mormones, Testigos de Jehová y miembros de otras sectas han
aducido revelaciones de Dios en el día presente que ellos consideran iguales a
la Biblia en autoridad. ¿Qué razones puede dar usted para indicar la falsedad de
esas afirmaciones? En la práctica, ¿tratan esas personas a la Biblia como con
igual autoridad igual a la de esas otras «revelaciones»?
4. Si usted nunca ha leído alguna parte de los apócrifos del
Antiguo Testamento, tal vez quiera leer algunas secciones. “ ¿Piensa usted que
puede confiar en esos escritos de la misma manera en que confia en la Biblia?
Compare los efectos de estos escritos sobre usted y el efecto de la Biblia
sobre usted. Tal vez usted quiera hacer una comparación similar con algunos
escritos de una colección de libros llamados los apócrifos del Nuevo
Testamento,' o tal vez del Libro
deMormón o el Corán. ¿Es el efecto
espiritual de estos escritos sobre su vida positivo o negativo? ¿Cómo se
compara eso con el efecto espiritual que la Biblia ejerce sobre su vida?
canónico
historia de la redención inspirado por
Dios pacto
(Para una explicación de esta bibliografía vea la nota sobre la
bibliografía en el capítulo
1, p. 40. Datos bibliográficos completos se pueden encontrar en las
páginas 1298-1307.)
En la sección de
«Otras obras» de la bibliografía de este capítulo he incluido algunas obras
escritas desde la perspectiva no evangélica debido a su importancia para
investigar la información histórica relevante a la cuestión del canon.
J4Una buena traducción reciente es The Oxford Annotated Apocrypha (RSV). ed. Bruce M. Metzger (Nueva York: Oxford Universiiy
Press. 1965, Hay también una colección de escritos no bíblicos del tiempo del Nuevo
Testamento llamada -New Testament apocrypha- vea nota siguiente i. pero esta es
mucho menos leída comúnmente. Cuando se habla de -los apócrifos» sin ninguna
otra especificación, se refieren sólo a los apócrifos del Antiguo Testamento.
,5E. Hennecke. New Testament
Apocrypha. ed. W Schneemetcher. trad. al inglés ed. R. McL Wilson (2 vols: SCM Press. 1965). También se debe notar
que otra literatura mis ortodoxa de la iglesia primitiva se puede hallar
convenientemente en una colección de esentos a la que se refiere como «Padres
apostólicos* Una buena traducción al inglés se halla en Kirsopp Lake. trad . The Apostohc
Fathm. Loeb Classica) Ubrary (2 vols.: Cambridge. Mass.: Harvard Utuversity
Press. 1912.1913), pero hay disponibles otras traducciones útiles.
|
Secciones enTeologías Sistemáticas
Evangélicas 1. Anglicana (episcopal)
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Secciones en Teologias Sistemáticas Católicas Romanas
Representativas
1. Católica Romana: Tradicional
1955 Ott (ningún tratamiento explícito)
2. Católica Romana: Post-Vaticano II
1980 McBrien, 1:50-62, 201-43; 2:817-42
Otras obras
Beckwith, R. T.
«Canon of the Oíd Testament». En IBD 1:235-38.
Beckwith. Roger. The Oíd Testament
Canon of the New Testament Church and ¡ts Background in EarlyJudaism. Eerdmans. Grand
Rapids, 1985.
Birdsall.J. N. «Apocrypha». En IBD 1:75-77.
__ .
«Canon of the New Testament». En IBD 1:240-45.
Bruce. F. F. The Canon afSaipture. InterVarsity Press. Downers Grove. Ul.
1988. Carson, D. A., and John D. Woodbridge, eds Hermeneutics, Authonty, and Canon.
: Zondervan. Grand Rapids. 1986.
Dunbar, David G. «The Biblical Canon». En Hermeneutics, Authority. and Canon. Ed. by D. A. Carson and John Woodbndge.
Zonderv an. Grand Rapids. 1986.
Green, William Henry. General Introduction to the Oíd
Testament: The Canon.
Scribners, Nueva York, 1898.
Harris, R. Laird.
«Chronides and the Canon in New Testament Times». JETS. Vol. 33, no. 1 (March 1990): 75-84.
_______ . Inspiration and
Canonicity of the Bible: An Historical and Exegetical Study.
Zondervan, Grand Rapids, 1989.
Kline, Meredith G. The Structure of
Biblical Authority. Eerdmans, Grand Rapids,
1972.
Leiman, S. Z. The Canonization
ofHebrew Scripture: The Talmudic and Midrashic Evidence. Hamden, Conn. Archon,
1916.
McRay.J. R. «Bible, Canon of». In EDT pp. 140-41.
Metzger, Bruce
M. The Canon of the New Testament: ¡ts Origin, Development, and Significance. Oxford: Clarendon; and Nueva York: Oxford
University Press, 1987.
Packer, J. 1. «Scripture». NDT 627-31.
Ridderbos, Hermán N. Redemptive History and
the New Testament Scriptures. For- merly, The Authority of the
New Testament Scriptures. 2a rev. ed. Trad. por H.
D. Jongste. Rev. por Richard B. Gaffin,Jr.
Presbyterian and Reformed, Phi- llipsburg, N.J. 1988.
Westcott, Brooke Foss. The Bible in the Church:
A Popular Account of the Collection and Reception of the Holy Scriptures in the
Christian Churches. Primera
ed. con alteraciones. SCM, Macmillan, Londres, 1901.
Zahn, Theodor. Geschichte
des Neutestametitlichen Kanons. 2 vols. Deichert,
Erlan- gen, 1888-90. Reimpresión ed., Olms, Hildesheim and Nueva York, 1975.
Hebreos 1:1-2: Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros
antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos dias finales
nos ha hablado por medio de su Hijo. A éste lo designó heredero de todo, y por
medio de él hizo el universo.
«Oh Verbo encamado»
Oh Verbo
encamado, oh celestial Verdad,
Sabiduría eterna, luz en la oscuridad.
Te loamos por ru Libro que luz eterna da; cual lámpara divina su
luz siempre guiará.
Oh Cristo, a tu iglesia legaste este
don,
Que cual brillante faro provee
dirección.
Es tu palabra caja de joyas sin igual; pintura que retrata tu
imagen celestial.
Delante de tu pueblo cual estandarte va;
Al mundo envuelto en tinieblas sus rayos
puros da;
Es brújula, y carta
que en tormentosa mar. por todos los peligros a Cristo saben guiar.
Haz que tu iglesia sea lumbrera, oh Señor,
que brilla en las naciones con santo resplandor.
Enseña al peregrino a guiarse por tu luz.
Seguro, hasta vene en gloria, oh Jesús.
WlLLiAM W
HOW. 867. EST #1.3. TRAD C P SIMMONS. s 2.4 E. 5YWULKA B. TRAD
ESTR. s 1.3 € CÁNTICOS ESCOGIDOS. TRAD ESTR 2.4 < 1992 CELEBREMOS LIBROS
ALIANZA TOMADO DE CELEBREMOS SU GLORIA. # 284
[1]Una encuesta detallada de los diferentes puntos de vista de los
cristianos respecto a la Apócrifa se halla en F. F. Bruce. The Canon of Scnpture (InterVarsirv
Press. Downers Grove. III.19881. pp 68-97 Un estudio incluso más detallado se
halla en Roger Beckwith. The Oíd
Testament Canon of the New Testament diurcfe andlts Baeltground m Earíy JuJaism (SPCK. Londres. 1985.
y Eerdmans. Grand Rapids. 19861, esp pp 558-433. El libro de Beckwith ya se ha establecido como
la obra definitiva sobre el canon del Antiguo Testamento. A la conclusión de su
estudio Beck- with dice: »La inclusión de vanas apóenfa y pseudepigrafa en el
canon de los primeros cristianos no se hizo de una
[2] 'Esto no se refiere al libro apócrifo llamado Sabiduría de
Salomón, sino que es simplemente una descripción mis completa de Proverbios.
Eusebio anota en 4 22.9 que los escriture» antiguos comúnmente llamaban Sabiduría
a Proverbias.
'•Esdras incluía
a Esdras y Nehemías. según la manen hebrea común de referirse a libros
combinados.
O Por alguna razón
había duda en cuanto a la canonicidad de este en algunas partes de la iglesia
primitiva (en el Oriente pero no en Ocodente >. pero a U larga las dudas
quedaron resueltas, y el uso cnsuano a la larga se hizo uniforme con el
concepto judiu, que siempre había cornado a Ester como parte del canon, aunque
algunas rabinos se habían opuesto por sus propias razones DEA la cxpbcación
del concepto ;udio en Beckwith. Ctmm. pp. ZM297<
,4Eu»ebio. EoiotttKKulHutcry 6 1S-2- Orígenes muño alrededor del
254 d o Orígenes menciona todas los libros del canon presente del
Aratguo Testamento excepto los doce profetas menores (que se contarían cono un loto
bbro. pero esto deja su lista de -vrtnixic» libros- incompleta en veintiuno, asi
que evidentemente la «-ira de Eusebio rs incompleta, por lo menos en ü iorma
que la tenemos boy
Eusebio man» en
oens partes repite la afirmación del htvurmior tod» Josefo de que las Escritures
contenían veintidós Ubim. pero nada desde cempo de Attajerjcs i 10 l-í). y esto
excluiría toda la apócrifa
21 Alguien podría objetar que Pablo podría estar citando una
tradición oral de las palabras de Jesús antes que del Evangelio de Lucas, pero
es dudoso que Pablo llamara «Escrituras» a cualquier tradición oral, puesto que
la palabra (gr.grafí. «escritos») en el uso del Nuevo Testamento siempre se aplica a
textos escritos, y dada la íntima asociación de Pablo con Lucas hace muy
posible que esruviera citando el Evangelio escrito por Lucas.
22Lucas mismo no fue apóstol, pero aquí se le concede a su
Evangelio autoridad igual a la de los escritos apostólicos. Evidentemente esto
se debió a su intima asociación con los apóstoles, especialmente Pablo, y el
endoso de su Evangelio de pane de un apóstol.
23Para uns defensa de la noción tradicional de autoría de los
escritos Nuevo Testamento, vea Donald Guthrie, New Testament Introducton
(InterVarsity Press, Downers Grove. III., 1970).
24A Santiago se lo considera como apóstol en lCo 15:7 y Gá 1:19.
El también cumple funciones apropiadas de un apóstol en Hch 12:17; 15:13;
21:18; Gá 2:9. 12; vea p. 908 más abajo.

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