Capítulo 4
Las
cuatro características de las Escrituras: (1) Autoridad
¿Cómo sabemos que la Biblia es la Palabra
de Dios?
En el capitulo previo nuestro objetivo fue determinar cuáles
escritos pertenecen a la Biblia y cuáles no. Pero una vez que hemos
determinado qué es la Biblia, nuestro siguiente paso es preguntar cómo es ella.
¿Qué nos enseña toda la Biblia respecto a si misma?
Las principales enseñanzas de la Biblia en cuanto a si misma se
pueden clasificar en cuatro características (a veces llamadas atributos): (1) la
autoridad de las Escrituras, (2) la claridad de las Escrituras, (3) la
necesidad de las Escrituras y (4) la suficiencia de las Escrituras.
Con respecto a la primera característica, la mayoría de los
cristianos estaría de acuerdo en que la Biblia es nuestra autoridad en algún
sentido. Pero ¿en qué sentido afirma la Biblia ser nuestra autoridad? Y ¿cómo
nos persuadimos de que las afirmaciones de la Biblia en cuanto a ser la
Palabra de Dios son verdad? Estas son las preguntas que se consideran en este
capitulo.
La autoridad de las Escrituras quiere decir que todas las
palabras de la Biblia son palabras de Dios de tal manera que no creer o
desobedecer alguna palabra de las Escrituras es no creer o desobedecer a Dios.
Esta definición se puede ahora examinar en sus varias partes.
A.
Todas las
palabras de las Escrituras son palabras de Dios
1.
Esto es lo que la
Biblia afirma en cuanto a sí misma. Hay frecuentes afirmaciones en la Biblia
de que todas las palabras de las Escrituras son palabras de Dios (como también
que fueron escritas por hombres).' En el Antiguo Testamento esto se ve
frecuentemente en la frase introductoria: «Asi dice el Señor», que aparece cientos
de veces. En el mundo del Antiguo Testamento esta frase se habría reconocido
como idéntica en forma a la frase «Así dice el rey...», que se usaba como prefacio
en los edictos de un rey a sus súbditos, edicto que no se podía cuestionar o poner
en tela de duda sino que simplemente había que obedecer.' Asi que cuando los
profetas dicen: «Así dice el Señor», están afirmando ser mensajeros del Rey soberano
de Israel, es dedr. Dios mismo, y están afirmando que sus palabras son absolutamente
palabras autoritativas de Dios. Cuando el profeta hablaba en el nombre de Dios
de esta manera, toda palabra que decía tenia que ser de Dios, o seria un falso
profeta (cf. Nm 22:38; Dt 18:18-20; Jer 1:9: 14:14; 23:16-22; 29:31-32; Ez 2:7;
13:1-16).
Es más, se dice que Dios a menudo hablaba -a través» del profeta
(1 R 14:18; 16:12,34; 2 R9:36; 14:25; Jer 37:2; Zac 7:7,12). Por tanto, lo que
el profeta dedaen el nombre de Dios. Dios lo deda (1 R 13:26 con v. 21; I R
21:19 con 2 R 9:25-26; Hag 1:12; cf. 1 S 15:3.18). En estas y otras insta no as
en el Antiguo Testamento, a las palabras que los profetas dijeron uno puede
igualmente referirse como palabras que Dios mismo dijo. Asi que no creer o
desobedecer algo que el profeta deda era no creer o desobedecer a Dios mismo
(Dt 18:19; 1 S 10:8; 13:13-14; 15:3, 19, 23;
1 R 20:35,36).
Estos versiculos, por supuesto, no aducen que todas las palabras del
Antiguo Tes lamento son palabras de Dios, porque estos versículos mismos se
refieren sólo a sec- dones especificas de palabras dichas o escritas en el
Antiguo Testamento. Pero la fuerza acumulativa de estos pasajes, induvendo los
dentos de pasajes que empiezan con «Así dice el Señor», es demostrar que dentro
del Antiguo Testamento tenemos registros escritos de palabras que se dicen ser
las propias palabras de Dios. Estas palabras al ser escritas constituyen
grandes secdones del Antiguo Testamento.
En el Nuevo Testamento varios pasajes indican que se pensaba que
todos los escritos del Antiguo Testamento eran palabras de Dios. 2 Timoteo 3:16
dice: «Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para
reprender, para corregir y para instruir en la justida»[1]
Aquí «Escritura» (graje) se debe referir a las palabras escritas del Antiguo Testamento,
porque eso es a lo que la palabra graje se refiere en
cada una de sus cincuenta y una ocasiones en que aparece en el Nuevo
Testamento/ Es más, las «Sagradas Escrituras» del Antiguo Testamento es a lo
que Pablo' acaba de referirse en el versículo 15.
Pablo afirma aquí que todos los escritos del Antiguo Testamento
son teopneus- tós, «inspirados por Dios». Puesto que son escritos de los que se
dice que son «inspirados», esta inspiración se debe entender como una metáfora
de pronunciar las palabras de las Escrituras. Este versículo, pues, indica en
forma breve lo que es evidente en muchos pasajes del Antiguo Testamento: se
consideran los escritos del Antiguo Testamento como palabras de Dios en forma
escrita. Para toda palabra del Antiguo Testamento, Dios es el que la habló (y todavía
habla), aunque Dios usó agentes humanos para escribir estas palabras.
Una indicación similar del carácter de todos los escritos del
Antiguo Testamento como palabras de Dios se halla en 2 Pedro 1:21. Hablando de
las profecías de las Escrituras (v. 20), lo que quiere decir por lo menos las
Escrituras del Antiguo Testamento a las cuales Pedro anima a sus lectores a
prestar atención cuidadosa (v. 19), Pedro dice que ninguna de estas profecías
jamás «ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas
hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo». No es la
intención de Pedro negar completamente la voluntad o personalidad humanas en el
hecho de escribir las Escrituras (dice que los hombres «hablaron»), sino más
bien decir que la fuente suprema de toda profecía nunca fue decisión del hombre
respecto a lo que quería escribir, sino más la acción del Espíritu Santo en la
vida del profeta, puesta en práctica de maneras no especificadas aquí (o, para
el caso, en ninguna parte de la Biblia). Esto indica una creencia de que todas
las profecías del Antiguo Testamento (y, a la luz de los vv. 19-20, esto
probablemente incluye todas las Escrituras del Antiguo Testamento) son dichas
«por Dios»; es decir, son las palabras de Dios mismo.
Muchos otros pasajes del Nuevo Testamento hablan de manera
similar en cuanto a secciones del Antiguo Testamento. En Mateo 1:22 se citan
las palabras de Isaías 7:14 como: «lo que el Señor había dicho por medio del profeta». En Mateo 4:4 Jesús le dice al diablo:
«‘‘No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”». En el contexto de las repetidas citas de Deuteronomio que Jesús
utiliza para responder a toda tentación, las palabras que proceden «de la boca
de Dios» son las Escrituras del Antiguo Testamento.
En Mateo 19:5 Jesús cita las palabras del autor de Génesis 2:24.
no atribuidas a Dios en el relato de Génesis, como palabras que Dios «dijo». En
Marcos 7:9-13 al mismo pasaje del Antiguo Testamento se le puede llamar
intercambiablemente «el mandamiento de Dios», o lo que «Moisés dijo», o «la palabra
de Dios». En Hechos 1:16 se dice que las palabras de los salmos 69 y 109 son palabras
que «por boca de David, había predicho
el Espíritu Santo». Así que se dice
que las palabras de las Escrituras son palabras del Espíritu Santo. En Hechos 2:16-17,
al citar «lo que anunció el profeta Joel» dejoel 2:28-32, Pedro inserta «dice Dios»,
atribuyendo de este modo a Dios las palabras escritas por Joel, y afirmando que
Dios está diciéndo- las al presente.
Se podría citar muchos otros pasajes (vea Le 1:70; 24:25; Jn 5:45-47;
Hch 3:18, 21; 4:25; 13:47; 28:25; Ro 1:2; 3:2; 9:17; 1 Co 9:8-10; Heb 1:1-2,
6-7), pero el patrón de atribuir a Dios las palabras de las Escrituras del
Antiguo Testamento debe ser muy claro. Es más, en varios lugares se dice que todas las palabras de
los profetas o las palabras de las Escrituras del Antiguo Testamento son para
que las creamos o que proceden de Dios (vea Le 24:25, 27, 44; Hch 3:18; 24:14;
Ro 15:4).
Pero si Pablo quería decir sólo los escritos del Antiguo
Testamento cuando se refirió a «Escrituras» en 2 Timoteo 3:16, ¿cómo se puede
aplicar eso a los escritos del Nuevo Testamento por igual? ¿Dice ese pasaje
algo en cuanto al carácter de los escritos del Nuevo Testamento? Para responder
esa pregunta debemos damos cuenta de que la palabra griega grafé («Escrituras»)
era un término técnico para los escritos del Nuevo Testamento y tenia un
significado muy especializado. Aunque se usa cincuenta y una veces en el Nuevo
Testamento, cada una de esas instancias se refiere a escritos del Antiguo
Testamento, no a ninguna otra palabra o escritos fuera del canon de las
Escrituras. Por tanto, todo lo que pertenecía a la categoría de «Escrituras»
tenía el carácter de ser «inspirado por Dios»; sus palabras eran palabras de
Dios mismo.
Pero en dos lugares del Nuevo Testamento vemos también que se
llama «Escrituras» al Nuevo Testamento a la par de los escritos del Antiguo
Testamento. Como notamos en el capítulo 3, en 2 Pedro 3:16 Pedro muestra no
sólo tener conocimiento de la existencia de Epístolas escritas por Pablo, sino
también una clara disposición a clasificar «todas sus epístolas [de Pablo]» con
«las otras Escrituras». Esta es una indicación de que muy temprano en la
historia de la iglesia cristiana se consideraban todas las Epístolas de Pablo
como palabras de Dios escritas en el mismo sentido que se consideraban los
textos del Antiguo Testamento. En forma similar, en 1 Timoteo 5:18 Pablo cita
las palabras de Jesús según se halla en Lucas 10:7 y las llama «Escrituras».
Estos dos pasajes tomados juntos indican que durante el tiempo
en que se estaban escribiendo los documentos del Nuevo Testamento se tenía
conciencia de que se estaban haciendo adiciones a esta
categoría especial de escritos llamados «Escrituras», que eran escritos que
tenían el carácter de ser palabras de Dios mismo. Así que una vez que
establecemos que un escrito del Nuevo Testamento pertenece a la categoría
especial de «Escrituras», tenemos razón para aplicar también 2 Timoteo 3:16 a
esos escritos, y decir que esos escritos también tienen la característica que
Pablo atribuye a «todas las Escrituras»: es «inspirada por Dios», y todas sus
palabras son palabras de Dios mismo.
¿Hay alguna evidencia adicional de que los escritores del Nuevo
Testamento pensaban que sus propios escritos (no simplemente los del Antiguo
Testamento) eran palabras de Dios? En algunos casos, los hay. En 1 Corintios 14:37
Pablo dice: «Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que esto que les escribo es mandato del Señor». Pablo aquí ha instituido una serie de reglas para el culto en
la iglesia de Corinto y ha afirmado que son «mandatos del Señor», porque la
frase que se traduce «esto que les escribo» contiene un pronombre griego
plural relativo (ja) y se traduce más literalmente: «las cosas que les
escribo son mandatos del Señor».
Una objeción en cuanto a ver las palabras de los escritores del
Nuevo Testamento como palabras de Dios se toma a veces de 1 Corintios 7:12, en
donde Pablo hace distinción
entre sus palabras y las palabras del Señor: «A los demás les digo yo (no es
mandamiento del Señor)...». Sin embargo, una interpretación apropiada de este
pasaje se obtiene de los versiculos 25 y 40. En el versículo 25 Pablo dice que
no tiene mandamiento del Señor respecto a los solteros sino que está dando su
propia opinión. Rsto debe querer indicar que él no tenía conocimiento de nada que Jesús hubiera dicho sobre este tema y probablemente también que no había recibido ninguna
revelación subsecuente de Jesús al respecto. Esto es diferente de la situación
del versículo 10, en donde simplemente podría repetir el contenido de la
enseñanza terrenal de Jesús: «que la mujer no se separe de su esposo». Por
tanto, el versículo 12 debe querer decir que Pablo no tenia ningún registro de ninguna enseñanza terrenal de Jesús sobre el tema del creyente casado con una esposa que no era
creyente. Por consiguiente, Pablo da sus propias instrucciones: «A los demás les digo yo (no es mandamiento del Señor): Si algún hermano tiene una esposa que no es creyente, y ella
consiente en vivir con él, que no se divorcie de ella» (1 Co 7:12).
Es impresionante, por consiguiente, que Pablo puede seguir en
los versículos 12-15 a dar varias normas éticas específicas a los corintios.
¿Qué le dio el derecho de hacer tales mandamientos morales? El dice que habla
«como quien por la misericordia del Señor es digno de confianza» (1 Co 7:25).
Parece implicar aquí que sus opiniones podían colocarse en el mismo nivel
autoritativo de las palabras de Jesús. Por tanto, 1 Corintios 7:12, «a los
demás les digo yo (no es mandamiento del Señor)», es una afirmación
asombrosamente fuerte de la propia autoridad de Pablo; si él no tenía ninguna
palabra de Jesús que se aplicara a alguna situación, usaba las propias, porque
sus propias palabras ¡tenían igual autoridad que las palabras de Jesús!
Indicaciones de una noción similar respecto a los escritos del
Nuevo Testamento se hallan en Juan 14:26 y 16:13, en donde Jesús prometió que
el Espíritu Santo les haría recordar a los discípulos todo lo que él les habia
dicho y les guiaría a toda la verdad. Esto indica una obra especial de
superintendencia del Espíritu Santo por la cual los discípulos podrían recordar
y anotar sin error todo lo que Jesús les había dicho. Indicaciones similares
se hallan también en 2 Pedro 3:2; 1 Corintios 2:13; 1 Te- salonicenses 4:15, y
Apocalipsis 22:18-19.
2. Estamos convencidos de las afirmaciones de la Biblia de que es
la Palabra de Dios al leer la Biblia. Una cosa es afirmar que la Biblia afirma ser la Palabra
de Dios; es otra cosa estar convencido de que esas afirmaciones son ciertas.
Nuestra convicción suprema de que las palabras de la Biblia son Palabra de Dios
viene sólo cuando el Espíritu Santo habla en la Biblia y mediante las palabras de
la Biblia a nuestros corazones y nos da una seguridad interna de que esas son
palabras de nuestro Creador hablándonos. Poco después de que Pablo ha explicado
que su discurso apostólico consiste de palabras enseñadas por el Espíritu
Santo (1 Co 2:13), dice: «El que no tiene el Espíritu no acepta las cosas que
proceden' del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo,
porque hay que discernirlo espintualmente» (1 Co 22:14). Sin la obra del
Espíritu de Dios, una persona no recibirá verdades espirituales y en
particular no recibirá ni aceptará la verdad de que las palabras de las
Escrituras son en realidad palabras de Dios.
Pero en las personas en quienes el Espíritu de Dios está obrando
hay un reconocimiento de que las palabras de la Biblia son palabras de Dios.
Este proceso es estrechamente análogo a aquel por el cual los que creen en
Jesús saben que sus palabras son verdad. Él dijo: «Mis ovejas oyen mi voz; yo
las conozco y ellas me siguen» (Jn 10:27). Los que son ovejas de Cristo oyen
la voz de su gran Pastor al leer las palabras de la Biblia, y se convencen de
que estas palabras son en realidad palabras de su Señor.
Es importante recordar que esta convicción de que las palabras
de la Biblia son palabras de Dios no resulta aparte de las
palabras de la Biblia ni en
adición a las palabras de
la Biblia. No es como si el Espíritu Santo un día susurrara a nuestro oído:
«¿Ves esa Biblia sobre tu escritorio? Quiero que sepas que las palabras de esa
Biblia son palabras de Dios». Es más bien que conforme los individuos leen la
Bibba oyen la voz de su Creador hablándoles en las palabras de la Biblia y se
dan cuenta de que el libro que están leyendo es diferente a cualquier otro, que
es en verdad un libro palabras de Dios que hablan a su corazón.
3. Otra evidencia es útil pero no definitivamente convincente. La
sección previa no tiene el propósito de negar la validez de otra clase de
argumentos que se puedan usar para respaldar la afirmación de que la Biblia es
la Palabra de Dios. Es útil que aprendamos que la Biblia es históricamente
exacta, que es internamente congruente, que contiene profecías que se han
cumplido cientos de años más tarde. que ha influido en el curso de la historia
humana más que cualquier otro libro, que continuamente ha cambiado la vida de
millones de individuos en toda su historia, que por ella las personas hallan
la salvación, que tiene una belleza majestuosa y profundidad de enseñanza que
ningún otro libro iguala, y que afirma cientos de veces que son palabras del
mismo Dios. Todos estos argumentos, y otros, son útiles para nosotros y
eliminan los obstáculos que pudieran interponerse para que creamos la Biblia.
Pero todos estos argumentos, tomados individualmente o en conjunto, no pueden
ser definitivamente convincentes. Como dice la Confesión Wcstminster de fe en 1643-46:
El testimonio de la iglesia puede impulsamos e inducimos a una
estimación más alta y reverente de las Sagradas Escrituras Lo celestial del
asunto, la eficacia de la doctrina, la majestad del estilo, el consentimiento
de todas panes, el alcance del todo (que es. dar toda gloria a Dios), la plena
revelación que hace del único camino de salvación para el hombre, las muchas
otras excelencias incomparables, y la perfección entera consiguiente, son
argumentos por los que en efecto da evidencia de ser la Palabra de Oíos: sin
embargo, nuestra persuasión completa y segundad de la verdad infalible y
consiguiente autoridad divina, brota de la obra interna del
Espíritu Santo que da testimonio a nuestros corazones por la
palabra de Dios y con la palabra de Dios (cap. 1, para. 5).
4.
Las palabras de
la Biblia son autoatestiguadoras. Así que las palabras de la Biblia son
«autoatestiguadoras». No se puede «probar» que son palabras de Dios apelando a
una autoridad más alta. Porque si se apelara a una autoridad más alta (digamos,
precisión histórica o congruencia lógica) para probar que la Biblia es la Palabra
de Dios, la Biblia en sí misma no sería nuestra autoridad más alta o absoluta;
estaría subordinada en autoridad a aquello a lo que apelamos para probar que es
la Palabra de Dios. Si en última instancia apelamos a la razón humana, o a la
lógica,
o a la exactitud histórica, o a la verdad
científica, como la autoridad por la cual se demuestra que la Biblia es la
Palabra de Dios, damos por sentado que aquello a lo que apelamos es una
autoridad más alta que la Palabra de Dios, y más verdadera y más confiable.
5.
Objeción: Esto es
un argumento circular. Alguien podría objetar que decir que la Biblia demuestra
por sí misma que es la Palabra de Dios es usar un argumento circular: creemos
que la Biblia es la Palabra de Dios porque ella misma afirma serlo; y creemos
sus afirmaciones porque es la Palabra de Dios; y creemos que es la Palabra de
Dios porque afirma serlo, y así por el estilo.
Hay que reconocer que este es una especie de argumento circular.
Sin embargo, eso no invalida su uso, porque todos los argumentos a favor de una
autoridad absoluta deben en última instancia apelar a esa autoridad como prueba;
de otra manera su autoridad no sería absoluta ni sería la autoridad más alta. Este
problema no es exclusivo del creyente que afirma la autoridad de la Biblia.
Todos, bien sea implícita o explícitamente, usan algún tipo de argumento
circular al defender su autoridad suprema en cuestiones de fe.
Aunque
estos argumentos circulares no siempre se hacen explícitamente y a veces se
ocultan detrás de prolongados debates, o simplemente se dan por sentado sin
prueba, los argumentos a favor de una autoridad suprema en su forma más básica
hacen una apelación circular semejante a la autoridad en sí misma, como muestran
los siguientes ejemplos:
«Mi razón es mi suprema autoridad
porque me parece razonable que sea así».
«La congruencia lógica es mi autoridad
suprema porque es lógico que lo sea».
«Lo que descubren las experiencias sensoriales humanas son la
autoridad suprema para descubrir lo que es real y lo que no lo es, porque nuestros
sentidos humanos jamás han descubierto ninguna otra cosa; así que la experiencia
sensorial humana me dice que mi principio es verdad».
«Sé que no puede haber una autoridad
suprema porque no sé de ninguna autoridad suprema que lo sea».
En iodos estos argumentos por una norma suprema de verdad, una
autoridad absoluta para lo que se cree, interviene un elemento circular.'
¿Cómo escoge el creyente, o cualquier otra persona, entre las
vanas afirmaciones de autoridad absoluta? Al fin y al cabo la veracidad de la Biblia
se recomienda a si misma como mucho más persuasiva que otros libros religiosos
< tales como el Libro de
Mormón o el Corán), o que
cualquier otra construcción intelectual de la mente humana (tal como la
lógica, la razón humana, la experiencia sensorial, la metodología científica,
etc.). Será más persuasiva porque en la experiencia real de la vida todos los otros
candidatos a autoridad suprema parecen incongruentes o tienen limitaciones que
los descalifican, en tanto que se ve que la Biblia está en pleno acuerdo con
todo lo que sabemos respecto al mundo que nos rodea, nosotros mismos y Dios.
La Biblia seria persuasiva en esta manera: si pensamos como es debido
en cuanto a la naturaleza de la realidad, nuestra percepción de ella y de
nosotros mismos, y nuestra percepción de Dios. El problema es que debido al pecado,
nuestra percepción y análisis de Dios y la creación es defectuosa. El pecado
en última instancia es irracional, y el pecado nos hace pensar incorrectamente en
cuanto a Dios y en cuanto a la creación. Por consiguiente, en un mundo libre de
pecado la Biblia convencería a todos de que es la Palabra de Dios: pero debido
a que el pecado distorsiona la percepción que las personas tienen de la
realidad, no reconocen a la Biblia por lo que es en realidad. Por consiguiente,
se requiere de la obra del Espíritu Santo. que este supere los efectos del
pecado y nos permita persuadimos de que la Biblia en verdad es la Palabra de Dios,
y que lo que afirma respecto a sí misma es verdad.
Asi que en otro sentido, el argumento en cuanto a la Biblia como
Palabra de Dios y como nuestra autoridad suprema no es un argumento circular típico.
El proceso de persuasión tal vez es mejor verlo como una espiral, en la cual el
conocimiento creciente de la Biblia y una creciente comprensión correcta de
Dios y la creación tienden a suplementarse una a otra de una manera armoniosa,
y cada una tiende a confirmar la exactitud de la otra. Esto no es decir que
nuestro conocimiento del mundo que nos rodea es una autoridad más alta que la
Biblia, sino más bien que tal conocimiento, si es un conocimiento correcto,
continúa dando una seguridad cada vez mayor y una convicción más profunda de
que la Biblia es la única verdadera autoridad suprema, y que todas las demás
afirmaciones que compiten por la autoridad suprema son falsas.
6. Esto no
implica que el dictado de Dios haya sido el único medio de comunicación. Toda
la pane previa de este capitulo ha sostenido que todas las palabras de la
Biblia son palabras de Dios. En este punto es necesaria una palabra de precaución.
El hecho de que todas las palabras de la Biblia sean palabras de Dios no debe llevamos
a pensar que Dios dictó a los autores humanos toda las palabras de las
Escrituras.
Cuando
decimos que codas las palabras de la Biblia son palabras de Dios, estamos
hablando del resultado del proceso de hacer que la Biblia llegue a existir. Levantar
la cuestión del dictado es preguntar en cuanto al proceso que condujo a
ese resultado, o a la manera en que Dios actuó a fin de asegurar el resultado
que él se proponía. Hay que recalcar que la Biblia no habla de sólo un tipo de
proceso ni sólo de una manera por la que Dios comunicó a los autores bíblicos
lo que quería que se dijera. Es más. hay indicación de urui ampfid variedad de procesos que Dios
usó para producir el resultado deseado.
Unos
pocos casos esporádicos de dictado se mencionan explícitamente en la Biblia
Cuando el apóstol Juan vio en una visión en la isla de Patmos al Señor resucitado,
Jesús le dijo:«Escribe al ángel de la iglesia de Éfeso» (Ap 2:1); •Escribe al ángel de la
iglesia de Esmima» (Ap 2:8': •Escribe al ángel de la iglesia de Pérgamo» (Ap 2:12). Estos son
ejemplos de dictado puro y directo. El Señor resucitado le dice a Juan que
escriba, y Juan escribe las palabras que oyó de Jesús.
Algo afin
a este proceso se ve probablemente en forma ocasional en los profetas del
Antiguo Testamento. Leemos en Isaías: «Entonces la palabra del Señor vino a
Isaías: «Ve y dile a Ezequías que así dice el Señor. Dios de su antepasado
David: "He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas; voy a darte
quince años más de vida. Y a ti y a esta ciudad los libraré de caer en manos
del rey de Asiría. Yo defenderé esta dudad» (Is 38:4-6). El cuadro que se
nos da en este relato es que Isaias oyó (es difícil decir si fue con su oido
físico o mediante una impresión muy contundente en su mente) las palabras que
Dios quiso que le dijera a Ezequías; e Isaías, actuando como mensajero de
Dios, tomó esas palabras y las dijo tal como se le instruyó.
Pero en muchas
otras secciones de la Biblia tal dictado directo de Dios ciertamente no fue la
manera en que las palabras de la Biblia llegaron a existir. El autor de Hebreos
dice que Dios les habló a nuestros padres por los profetas «muchas veces y de
varias maneras» (Heb 1:1). En el extremo opuesto del espectro del dictado
tenemos, por ejemplo, la investigación histórica ordinaria de Lucas para
escribir su Evangelio. Él dice:
Muchos han intentado hacer un relato de
las cosas que se han cumplido entre nosotros. tal y como nos las transmitieron
los que desde el principio fueron testigos presenciales y servidores de la
palabra. Por lo tanto, yo también, excelentísimo Teófilo, habiendo investigado
todo esto con esmero desde su origen, he decidido escribírtelo ordenadamente...
(Le 1:1-3).
Claramente
esto no es un proceso de dictado. Lucas usó procesos ordinarios de conversar
con testigos oculares y reunir información histórica a fin de poder escribir
un relato preciso de la vida y enseñanzas de Jesús. Hizo su investigación
histórica a cabalidad. escuchando los informes de muchos testigos oculares y
evaluando con todo cuidado la evidencia. El evangelio que escribió martilla lo
que él pensó importante recalcar y refleja su estilo característico al
escribir.
Entre estos dos extremos de dictado puro y sencillo por un lado,
y la investigación histórica ordinaria por el otro, tenemos muchas
indicaciones de varias maneras por las que Dios se comunicó con los autores
humanos de la Biblia. En algunos casos la Biblia nos da indicios de estos
varios procesos: habla de sueños, visiones, de oir la voz de Dios, de estar en
el concilio del Señor; también habla de hombres que estuvieron con Jesús y
observaron su vida y oyeron su enseñanza, hombres cuyo recuerdo de estas
palabras y obras fue hecho acertado por completo por la obra del Espíritu Santo
al recordarles todas estas cosas (Jn 14:26). Sin embargo, en muchos otros casos
simplemente no se nos dice la manera que Dios usó para producir el resultado
de que las palabras de la Biblia fueran sus propias palabras. Evidentemente se
usaron muchos métodos diferentes, pero no es impórtame que descubramos
precisamente cuáles fueron en cada caso.
En casos en que intervino la personalidad humana ordinaria y el
estilo de redacción del autor en forma prominente, como parece ser el caso con
la mayor pane de la Biblia, todo lo que podemos decir es que la providencial
supervisión y dirección de Dios en la vida de cada autor fue tal que sus
personalidades, su trasfondo y educación. su capacidad de evaluar los
acontecimiento del mundo que los rodeaba, su acceso a información histórica, su
juicio respecto a la exactitud de la información, y sus circunstancias
individuales cuando escribieron, fueron exactamente lo que Dios quería que
fueran, de modo que cuando llegaron al momento preciso de poner la pluma sobre
el papel, las palabras fueron plenamente sus palabras pero también plenamente
las palabras que Dios quería que escribieran, palabras que Dios afirmaría que
eran las suyas propias.
B. Por consiguiente, no creer o desobedecer alguna palabra de la
Biblia es no creer o desobedecer a Dios
La sección precedente afirma que todas las palabras de la Biblia
son palabras de Dios. Consecuentemente, no creer o desobedecer alguna palabra
de la Biblia es no creer o desobedecer a Dios mismo. Así, Jesús puede reprender
a sus discípulos por no creer las Escrituras del Antiguo Testamento (Le 24:25).
Los creyentes deben guardar y obedecer las palabras de los discípulos (Jn
15:20: «Si han obedecido mis enseñanzas, también obedecerán las de ustedes»). A
los creyentes se les anima a recordar «el mandamiento que dio nuestro Señor y
Salvador por medio de los apóstoles» (2 P 3:2). Desobedecer lo que Pablo
escribe era acarrearse la disciplina eclesiástica, tal como la excomunión (2 Ts
3:14) y el castigo espiritual (2 Co 13:2-3), incluyendo castigo de Dios (este
es el sentido evidente del verbo pasivo «será reconocido» en 1 Co 14:38). En
contraste. Dios se deleita en todo el que «tiembla» a su palabra (Is 66:2).
En toda la historia de la iglesia, los grandes predicadores han
sido los que han reconocido que no tienen autoridad en si mismos y han visto su
tarca como la de explicar las palabras de la Biblia y aplicarlas claramente a
la vida de sus oyentes. Su predicación ha derivado su poder no de la proclamación
de sus propias experiencias cristianas ni de las experiencias de otros, ni tampoco
de sus propias opiniones, ideas creativas o habilidad retórica, sino de las
palabras poderosas de Dios.' Esencialmente se pararon en el pulpito, señalaron
el texto bíblico, y en efecto le dijeron a la congregación: «Esto es lo que
significa este versículo. ¿Ven ustedes también ese significado aquí? Entonces
deben creerlo y obedecerlo de todo corazón, porque Dios mismo, su Creador y
Señor, ¡se lo está diciendo hoy mismo!» Sólo las palabras escritas de la
Biblia pueden dar esta clase de autoridad a la predicación.
C.
La veracidad de
las Escrituras
1. Dios no puede mentir ni hablar falsedades. La esencia de la
autoridad de la Biblia es que puede obligamos a creerla y a obedecerla y a
hacer que tal creencia y obediencia sean equivalentes a creer y obedecer a Dios
mismo. Debido a que esto es asi, es necesario considerar la veracidad de la
Biblia, puesto que creer todas las palabras de la Biblia implica confianza en
la completa veracidad de las Escrituras en que creemos. Aunque se considerará este
asunto más completamente cuando consideremos la inerrancia de la Biblia (vea
capitulo 5). aquí daremos una breve consideración.
Puesto que los escritores bíblicos repetidamente afirman que las
palabras de la Biblia, aunque humanas, son palabras de Dios, es apropiado
buscar versículos bíblicos que hablen del carácter de las palabras de Dios y aplicarlos al carácter de las palabras de la Biblia.
Específicamente, hay una serie de pasajes bíblicos que hablan de la veracidad
de lo que Dios dice. Tito 1:2 habla de «Dios, que no miente», o (traducido más
literalmente) «el Dios sin mentira». Debido a que Dios es un Dios que no puede decir
«mentira», siempre se puede confiar en sus palabras. Puesto que todas las Escrituras
son dichas por Dios, todas las Escrituras deben ser «sin mentira», tal como
Dios mismo lo es; no puede haber falsedad en las Escrituras.
Hebreos 6:8 menciona dos cosas inmutables (el juramento de Dios
y su promesa) «en las cuales es
imposible que Dios mienta». Aquí el
autor no dice solo que Dios no miente, sino que no es posible que mienta.
Aunque la referencia inmediata es sólo a juramento y promesas, si es imposible
que Dios mienta en estos pronunciamientos, ciertamente es imposible que él
mienta jamás (porque Jesús con rigor reprende a los que dicen la verdad sólo
cuando están bajo juramento: Mt 5:33-37; 23:16-22). De modo similar. David dice
de Dios: «¡Tú eres Dios, y tus promesas
son fieles’» (2 S 7:28).
2. Por consiguiente, todas las palabras de la Biblia son
completamente verdad y sin error en parte alguna. Puesto que las palabras de la
Biblia son palabras de Dios, y puesto que Dios no puede mentir ni decir
falsedades, es correcto concluir que no hay falsedad ni error en parte alguna
de las Escrituras. Hallamos esto afirmado en vanos lugares de la Biblia. «Las palabras del Señor son puras, plata refinada en un homo en el suelo, purificada siete veces»
(Sal 12:6. traducción del autor). Aqui el salmista usa imágenes vivas para
hablar de la pureza no diluida de las palabras de Dios; no hay imperfección en
ellas. También en Proverbios 30:5 leemos; •Toda palabra de Dios es digna de crédito; Dios protege a los que en él buscan refugio». No es que
algunas de las palabras de las Escrituras son verdad, sino que toda palabra es
verdad. De hecho, la palabra de Dios está fija en el cielo por toda la eternidad:
«Tu palabra. Señor, es eterna, y está firme en los cielos- Sal 119:89 .Jesús puede hablar de la naturaleza eterna de sus
propias palabras: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras jamás
pasarán* Mt 24:35). Lo que Dios habla se coloca en marcado contraste con todo
lo que dicen los humanos, porque «Dios no es un simple mortal para mentir y
cambiar de parecer» < Nm 23:19). Estos versículos afirman explícitamente lo
que estaba implícito en el requisito de que creamos todas las palabras de la
Biblia, es decir, que no hay falsedad en ninguna de las afirmaciones de la
Biblia.
3.
Las palabras de
Dios son la norma última de verdad. En Juan 1 "Jesús ora al Padre:
«Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad* (Jn 17:17). Este versículo
es interesante porque Jesús no usa los adjetivos aletzinos o aletzes («verdadero») que
uno esperaría, para decir «tu palabra es verdadera»; sino que más bien usa un sustantivo:
aletzeia («verdad») para decir que la palabra de Dios no es simplemente «verdadera»
sino que es la verdad misma.
La diferencia es significativa, porque esta afirmación nos anima
a pensar no solo que la Biblia es «verdadera» en el sentido de que se ajusta a
alguna norma más alta de verdad, sino más bien a pensar que la Biblia en si
misma es la norma definitiva de la verdad. La Biblia es la Palabra de Dios, y
la Palabra de Dios es la definición suprema de lo que es verdadero y lo que no
es verdadero: la palabra de Dios en sí misma es verdad. Así que debemos
pensar que la Biblia es la suprema norma de verdad, el punto de referencia por
el cual se debe medir toda otra afirmación de veracidad. Las afirmaciones que
se ajustan a las Escrituras son «verdaderas», en tanto que las que no se
ajustan a la Biblia no son verdaderas.
¿Qué es, entonces,
verdad? Verdad es lo que Dios dice, y tenemos lo que Dios dice (exacta pero no exhaustivamente)
en la Biblia.
4.
¿Podría alguna
vez algún nuevo hecho contradecir la Biblia? ¿Se descubrirá alguna vez algún
nuevo hecho dentifico o histórico que contradiga a la Biblia? Aqui podemos decir
con confianza que eso nunca sucederá; es más. es imposible. Si se descubriera algún
supuesto «hecho» que se diga que contradice a la Biblia, entonces (si hemos entendido
correctamente la Biblia) ese «hecho» debe ser falso, porque Dios, el autor de
las Escrituras, conoce todos los hechos verdaderos (pasados. presentes y
futuros). Ningún hecho aparecerá jamás que Dios no haya sabido
desde antes de la creación y tomado en cuenta cuando hizo que se
escribieran las Escrituras. Todo hecho verdadero es algo que Dios ha conocido ya
desde la eternidad V algo que por consiguiente no puede contradecir lo que Dios
dice en la Biblia.
No obstante, se debe recordar que el estudio científico o
histórico (tanto como otras clases de estudios de la creación) puede llevamos a
volver a examinar la Biblia para ver si en realidad enseña lo que se pensaba
que enseña. La Biblia por cierto no enseña que la rierra fue creada en el año
4004 a.C.. como una vez se pensaba
i porque las listas genealógicas de la Biblia nenen lagunas).'*
Sin embargo, fue en parte el estudio histórico, arqueológico, astronómico y
geológico lo que hizo que los cristianos volvieran a examinar la Biblia para
ver si en realidad enseñaba un origen tan reciente de la tierra. El análisis
cuidadoso del texto bíblico mostró que en realidad no enseña eso.
De forma similar, la Biblia no enseña que el sol gira alrededor
de la tierra, porque sólo usa descripciones de los fenómenos según los vemos a
simple vista y no pretende describir el teje y maneje del universo desde algún
punto arbitrario «fijo» en algún lugar del espacio. Sin embargo, antes de que
el estudio de astronomía avanzara lo suficiente como para demostrar la rotación
de la tierra sobre su eje. la gente daba por sentado que la
Biblia enseñaba que el sol giraba alrededor de la tierra. Después, el estudio
de la información científica motivó a un nuevo examen de los apropiados textos
bíblicos. Así que siempre que nos veamos frente a algo que se diga que
contradice a la Biblia, debemos no sólo examinar la información que se aduce
que demuestra el hecho en cuestión, sino también debemos volver a examinar los
textos bíblicos apropiados para ver si la Biblia de veras enseña lo que se
creía que enseñaba.
Nunca debemos temer, sino más bien siempre recibir con
beneplácito cualquier nuevo hecho que se pueda descubrir en cualquier ámbito
legítimo de investigación o estudio humanos. Por ejemplo, los descubrimientos
de los arqueólogos que trabajaban en Siria han sacado a la luz las tablas Ebla.
Estos registros extensos escritos del periodo alrededor de 2000 a.C. a la larga
arrojarán gran luz sobre nuestra comprensión del mundo de los patriarcas y los
hechos conectados con la vida de Abraham, Isaac yjacob. ¿Deben los cristianos
albergar alguna aprehensión persistente de que la publicación de tal
información demostrará que algún hecho de Génesis es incorrecto? ¡Ciertamente no!
Debemos con anhelo esperar la publicación de toda esa información con la
confianza absoluta de que si se entiende correctamente será congruente con la
Biblia, y confirmará totalmente la exactitud de las Escrituras. Ningún hecho
verdadero jamás contradecirá las palabras del Dios que lo sabe todos y nunca
miente.
D.
Las Escrituras
son la autoridad definitiva
Es importante darse cuenta de que la forma final en que las
Escrituras siguen siendo autoritativas es su forma escrita. Fueron las
palabras de Dios escritas en las tablas de piedra que Moisés depositó en el arca del
pacto. Más adelante Dios ordenó a Moisés y a los profetas después de este que
escribieran sus palabras en un
l4Vea en d c«pirulo 15. pp 289-309 una expbcaoán de la edad de la
tierra, y pp 290-91 una exphcaoán de las brechas en las genealogías
libro. Fue acerca
de las Escrituras ígrafe i que Pablo dijo que eran «inspirada por Dios* (2 Ti 3:16). De
modo similar, los escritos de Pablo son «mandato del Señor» (1 Co 14:37) y se podían
incluir en «las otras Esenturas» (2 P 3:16).
Esto es importante porque algunos a veces (intcncionalmcnte o
no) intentan sustituir alguna otra norma definita que no son las palabras de la
Biblia. Por ejemplo, algunos a veces se refieren a «lo que Jesús realmente
dijo» y aducen que cuando traducimos las palabras griegas de los Evangelios de
nuevo al arameo que Jesús habló, podemos obtener una mejor comprensión de las
palabras de Jesús que las que dan los escritores de los Evangelios De hecho, a
veces se dice que este trabajo de reconstruir las palabras de Jesús en arameo
nos permite corregir las traducciones erróneas que hicieron los autores de los
Evangelios.
En otros casos hay quienes han aducido saber «lo que Pablo
realmente pensaba» aun cuando sea diferente del significado de las palabras
que escribió; o han hablado de «lo que Pablo debía haber dicho si hubiera sido
congruente con el resto de su teologia». De modo similar, otros han hablado de
«la situación de la iglesia a La cual Mateo escribió» y han intentado dar fuerza
normativa bien sea a esa situación o a la solución que piensan que Mateo estaba
intentando ofrecer en esa situación.
En todos estos
casos debemos reconocer que preguntar respecto a las palabras o situaciones que
están «en el trasfondo» del texto de las Escrituras puede a veces ser útil para
comprender lo que ese texto significa. Sin embargo, nuestras reconstrucciones
hipotéticas de todas esas palabras y situaciones nunca pueden reemplazar ni
competir con la Biblia misma como autondad final, ni debemos permitirles contradecir
o poner en tela de duda la exactitud de alguna de las palabras de la Biblia.
Debemos continuamente recordar que tenemos en la Biblia las mismas palabras de
Dios, y no debemos tratar de «mejorarlas» de ninguna manera, porque eso no se
puede hacer. Más bien, debemos procurar entenderlas y entonces confiar en ellas
y obedecerlas de todo corazón.
1.
Si usted quiere
persuadir a alguien de que la Biblia es la Palabra de Dios, ¿qué querría usted
que esa persona leyera más que cualquier otra pieza de literatura?
2.
¿Quién intentaría
hacer que las personas quieran no creer algo de la Biblia, o desobedecer algo
de la Biblia? ¿Hay algo en la Biblia que usted quiere no creer u obedecer? Si sus
respuestas a alguna de las dos preguntas última son positivas, ¿cuál es el
mejor método de lidiar y tratar con los deseos que usted tiene en todo eso?
3.
¿Sabe usted de
algún hecho demostrado en toda la histona que ha mostrado que algo en la Biblia
es falso? ¿Se puede decir eso respecto a otros escritos religiosos tales como
el Libro de o el Corán? Si usted ha
leído otros libros como éstos, ¿puede describir el efecto espiritual que
ejercieron en usted? Compare eso con el efecto espiritual que surtió en usted la
lectura de la Biblia. ¿Puede decir que al leer la Biblia usted oye la voz de su
Creador hablándole de una manera que no es verdad en cuanto a ningún otro libro?
4. ¿Alguna vez se halla creyendo algo no porque tiene evidencia
extema sino simplemente porque está escrito en la Biblia? ¿Es esa fe apropiada,
según Hebreos 11:1? Si usted cree algo simplemente porque la Biblia lo dice,
¿qué piensa que Cristo le dirá respecto a este hábito cuando
usted esté frente a su tribunal?
¿Piensa usted que confiar y obedecer todo lo que la Biblia afirma le llevará a
pecar o le alejará de la bendición de Dios en su vida?
dictado
Escrituras inspirada por Dios inspiración inspiración plenaria
(Para una explicación de esta
bibliografía vea la nota sobre la bibliografía en el capitulo
l.
p. 40. Datos
bibliográficos completos se pueden encontrar en las páginas 1298-1307.)
Secciones en Teologías Sistemáticas Evangélicas
1.
Anglicana (episcopal)
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
6.
Reformada o presbiteriana)
|
1559
|
Calvino, 1:7-8,
74-93
|
1861
|
Heppe, 21-28
|
1871-73
|
Hodge, 1:153-82
|
1887-1921
|
Warfield. 1AB
3-410, 419-42; SSW 2:537-638
|
1889
|
Shedd,
1:70-110:3:27-88
|
1937-66
|
Murrav. CW
3:256-62; CW 4:30-57
|
1938
|
Berkhof, lntro. 144-65, 182-86
|
1962
|
Buswell,
1:183-93, 198-213
|
Renovada (o carismática o pentecostal)
|
|
1988-92
|
Williams,
1:22-25
|
Secciones en Teologías Sistemáticas Católicas Romanas
Representativas
1. Católica Romana: tradicional
1955 Ott (ningún tratamiento explícito)
2. Católica Romana: Post Vaticano II
1980 McBrien, 1:62-77, 201-44
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2 Timoteo 3:16: Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y
para instruir en la justicia.
«Las promesas de Jesús»
Todas las promesas del Señor Jesús
Son apoyo poderoso de mi fe;
Mientras luche aqui buscando yo su luz.
Siempre en sus promesas confiaré.
Coro:
Grandes,
fieles.
Las promesas
que el Señor Jesús ha dado. Grandes, fieles.
En ellas para siempre confiaré.
Todas sus
promesas para el hombre fiel. El Señor en sus bondades cumplirá.
Y confiado sé que. para siempre, en El Paz eterna mi alma gozará.
Todas las
promesas del Señor serán Gozo y fuerza en nuestra vida terrenal: Ellas en la
dura lid nos sostendrán.
Y
triunfar podremos
sobre el mal.
AUTOR: R KELSO CARTER JMo. TRAD VICENTE MENDOZA •TOMADO DEL HIMNARIO BAUTISTA, #331)
[1] Por
supuesto, no quiero decir que toda palabra de las Escrituras fue dicha
audiblemente por Dios mismo, puesto que la Biblia registra las palabras de
cientos de diferentes personas, tales como el rey David y Pedro, e incluso
el mismo Satanás. Pero si quiero decir que incluso las fitas de otros son
informes de Dtot de lo que dijeron, y. correctamente interpretadas en sus
contextos, vienen a nosotros con la autondad de Dios.

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