viernes, 4 de marzo de 2016

Capítulo 5: La inerrancia de las Escrituras



¿Hay algún error en la Biblia?
La mayoría de los libros de teologia sistemática no han incluido un capitulo se- .parado sobre la inerrancia de la Biblia. Por lo general se ha tratado el tema bajo el encabezamiento de autoridad de la Biblia, o no se ha considerado necesaria una ex­plicación adicional. Sin embargo, la cuestión de la inerrancia es de tal pre o­cupación en el mundo evangélico de hoy que amerita un capitulo separado a continuación de nuestra consideración de la autoridad de la Palabra de Dios.
No vamos a repetir aquí los argumentos respecto a la autoridad de la Biblia que se dieron en el capitulo 4. Allí se indicó que todas las palabras de la Biblia son palabras de Dios, y por consiguiente no creer o desobedecer alguna palabra de la Biblia es no creer o desobedecer a Dios. Se explicó además que la Biblia claramente enseña que Dios no puede mentir ni hablar falsedades (2 S 7:28; Tit 1:2; Heb 6:18). Por consi­guiente, se afirmó que todas las palabras de la Biblia son completamente verdaderas y sin error en ninguna pane (Nm 23:19; Sal 12:6; 119:89,96; Pr30:5; Mt 24:35). Las palabras de Dios son, de hecho, la suprema norma de verdad (Jn 17:17).

Especialmente relevante en este punto son los pasajes bíblicos que indican la total veracidad y confiabilidad de las palabras de Dios. «Las palabras del Señor son puras plata refinada en un homo en el suelo, purificada siete veces» (Sal 12:6, tra­ducción del autor), indican la absoluta confiabilidad y pureza de la Biblia. De modo similar,«Toda palabra de Dios es digtui de crédito; Dios protege a los que en él buscan refugio» (Pr 30:5), indican la veracidad de toda palabra que Dios ha dicho. Aunque el error o al menos falsedad parcial puede caracterizar el habla de todo ser huma­no. el habla de Dios se caracteriza por jamás ser falsa y jamás comete errores, ni si­quiera cuando habla por medio de seres humanos pecadores: «Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer» (Nm 23:19) fue dicho por el peca­dor Balaam específicamente en cuanto a las palabras proféticas que Dios había hablado mediante sus propios labios.

Con evidencia como esta ahora estamos en posición de definir la inerrancia bí­blica: La inerrancia de la Biblia significa que la Biblia en los manuscritos originales no afirma nada que sea contrario a la verdad.

Esta definición enfoca la cuestión de la veracidad y falsedad del lenguaje de la Biblia. La definición en términos sencillos simplemente quiere decir que la Biblia siempre dice la verdad y que siempre dice la verdad respecto a todo de lo que habla. Esta definición no quiere decir que la Biblia nos dice todo lo que se pudiera saber en cuanto a cualquier tema, pero sí afirma que lo que dice en cuanto a cualquier tema es verdad.
 
Es importante darse cuenta desde el principio de esta consideración que el en­foque de esta controversia recae sobre la cuestión de veracidad al expresarse. Hay que reconocer que la veracidad absoluta en lo que se dice es congruente con otros tipos de afirmaciones, tales como los siguientes:
1.   La Biblia puede ser inerrante y con todo hablar en el lenguaje ordinario del habla de todos los días. Esto es especialmente cierto en las descripciones «científi­cas» o «históricas» de hechos o acontecimientos. La Biblia puede hablar de que el sol se levanta y la lluvia cae porque desde la perspectiva del que habla eso es exac­tamente lo que sucede. Desde el punto de vista de un observador parado en el sol (si eso fuera posible) o de algún punto hipotético «fijo» en el espacio, la tierra gira y hace que el sol entre en el campo visual, y la lluvia no cae hacia abajo sino hada arriba u horizontalmente, o en cualquier direcdón necesaria para que la gravedad la atraiga hada la superficie de la tierra. Pero tales explicadones son irremediable­mente pedantes y harían imposible la comunicadón ordinaria. Desde el punto de vista del que habla, el sol en efecto se levanta y la lluvia en efecto cae, y estas son des- cripdones perfectamente verdaderas de los fenómenos naturales que observa el que habla.
Una consideradón similar se aplica a números cuando se usan para medidas o conteo. Un reportero puede decir que unos 8.000 hombres murieron en derta ba­talla sin querer implicar con eso que los contó uno por uno y que no eran 7.999 ni 8.001 soldados muertos. Si murieron en números redondos unos 8.000, por su­puesto que seria falso dedr que murieron 16.000, pero no seria falso en la mayoría de los contextos que un reportero diga que murieron 8.000 hombres cuando en realidad los que murieron fueron 7823 u 8242; los límites de veracidad depende­rían del grado de precisión que implica el que habla y que sus oyentes originales esperan.
Esto es también cierto en cuanto a medidas. Si digo: «No vivo lejos de mi ofici­na», o «Vivo como a dos kilómetros de mi ofidna», o «Vivo a un poco más de dos kilómetros de mi ofidna», o «Vivo a 2.45 kilómetros de mi oficina», las cuatro afir­maciones son aproximadones con deno grado de precisión. Un mayor grado de precisión se podría obtener con instrumentos dentíficos más precisos, pero inclu­so eso seria aproximadón a derto grado de precisión. Así que las medidas también, a fin de que sean verdad, deben conformarse al grado de precisión que implica el que habla o que esperan los oyentes en el contexto original. No debería ser proble­ma para nosotros, entonces, afirmar a la vez que la Biblia es absolutamente veraz en todo lo que dice y que usa lenguaje ordinario para describir fenómenos naturales o dar aproximaciones o números redondos cuando es apropiado en el contexto.
También debemos notar que el lenguaje puede hacer afirmadones vagas o im­precisas sin ser falsedad. «Vivo a un poco más de dos kilómetros de mi oficina» es una afirmadón vaga e ímpreasa, pero también es inerrante; no hay nada de false­dad en ella. No afirma nada que sea contrario a los hechos. De modo similar, las afirmaciones bíblicas pueden ser imprecisas y sin embargo totalmente ciertas. La inerrancia tiene que ver con la veracidad no con el grado de precisión con que se informan los acontecimientos.
2.   La Biblia puede ser inerrante y con todo incluir citas libres o aproximadas.
El método por el cual una persona cita las palabras de otro es un procedimiento que en gran parte varía de cultura a cultura. En las culturas contemporáneas esta­dounidense y británica estamos acostumbrados a citar las palabras exactas de otros cuando encerramos la afirmación entre comillas <a esto se llama cita directa). Pero cuando usamos citas indirectas (sin comillas) sólo esperamos un informe exacto de la sustancia de la afirmación. Considere esta oración: «Elliot dijo que vendría ense­guida a casa para cenar». La oración no ata directamente a Elliot. pero es un infor­me aceptable y veraz de la afirmación real de Elliot a su padre: «Llegaré a casa para cenar en dos minutos», aunque la cita indirecta no incluyó ninguna de las palabras originales del que habla.
El griego escrito de tiempos del Nuevo Testamento no tenía comillas ni signos de puntuación equivalentes, y una cita correcta de otro necesitaba incluir sólo una idea correcta del contenido de lo que la persona dijo (más bien como nuestras citas indirectas); no se esperaba que se citara exactamente cada palabra. Entonces, la inerrancia es compatible con citas libres y aproximadas del Antiguo Testamento o de las palabras de Jesús, por ejemplo, en tanto y en cuanto el contenido no deje de expresar lo que se dijo originalmente. El escritor original ordinariamente no impli­caba que estaba usando las palabras exactas del que citaba y sólo esas, ni tampoco los oyentes originales esperaban al pie de la letra que asi fuera.
B.  Algunos retos presentes a la inerrancia
En esta sección examinaremos las principales objeciones que comúnmente se presentan contra el concepto de la inerrancia.
1.   La Biblia es sólo autoritativa en cuanto a «fe y práctica». Una de las objecio­nes más frecuentes la presentan los que dicen que el propósito de la Biblia es ense­ñamos cuestiones que tienen que ver solamente con «fe y práctica»; es decir, en cuestiones que se relacionan directamente a nuestra fe religiosa o a nuestra con­ducta ética. Esta posición permitiría la posibilidad de afirmaciones falsas en la Bi­blia. por ejemplo, en otros aspeaos tales como detalles históricos menores o información científica; esos aspeaos, se dice, no tienen que ver con el propósito de la Biblia, que es instruimos en lo que debemos creer y cómo debemos vivir. Los que abogan por esta posición a menudo prefieren decir que la Biblia es infalible pero vacilan en usar la palabra inerrante
La respuesta a esta objeción se puede indicar como sigue: la Bibha repetida­mente afirma que toda la Escritura es útil para nosotros (2 Ti 3:16) y que toda ella es •inspirada por Dios». Por consiguiente es completamente pura (Sal 12:6), perfeaa (Sal 119:96), y verdadera (Pr 30:5). La misma Biblia no hace ninguna restricción en cuanto a la clase de temas de los cuales habla con veracidad.
El Nuevo Testamento contiene afirmaciones adicionales de la confiabilidad de todas las panes de las Escrituras; en Hechos 24:14 Pablo dice que adora a Dios «de acuerdo con todo lo que enseña la ley y creo lo que está escrito en los profetas». En Lu­cas 24:25 Jesús dice que los discípulos son «torpes» porque son «tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas». En Romanos 15:4 Pablo dice que «todo lo que se escribió» en el Antiguo Testamento «se escribió para enseñamos». Estos pasajes no dan indicación de que alguna pane de las Escrituras no sea confia­ble por completo. De modo similar, en 1 Corintios 10:11, Pablo puede referirse in­cluso a detalles históricos menores del Antiguo Testamento (sentarse para comer y beber, levantarse para bailar) y puede decir que lo uno y lo otro «sucedió» (por consiguiente implicando confiabilidad histórica) y «quedó escrito para advertencia nuestra».
Si empezamos a examinar la manera en que los autores del Nuevo Testamento confiaron en los detalles incluso más pequeños de la narrativa del Antiguo Testa­mento, no vemos ninguna intención de separar nuestros asuntos de «fe y práctica», ni de decir que esto de alguna manera es una categoría reconocible de afirmacio­nes, ni que implica que las afirmaciones que no estén en esa categoría no son con­fiables o no se debe pensar que son inerrantes. Más bien, parece que los autores del Nuevo Testamento están dispuestos a citar y afirmar como verdadero todo detalle del Antiguo Testamento.
'Un* huma defensa de esa posoón te puede hallar en una colección de ensaya* editado* por jack Rogen. Bi Hical Auumn W'»co. Tol Word. 1977); y. más extensamente. en Jack B Rogen y Donald McKim. The Arntlurntr anJ Itarrprrutu'n cftke BiHe: /U Htstmal Afpraadt (San Francisco Harper and Row. 1979;
2Hasta alrededor de 1 9í0 ó 1965 U palabra mfihUe *e usaba intercambiablemente con la palabra nrrraHe. Pero en aAot recientes, por k> menas en las Estados Uñadas, la palabra u^óiiMr se ha usado en el temido mis débil que significa que la Bibha no nos hará descamar en asunrat de fe y práctica
En la lista que sigue hay algunos ejemplos de estos detalles históricos citados por autores del Nuevo Testamento. Si todos estos son asuntos de «fe y práctica», entonces todo detalle histórico del Antiguo Testamento es asunto de «fe y prácti­ca», y esta objeción deja de ser objeción a la inerrancia. Por otro lado, si se puede afirmar tantos detalles, entonces parece que todos los detalles históricos del Anti­guo Testamento se pueden afirmar como verdaderos, y no debemos hablar de res­tringir la necesaria veracidad de las Escrituras a alguna categoría de «fe y práctica» que excluiría algunos detalles menores. No hay tipos de detalles que no se pudieran afirmar como verdaderos.
El Nuevo Testamento nos da la siguiente información: David comió del pan de la proposición (Mt 12:3-4), Jonás estuvo en un gran pez (Mt 12:40), los hombres de Nínive se arrepintieron (Mt 12:41), la reina del sur vino para oír a Salomón (Mt 12:42), Elias fue enviado a la viuda de Sarepta (Le 4:25-26), el sirio Naamán fue lim­piado de su lepra (Le 4:27), el día en que Lot salió de Sodoma fuego y azufre llovió del cielo (Le 19:29; cf. v. 32 con su referencia a la esposa de Lot que se convirtió en sal), Moisés levantó la serpiente en el desierto (Jn 3:14), Jacob le dio un terreno a José (Jn 4:5), muchos detalles que ocurrieron en la historia de Israel (Hch 13:17-23), Abraham creyó y recibió la promesa antes de ser circuncidado (Ro 4:10), Abraham tenía como cien años (Ro 4:19), Dios le dijo a Rebeca antes de que nacieran sus hi­jos que el mayor serviría al menor (Ro 9:10-12), Elias habló con Dios (Ro 11:2-4), el pueblo de Israel pasó por el mar, comió y bebió alimento y bebida espiritual, deseó el mal, se sentó a beber, se levantó a bailar, se entregó a la inmoralidad, se quejó y fueron destruidos (1 Co 10:11), Abraham le dio el diezmo de todo a Melquisedec (Heb 7:1-2), el tabernáculo del Antiguo Testamento tenía un diseño específico y detallado (Heb 9:1-5), Moisés roció al pueblo y los enseres del tabernáculo con agua y sangre, usando lana escarlata e hisopo (Heb 9:19-21), el mundo fue creado por la palabra de Dios (Heb 11:3),' muchos detalles de la vida de Abel, Enoc, Noé, Abraham, Moisés, Rahab y otros en realidad sucedieron (Heb 11, pássim), Esaú vendió su primogenitura por una sola comida y después quiso con lágrimas recu­perarla (Heb 12:16-17), Rahab recibió a los espías y los envió por otro camino (Stg 2:25), ocho personas se salvaron en el arca (1 P 3:20; 2 P 2:5), Dios convirtió a Sodoma y Gomorra en cenizas pero salvó a Lot (2 P 2:6-7), el asna de Balaam habló (2 P 2:16).
Esta lista indica que los escritores del Nuevo Testamento estuvieron dispues­tos a descansar en la veracidad de cualquier parte de las narraciones históricas del Antiguo Testamento. Ningún detalle fue demasiado insignificante para usarse para la instrucción de los cristianos del Nuevo Testamento. No hay indicación al­guna de que pensaran en alguna categoría de afirmaciones bíblicas que no fueran confiables y fidedignas (tales como afirmaciones «históricas y científicas» a diferen­cia de pasajes doctrinales o morales). Parece claro que la Biblia misma no respalda ninguna restricción de algún tipo de temas de los cuales habla con absoluta autoridad y verdad; ciertamente, muchos pasajes de la Biblia en realidad anulan la validez de esta clase de restricción.
Una segunda respuesta a los que limitan la necesaria veracidad de la Biblia a asuntos de «fe y práctica» es notar que esta posición confunde el propósito principal de la Biblia con el propósito total de la Biblia. Decir que el propósito principal de la Biblia es enseñamos asuntos de «fe y práctica» es hacer un sumario útil y correcto del propósito de Dios al damos la Biblia. Pero un sumario incluye sólo el propósito más prominente de Dios al damos las Escrituras. No es, sin embargo, legítimo usar este sumario para negar que es parte del propósito de la Biblia damos detalles histó­ricos menores o hablamos acerca de algunos aspectos de astronomía o geografía, y cosas por el estilo. Un sumario no se puede usar apropiadamente para negar las co­sas que está resumiendo. Usarlo de esta manera simplemente mostraría que el sumario no es lo suficiente detallado para especificar los asuntos en cuestión.
Es mejor decir que todo el propósito de la Biblia es decir todo lo que dice, sobre cualquier tema. Cada una de las palabras de Dios en la Biblia él la consideró impor­tante para nosotros. Por eso Dios da severas advertencias a cualquiera que quita incluso una palabra de lo que él nos ha dicho (Dt 4:2; 12:32; Ap 22:18-19); no pode­mos ni añadir a las palabras de Dios ni quitarles nada, porque todas son parte de su propósito más amplio al hablamos. Todo lo que se dice en la Biblia está allí porque Dios quiso que estuviera allí; ¡Dios no dice nada sin propósito! Así que la primera objeción a la inerrancia hace un uso errado de un sumario y por consiguiente inco­rrectamente intenta imponer límites artificiales a la clase de cosas respecto a las cuales Dios puede hablamos.
2.  El término inerrancia es un término pobre. Los que hacen esta segunda obje­ción dicen que el término inerrancia es demasiado preciso y en el uso ordinario de­nota una clase de precisión científica absoluta que no queremos afirmar en cuanto a la Biblia. Es más, los que hacen esta objeción notan que el término inerrancia no se usa en la Biblia misma. Por consiguiente, probablemente es un término inapro­piado para que nosotros insistamos en él.
La respuesta a esta objeción se puede indicar como sigue: primero, los eruditos que han usado el término inerrancia lo han definido claramente por más de cien años, y siempre han dado campo a las «limitaciones» que se añaden al habla en len­guaje ordinario. No ha habido un representante responsable de la posición de la inerrancia que haya usado el término para denotar una clase de precisión científica absoluta. Por consiguiente, los que presentan esta objeción al término no están dando atención cuidadosa suficiente a la manera en que este se ha usado en el debate teológico por más de un siglo.
Segundo, se debe notar que a menudo usamos términos que no son bíblicos para resumir una enseñanza bíblica. La palabra Trinidad no aparece en la Biblia, ni tampoco la palabra encamación. Sin embargo, estos términos son muy útiles por­que nos permiten resumir en una palabra un concepto bíblico verdadero, y son por consiguiente útiles para permitimos debatir más fácilmente una enseñanza bí­blica.

También se debe notar que no se ha propuesto ninguna otra palabra que diga tan claramente lo que queremos afirmar cuando queremos hablar de la total vera­cidad en el lenguaje. La palabra inorancia lo hace muy bien, y parece no haber ra­zón para no continuar usándola con ese propósito.
Finalmente, en la iglesia hoy parece que no podemos sostener un debate sobre este tema sin usar este término. La gente puede objetar el uso de este término si lo desean, pero, les guste o no, este es un término en tomo al cual el debate ha girado y casi ciertamente continuará así en las próximas décadas. Cuando el Concilio Internacional sobre la Inerrancia Bíblica (ICBL por sus siglas en inglés) en 1977 em­pezó una campaña de diez años para promover y defender la idea de la inerrancia bíblica, se hizo inevitable que sería en tomo a esta palabra que procedería el deba­te. La «Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica», que se redactó y publi­có en 1978 bajo auspicios del ICBI (vea apéndice 1), definió lo que la mayoría de los evangélicos quiere decir por inerrancia, tal vez no perfectamente, pero bastante bien, y objeciones ulteriores a un término para ampliamente usado y bien definido parece innecesaria e inútil para la iglesia.
3.  No tenemos manuscritos inerrantes, por consiguiente, hablar de una Biblia inerrante confunde. Los que hacen esta objeción señalan el hecho de que la ine­rrancia siempre se ha atribuido a las primeras copias originales de los documentos bí­blicos.[1] Sin embargo ninguno de estos sobrevivió; tenemos sólo copias de lo que Moisés, Pablo o Pedro escribieron. ¿De qué sirve, entonces, asignar tanta impor­tancia a una doctrina que se aplica sólo a manuscritos que nadie tiene?
En respuesta a esta objeción se puede indicar primero que para más de 99 por ciento de las palabras de la Biblia, sabemos lo que decían los manuscritos originales. Incluso para muchos de los versículos en donde hay variantes textuales (es decir, diferentes palabras en diferentes copias antiguas del mismo versículo), la decisión correcta a menudo es muy clara, y hay realmente muy pocos lugares en donde la variante textual es difícil de evaluar y significativa para determinar el significado. En el pequeño porcentaje de casos en donde hay una incertidumbre significativa en cuanto a lo que decía el texto original, el sentido general de la oración por lo ge­neral es muy claro partiendo del contexto. (Uno no tiene que ser erudito en hebreo
o griego para saber cuáles son esas variantes, porque todas las traducciones moder­nas las indican en las notas marginales con palabras tales como «Algunos manus­critos antiguos dicen ... » u «Otras autoridades antiguas añaden ...»).
Esto no es decir que el estudio de las variantes textuales no tenga importancia, pero sí es decir que el estudio de las variantes textuales no nos ha dejado en confu­sión respecto a lo que decían los manuscritos originales;' más bien nos ha llevado extremadamente cerca del contenido de esos manuscritos originales. En la prácti­ca, entonces, los textos presentes publicados con erudición del Antiguo Testamento hebreo y Nuevo Testamento griego ion los mismos de los manuscritos originales. Así que cuando decimos que los manuscritos originales eran inerrantes, también esta­mos implicando que más de 99 por ciento de las palabras de nuestros manuscritos presentes también son inerrantes. porque son copias exactas de los originales. To­davía más. sabemos en dónde están las lecturas inciertas (porque donde no hay va­riantes textuales no tenemos razón para esperar una copia defectuosa del original).[2] Asi que nuestros presentes manuscritos son prácticamente iguales que los manuscritos originales, y U doctrina de la inerrancia, por consiguiente, directa­mente nene también que ver con nuestros manuscritos presentes.
Además, es extremadamente importante declarar la inerrancia de los docu­mentos originales, porque las copias subsiguientes fueron hechas por hombres que no dedan tener garantía de parte de Dios de que sus copias iban a ser perfectas. Pero es de los manuscritos originales de los que se afirma que son palabras de Dios. Por eso, si tenemos errores en las copias (como las tenemos), son errores de hombres. Pero si tenemos errores en los manuscritos originales, nos vemos obligados a decir no sólo que son errores de los hombres, sino que Dios mismo cometió un error y habló falsamente. Y eso no puede ser.
4.    Los escritores bíblicos «acomodaron» su mensaje en detalles menores a ideas falsas corrientes en su día, y afirmaron o enseñaron esas ideas de modo incidental. Esta objeción a la inerrancia es ligeramente diferente de la que restrin­ge la inerrancia de la Biblia a asuntos de fe y práctica, pero se relaciona con ella. Los que sostienen esta posición aducen que había sido muy difícil para los escritores bí­blicos comunicarse con la gente de su tiempo si hubieran tratado de corregir toda información histórica y científica falsa en que creían sus contemporáneos. Los que sostienen esta posición no aducen que los lugares en que la Biblia ofrece informa­ción falsa son numerosos, ni siquiera que esos lugares sean puntos principales de alguna sección particular de la Biblia. Más bien dicen que cuando los escritores bí­blicos intentan hacer un a declaración importante, a veces presentan alguna false­dad incidental que la gente de ese tiempo creía.
A esta objeción a la inerrancia se puede replicar, primero, que Dios es Señor del lenguaje humano y que puede usar lenguaje humano para expresarse perfec­tamente sin tener que presentar ideas falsas que pudieran haber sostenido las personas del tiempo en que se escribió la Biblia. Esta objeción a la inerrancia esencialmente niega el señorío efectivo de Dios sobre el lenguaje humano.
Segundo, debemos responder que tal «acomodo» de parte de Dios a nuestra comprensión implicaría que Dios hubiera actuado contrario a su carácter como un •Dios que no miente» (Nm 23:19; Tit 1:2; Heb 6:18). No es útil distraer la atención de esta dificultad mediante énfasis repetido en la condescendencia de la gracia de Dios al hablar a nuestro nivel. Sí. Dios en efecto condesciende para hablar nuestro lenguaje, el lenguaje de los seres humanos. Pero ningún pasaje de la Biblia enseña que él «condesciende» al punto de actuar contrario a su carácter moral. Nunca se dice que él puede condescender tanto como para afirmar, aunque sea incidental­mente. algo que sea falso. Si Dios se «acomodara» de esta manera, dejaría de ser el • Dios que no miente». Dejaría de ser el Dios que la Biblia dice que es. Tal actividad de ninguna manera hablaría de la grandeza de Dios, porque Dios no manifestaría su grandeza actuando de una manera que contradice su carácter. Esta objeción, pues, en su raíz, entiende mal la pureza y unidad de Dios en lo que afectan todas sus obras y acciones.
Es más, tal proceso de acomodo, si en realidad hubiera ocurrido, hubiera crea­do un problema moral serio para nosotros. Debemos ser imitadores del carácter moral de DiosiLv 11:44:1x6:36; Ef 5:1; 1 P5:l.et. al.). Pablo dice que puesto que en nuestra naturaleza estamos llegando a ser más semejantes a Dios (Ef 4.24), «de­jando la mentira» debemos hablar «con la verdad» unos con otros (v. 25). Debemos imitar la veracidad de Dios en lo que decimos. Sin embargo, si la teoría del acomo­do es correcta, entonces Dios intencionalmente hizo afirmaciones incidentales de falsedad a fin de mejorar la comunicación. Por consiguiente, ¿no seria correcto que nosotros también intencionalmente hagamos afirmaciones incidentales de false­dad cada vez que eso mejorara la comunicación? Sin embargo eso equivaldría a de­cir que una falsedad menor dicha con un buen propósito (una «mentira blanca») no es mala. Tal posición, que contradicen los pasajes bíblicos citados arriba en cuanto a la total veracidad de Dios al hablar, y no puede considerarse válida.
5.  La inerrancia pone demasiado énfasis en el aspecto divino de la Biblia y des­cuida el aspecto humano. Esta objeción más general la hacen los que aducen que los que abogan por la inerrancia recalcan tanto el aspecto divino de la Biblia que minimizan su aspecto humano.
Hemos convenido en que la Biblia tiene un aspecto tanto divino como huma­no, y que debemos dar atención adecuada a ambos. Sin embargo, los que hacen esta objeción casi invariablemente pasan a insistir en que los aspectos verdadera­mente «humanos» de la Biblia seguramente implican la presencia de algunos errores en la Biblia. Podemos responder que aunque la Biblia es plenamente humana por­que fue escrita por seres humanos usando su propio lenguaje, la actividad de Dios al supervisar la redacción de la Biblia y hacer que fuera también sus palabras quiere decir que es diferente de todos los demás libros humanos precisamente en este as­pecto: no contiene error. Ese es exactamente lo que afirmó incluso el pecador, co­dicioso y desobediente Balaam en Números 23:19; cuando Dios habla por medio de seres humanos pecadores es diferente de cuando los hombres hablan porque «Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer». Es más. no es cier­to que toda las expresiones verbales y los escritos humanos contengan errores, porque todos los dias hacemos docenas de declaraciones que son completamente verdad. Por ejemplo: «Me llamo Wayne Grudem». «Tengo tres hijos». «Desayuné esta mañana».
6.   Hav algunos errores en la Biblia que son obvios. Esta objeción final de que hay errores en la Biblia que son obvios la afirman o implican la mayoría de los que niegan la inerrancia, y para muchos de ellos la convicción de que hay denos erro­res en las Escrituras es un factor prindpal para persuadirlos a cuestionar la doctrina de la inerranda.
Para este caso la primera respuesta que debería hacerse a esta objeción es pre­guntar dónde están tales errores. ¿En cuál versículo o versiculos aparecen estos errores? Es sorprendente la frecuencia que uno halla de que esta objedón la hacen quienes tienen escasa o ninguna idea de dónde están los errores específicos, pero que creen que hay errores porque les han dicho que los hay.
En otros casos, sin embargo, habrá quienes mendonan uno o más pasajes en donde, aducen, hay una afirmadón falsa en la Bibha. En estos casos es importante que veamos el mismo texto bíblico, y lo examinemos con detenimiento. Si cree­mos que la Biblia en verdad es inerrante. debemos anhelar y por derto no temer inspeccionar estos pasajes con detalles minudosos. Es más. nuestra expectadón será que esa inspecdón detenida mostrará que no hay ningún error después de todo. De nuevo, es sorprendente cómo resulta que una lectura cuidadosa simple­mente del texto en cuestión sacará a la luz una o más posibles soludones a la dificultad.
En unos pocos pasajes no será inmediatamente evidente la soludón a la dificul­tad basándose en la lectura del texto en nuestro idioma. En ese punto es útil con­sultar algunos comentarios sobre el pasaje. Tanto Agustín (354-430 d.C.) y Juan Calvino (1509-64). junto con muchos otros comentaristas redentes, han dedicado tiempo a estudiar bien la mayoría de los supuestos «textos problema» y sugerir so­ludones plausibles. Y algunos escritores han compilado la mayoría de los textos di­fíciles y han sugerido respuestas.'
Hay unos pocos pasajes en donde tener conocimiento del hebreo o el griego puede ser necesario para hallar una solución, y los que no tienen acceso de primera mano a estos idiomas pueden tener que buscar respuestas bien sea en algún co­mentario más técnico o preguntándole a alguien que tiene este entrenamiento. Por supuesto, nuestra comprensión de la Biblia nunca es perfecta, y esto quiere de­cir que puede haber casos en donde seremos incapaces de hallar una solución a un pasaje difidl al tiempo presente. Esto puede deberse a que al presente desconoce­mos la evidencia lingüística, histórica o contextual que necesitamos para entender correctamente el pasaje. Esto no debería ser problema para nosotros en un núme­ro pequeño de pasajes en tanto y en cuanto el patrón global de nuestra investiga­ción de estos pasajes ha mostrado que, en verdad, no hay ningún error en donde se ha adundo que hay alguno.

Pero aunque debemos admitir que hay la posibilidad de que no podamos resol­ver un problema en particular, también se debe indicar que hay muchos eruditos bíblicos evangélicos hoy que dicen que al presente no tienen conocimiento de nin­gún texto con problema para el cual no haya una solución satisfactoria. Es posible, por supuesto, que se pueda llamar la atención a algunos de estos pasajes en el futu­ro. pero durante los pasados quince años o algo asi de controversia sobre la ine­rrancia bíblica, ningún pasaje «no resuelto» ha sido llevado a su atención.'
Finalmente, una perspectiva histórica de este asunto es útil. En realidad no hay ningún problema «nuevo» en la Biblia. La Biblia en su totalidad tiene más de 1900 años, y los supuestos «textos problema» han estado allí todo el tiempo. Sin embar­go, en toda la historia de la iglesia ha habido una fírme creencia en la inerrancia de las Escrituras en el sentido en que se define en este capitulo. Es más. por cientos de años eruditos bíblicos altamente competentes han leído y estudiado esos textos problema y con todo no han hallado dificultad en sostener la inerrancia. Esto debe damos confianza de que hay disponibles soluciones a estos problemas y que la creencia en la inerrancia es enteramente congruente con toda una vida de atención detallada al texto de la Biblia.
C.   Problemas al negar la inerrancia
Los problemas que surgen al negar la inerrancia biblica no son insignificantes, y entender la magnitud de estos problemas nos da estimulo adicional no sólo para declarar la inerrancia, sino también para declarar su importancia para la iglesia. A continuación se mencionan algunos de los problemas más serios.
1.   Si negamos la inerrancia nos vemos frente a un serio problema moral: ¿po­demos imitar a Dios e intencionalmente también mentir en asuntos menores?
Esto es similar a lo que dijimos en respuesta a la objeción #4, arriba; pero aquí se aplica no sólo a los que sostienen la objeción #4, sino también más ampliamente a todos los que niegan la inerrancia. Efesios 5:1 nos dice que seamos imitadores de Dios; pero una negación de la inerrancia que de todos modos afirma que las pala­bras de las Escrituras son palabras inspiradas por Dios necesariamente implica que Dios intencionalmente habló falsedades en algunas de las afirmaciones menos cen­trales de la Biblia. Y si está bien que Dios haga esto, ¿cómo puede estar mal que no­sotros lo hagamos? Semejante linea de razonamiento, si la creyéramos, ejercería fuerte presión sobre nosotros para empezar a hablar falsedades en situaciones en que pareciera ayudamos a expresamos mejor, y cosas por el estilo. Esta posición sería una bajada resbalosa con resultados cada vez más negativos en nuestra vida.
2.   Si se niega la inerrancia empezamos a preguntamos si de veras podemos confiar en Dios en algo que diga. Una vez que nos convencemos de que Dios nos ha dicho falsedades en algunos asuntos menores de la Biblia, podemos concluir que Dios es capaz de decimos falsedades. Esto tendrá un efecto perjudicial en nues­tra disposición a creer en Dios y su Palabra y confiar en él completamente y obede­cerle totalmente en el resto de la Biblia. Empezaremos a desobedecer inicialmente esas secciones de la Biblia que menos queremos obedecer, y a desconfiar inicial­mente de las secciones en que menos nos inclinamos a confiar. Pero tal procedi­miento con el tiempo aumentará, para gran peijuido de nuestra vida espiritual. Por supuesto, tal declinación en confianza y obediencia a la Biblia tal vez no ocurra necesariamente en la vida de todo el que niega la inerrancia, pero este será por cier­to el patrón general, y será el patrón que se exhibe en el curso de una generación a la que se enseña a negar la inerrancia.
3.  Si no aceptamos la inerrancia, esencialmente convertimos a nuestra mente humana en una norma más alta de veracidad que la misma Palabra de Dios.
Estaríamos usando nuestra mente para poner en tela de juicio algunas secciones de la Palabra de Dios y dictaminando que están erradas. Pero esto es en efecto dedr que sabemos la verdad con más certeza y más precisión que la Palabra de Dios (o que Dios mismo), por lo menos en esos asuntos. Tal procedimiento, hacer nuestra mente una norma más alta que la verdad de la Palabra de Dios, es la raíz de todo pecado intelectual.;
4.  Si negamos la inerrancia también debemos decir que la Biblia está errada no sólo en detalles menores sino también en algunas de sus doctrinas. Una nega­ción de la inerrancia quiere dedr que dedmos que las enseñanzas de la Biblia en cuanto a la naturaleza de la Biblia yen cuanto a la veracidad y confiabilidad de las pala­bras de Dios también es falsa. Estos no son detalles menores sino preocupadones doctrinales importantes en la Biblia.'
1.    A su modo de pensar, ¿por qué el debate en cuanto a la inerrancia se ha con­vertido en una cuestión tan grande en este siglo? ¿Por qué personas en am­bos lados del asunto piensan que es importante?
2.    Si usted pensara que la Biblia enseña algunos errores pequeños, ¿cómo pen­saría que eso afectaría la manera en que usted lee la Biblia? ¿Afectaría su cui­dado en ser veraz en la conversadón cotidiana?
3.     ¿Sabe usted de algún pasaje bíblico que parezca contener errores? ¿Cuáles son? ¿Ha tratado de resolver las dificultades en estos pasajes? Si no ha halla­do una solución a algún pasaje, ¿qué otros pasos pudiera probar?
4.     Conforme los creyentes avanzan por la vida aprendiendo a conocer mejor su Biblia y creciendo en madurez cristiana, ¿tienden a confiar en la Biblia más, o a confiar menos? A su modo de pensar, ¿creerá usted en el cielo que la Bibha es inerrante? Si es así, ¿lo creerá usted más firmemente o menos fir­memente que lo cree ahora?
5.    Si está convencido de que la Biblia enseña la doctrina de la inerrancia, ¿có­mo se siente al respecto? ¿Se alegra de que tal enseñanza esté allí, o siente us­ted que es una carga tener que defenderla?
6.     ¿Garantiza la creencia en la inerrancia que tengamos una doctrina sana y una vida cristiana sana? ¿Cómo pueden los Testigos de Jehová decir que la Biblia es inerrante y a la vez ellos mismos tener tantas enseñanzas falsas?
7.     Si usted está de acuerdo con la inerrancia, ¿piensa que la inerrancia debería ser un requisito para membresía en la iglesia, para enseñar en una clase de Escuela Dominical, para ser nombrado para un cargo en la iglesia (tal como anciano o diácono), para ser ordenado como pastor y para enseñar en un se­minario teológico? ¿Por qué sí o por qué no?
8.     Cuando hay controversias doctrinales en la iglesia, ¿cuáles son los peligros personales que enfrentan quienes sostienen una posición más congruente con la Biblia? En particular, ¿cómo puede el orgullo en la doctrina correcta convertirse un problema? ¿Cuál es la solución? ¿Piensa usted que la inerran­cia es una cuestión importante para el futuro de la iglesia? ¿Por qué sí y por qué no? A su modo de pensar, ¿cómo se resolverá?
TÉRMINOS ESPECIALES
inerrante infalible variante textual
(Para una explicación de esta bibliografía vea la nota sobre la bibliografía en el capítulo
1, p. 40. Datos bibliográficos completos se pueden encontrar en las páginas 1297-1306.)
Secciones en Teologías Sistemáticas Evangélicas
(En esta sección, al referirme a algunas obras significativas más viejas que no in­cluyen una consideración específica de la inerrancia, he mencionado más bien las páginas en que hablan de la autoridad bíblica en general. En esos casos las páginas aquí duplican las listas para el capítulo 4 sobre la autoridad de la Biblia).

1. Anglicana (episcopal)

1882-92
Litton, 18-40

1930
Tilomas. 500-501
2.
Arminiana (wesleyana o metodista)

1875-76
Pope. 1:36-192

1892-94
Miley. 2:41-49

1940
Wiley, 1:166-84

1960
Purkiser, 66-80
3.
Bautista


1767
GiD. 11-18

1907
Strong. 222-42

1917
Mullins. 142-44,150-53

1976-83
Henry. 3:248-487; 4:129-255, 353-404

1983-85
Enckson. 221-40

1987-94
Lewis Demarest. 1:93-171
4.
Dispensadonal

1947
Chafer, 1:63-88

1949
Thiessen. 105-15

1986
Ryrie. 77-104
5.
Luterana


1917-24
Pieper. 1:232-65.338-49

1934
Mueller, 101-37
6.
Reformada (o presbiteriana)

1559
Calvin, 1:74-92

1871-73
Hodge, 1:163-82

1878
Dabney, DET 1:282-313, 466-81

1887-1921
Warfield, 1AB pássim

1889
Shedd, 1:93-110

1937-66
Murray, CW 1:9-15: CW 4:22-29

1938
Berkhof, Intro 144-65, 182-86
7.
Renovada (o carismpatica o pentecostal)

1988-92
Williams, 1:36-43

Secciones en Teologías Sistemáticas Católicas Romanas Representativas
1.    Católica Romana: tradicional
1955 Ott (ningún tratamiento especifico)
2.     Católica Romana: Post Vaticano 11
1980 McBrien, 1:64
Otras obras
(Vea también la bibliografía para el capitulo 4 «Autoridad», mucho de lo cual también es pertinente aqui, pero sólo pane de lo cual se ha mencionado de nuevo). Archer. Gleason. Encydopedia of Bible Difficultics. Zondervan, Grand Rapids.
1982.
Amdt. W. Bible Difficulties. Concordia. St. Louis.1932.

_______ . Docs the Bible Centradla Itselfr Concordia. St. Louis, 1955.
Boice. James, ed. The Foundation of Biblical Authority. Zondervan. Grand Rapids. 1978.
Carson, D.A.. y John Woodbridge. eds. Hermeneutics. Authority. and Canon. Zondervan. Grand Rapids. 1986.
_______ . Scripture and Truth. Zondervan. Grand Rapids. 1983.
Feinberg. PauL «Bible. Inerrancy and Iníallibility of». In EDT pp. 141-45.
Geisler. Norman, ed Biblical Errancy: .An Analysis oflts Philosophical Roots.
Zondervan. Grand Rapids. 1981.
__ ■ ed. Inerrancy. Zondervan. Grand Rapids. 1979 (ensayos de la Confe­rencia del ICB1 de Chicago en octubre de 1978).
Haley, John W. Alleged Discrepancies of the Bible Reimp. ed. Baker, Grand Rapids.
1977 (primero publicado en 1874).
Lindsell. Harold. The Battlefor the Bible. Zondervan. Grand Rapids. 1976.
_______ . The Bible in the Balance. Zondervan. Grand Rapids. 1979.
Montgomerv. John W.. ed. God's Inerrant Word. Bethany Fellowship.
Minneapolis, 1974.
Packer, J. I. «Scripture». En NDT pp. 627-31.
_______ . «Infallibilitv and Inerrancy of the Bible». En NDT 337-39.
Schaeffer. Francis. No Final Conflict: The Bible W’if/u>ut Error in All That It Affirms.
Intervarsity Press, Downers Grove, DL, 1975.
Warfield. B.B. Limited Inspiration. Presbyterian and Reformed. Filadelfia. 1962. Woodbridge. John. Biblical Authority: A Critique of the Rogers/McKim ProposaL Zondervan, Grand Rapids, 1982.
Young, EdwardJ. Thy Word Is Truth. Eerdmans. Grand Rapids. 1957.
Obras desde una perspectiva de no inerrancia (Vea también la bibliografía para el capitulo 4).
Barr, James. Fundamentalism. SCM, Londres, 1977.
Beegle, Dewey M. Scripture, Tradition, and Infallibilily. Eerdmans, Grand Rapids,
1973.
Da vis. Stephen T. The Debate About the Bible. Filadelfia: Wcstminster, 1977. McKim. Donald K... ed. The Authoritative Word: Essays on the Nature of Scripture.
Eerdmans. Grand Rapids. 1983.
Rogers, Jack. ed. Biblical Authority. Word. Waco, Tex., 1977.
Rogers. Jack B.. and Donald K McKim. The Authority and Interpretation ofthe Bible: An Historical Approach. Harper and Row. San Francisco, 1979.
Salmo 12:6: Las palabras del Señor son puras, son como la plata refinada, siete veces puri­ficada en el crisol
«La Ley del Señor Perfecta Es»
Esta moderna expresión del Salmo 19:7-11 expresa la perfección de la palabra de Dios en varias maneras diferentes y muestra varios aspectos de su aplicación a nuestras vidas.
La ley de Dios perfecta es.
Convierte al pecador.
Su testimonio es tan fiel Que al simple iluminó.
Los mandamientos del Señor Dan gozo al corazón;
Tan puro su precepto es Que aclara la visión.
Es limpio el temor de Dios.
Que permanecerá;
Los sabios juicios del Señor.
Son justos, son verdad.
Deseables más que el oro son.
Sus juicios, mucho más;
Aun más dulces que la miel Que fluye del panal.
SALTERIO ESCOCÉS. I9J0. TRAD. N. MARTINEZ. (TOMADO DEL HIMNARIO BAUTISTA, #147)


[1]En términos teológicos a estas copias originales se le llama lo «autógrafos*, usando el prefijo auto-, que quiere decir «mismo», y la raíz gmfo, que quiere decir «escrito», para referirse a una copta escrita por el autor mismo.
[2]Por supuesto, existe b posibilidad tronca de que hubiera algún error de copu en U primera copu que se hizo de una de las Epístolas de Pablo, por ejemplo, y que este error te ha reproducido en todas copias restantes Pero se debe pensar que esto es improbable porque (1) eso exigiría que se hizo sólo una copia del ongmal. y que esa úmea copu fue la base de todas las copias existentes. y (2) nuestro argumento antcnor en cuanto a la ^1^ de Dios pan preservar el canon « vea capítulo i. p. 65, parecería indicar que si tal error ocurrió en efecto, no sería alguno que materialmente afectaría nuestra comprensión de la Biblia La existencia de tal error de copa no se puede ni probar m desprobar, pero especulación aiWvmal en cuanto a ¿I aparte de evidencia contundente no parece ser útil
7Una explicación de esa nooóa se puede hallar en Daniel P. FuDcr •Bemamin B Warfield « Viev» oí Faith and Historv., B£T5 11 (1968 75-83

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