martes, 1 de marzo de 2016

Capitulo 8: Las cuatro características de las Escrituras: (4) Suficiencia



Capitulo 8

Las cuatro características de las Escrituras: (4) Suficiencia

¿Es la Biblia suficiente para saber lo que Dios quiere que pensemos y hagamos?

EXPLICACIÓN Y BASE BÍBLICA
¿Debemos buscar otras palabras de Dios además de las que tenemos en la Bi­bha? La doctrina de la suficiencia de la Bibha considera este asunto.
Podemos definir la suficiencia de la Biblia como sigue La suficiencia de la Biblia quiere decir que la Biblia contiene todas las palabras de Dios que él quería que su pueblo tu­viera en cada etapa de ¡a historia de la redención, y que ahora contiene todo lo que necesita­mos que Dios nos diga para salvación, para confiar en él perfectamente y para obedecerle perfectamente.
Esta definición hace énfasis en que es solo en la Biblia donde debemos buscar las palabras de Dios para nosotros. También nos recuerda que Dios considera que lo que nos ha dicho en la Biblia es suficiente para nosotros, y que debemos regoci­jamos en la estupenda revelación que nos ha dado y estar contentos con ella.
Significativo respaldo bíblico y explicación de esta doctrina se halla en las pala­bras de Pablo a Timoteo: «Desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras, que pue­den darte la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús» (2 Ti 3:15). El contexto muestra que «las Sagradas Escrituras» aquí significan las pa­labras escritas de la Biblia (2 Ti 3:16). Esto es una indicación de que las palabras de Dios que tenemos en la Biblia son todas las palabras de Dios que necesitamos a fin de ser salvos; estas palabras pueden hacemos sabios «para la salvación». Esto lo confirman otros pasajes que hablan de las palabras de la Biblia como los medios que Dios usa para llevamos a la salvación (Stg 1:18; 1 P 1:23).

Otros pasajes indican que la Bibha es suficiente para equipamos para vivir la vida cristiana. Pablo de nuevo le escribe a Timoteo: «Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justi­cia. a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra» (2 Ti 3:16-17).
Aqui Pablo indica que un propósito por el cual Dios hizo que se escribiera la Bi­blia fue capacitamos para que podamos estar «enteramente capacitado para toda buena obra». Si hay alguna «buena obra» que Dios quiere que el creyente haga.
este pasaje indica que Dios ha hecho provisión en su palabra para capacitar al cre­yente para eso. Asi que no hay ninguna «buena obra» que Dios quiera que haga­mos aparte de las que se enseñan en alguna parte en la Biblia; ella puede capacitamos para toda buena obra.
Una enseñanza similar se halla en el Salmo 119: «Dichosos los que van por ca­minos perfectos, los que andan conforme a la ley del Señor»(v. 1). Este versículo mues­tra un equivalente entre ser "perfectos» y «andar conforme a la ley del Señor»; los que son perfectos son los que andan en la ley del Señor. Aqui de nuevo tenemos una indicación de que todo lo que Dios requiere de nosotros consta en su palabra escrita; simplemente hacer todo lo que la Biblia nos ordena es ser intachables a los ojos de Dios.
Para ser moralmente perfectos a los ojos de Dios, entonces, ¿qué debemos ha­cer además de lo que Dios nos ordena en la Biblia? ¡Nada! ¡Nada en absoluto! Si guardamos las palabras de la Bibha seremos «perfectos» y estaremos haciendo «toda buena obra» que Dios espera de nosotros.
Por supuesto, nos damos cuenta de que nunca obedeceremos perfectamente toda la Biblia en esta vida (vea Stg 3:2; 1 Jn 1:8-10; y el cap. 24, más adelante). Así que al principio pudiera parecer que no es muy significativo decir que todo lo que tenemos que hacer es lo que Dios nos ordena en la Biblia, puesto que nunca podre­mos obedecerla en su totalidad en esta vida. Pero la verdad de la suficiencia de la Bibha es de gran significación para nuestra vida cristiana, porque nos capacita para enfocar nuestra búsqueda de las palabras de Dios para nosotros sólo en la Biblia y nos ahorra la interminable tarea de buscarlas en todos los escritos de los cristianos en toda la historia, o en toda las enseñanzas de la iglesia, o en todos los sentimien­tos e impresiones subjetivas que vienen a nuestra mente día tras día, a fin de hallar lo que Dios requiere de nosotros. En un sentido muy práctica quiere decir que po­demos arribar a conclusiones claras sobre muchas enseñanzas de la Biblia. Por
1              Esto no tiene la intención de implicar que las impresiones subjetivas de la voluntad de Dios son inútiles o que se deban ignorar Eso sugeriría una noción casi deísta de que Dios (no) interviene en las vidas de sus hijos y una noción más bien mecánica o impersonal de su dirección. Dios puede usar, y en efecto usa. impresiones subjetivas de su voluntad para recordamos y animamos, y a menudo para impulsar nuestros pensamientos en la dirección apropiada en muchas decisiones rápidas que tomamos tndo el dia; y es la Biblia en si misma la que nos dice en cuanto a estos factores subjetivos en la dirección vea Hch 16:f»-7; Ro 8 9. 14, 16; Gá 5:16-18. 25). Sin embargo es­tos versiculos sobre la suficiencia de la Biblia nos enseñan que ules impresiones subjetivas pueden tan sólo recor- Juntos normas morales que ya están en la Riblta. o traer a la mente hechos que nosotros (por lo menos en teoría) podríamos haber sabido o sabíamos de otra manera, nunca pueden añadir a los mandamientos de la Biblia, o reemplazar la Biblia para definir cuál es la voluntad de Dios, o ser igual a la Biblia en autoridad en nuestras vidas
Debido a que personas Je toda clase de tradiciones cristianas han cometido serios errores cuando se han senti­do confiados de que Dios Ies estaba «guiando los» a tomar una decisión en particular, es importante recordar que. excepto en donde un pasaje explícito de la Biblia se aplica directamente a una situación, nunca podemos tener el ciento por ciento de certeza en esta vida de que sabemos cuál es la voluntad de Dios en una situación. Podemos tener sólo grados vanados de confianza en diferentes situaciones Aunque nuestra capacidad para discernir la vo­luntad de Dios debe aumentar conforme crecemos en la madurez cristiana, inevitablemente cometeremos algu­nos errores. Respecto a esto he hallado útil una trase de Edmund Clowney. «El grado de certeza que tenemos respecto a la voluntad de Dios en una situación es directamente proporcional al grado de claridad que tenemos en cuanto a cómo la palabra de Dios se aplica a la situación* de una conversación personal. noviembre 1992).
ejemplo, aunque requiere algo de trabajo, es posible hallar todos los pasajes bíbli­cos que son directamente pertinentes al tema del matrimonio y divorcio, o las responsabilidades de los padres para con los hijos, o las relaciones entre el creyente y el gobierno dvil.
Esta doctrina significa, aún más. que es posible compilar todos los pasajes que se relacionan directamente con asuntos doctrinales como la expiación, o la perso­na de Cristo, o la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente hoy. En estas y cientos de otras cuestiones morales y doctrinales, la enseñanza bíblica en cuanto a la suficiencia de la Biblia nos da confianza de que podremos hallar lo que Dios nos exige que pensemos y hagamos en estas cuestiones. En muchas de estas cuestiones podemos lograr confianza de que nosotros, junto con la vasta mayoría de la iglesia a través de la historia, hemos hallado y formulado correctamente lo que Dios quie­re que pensemos o hagamos. Dicho en forma sencilla, la doctrina de la suficiencia de la Biblia nos dice que es posible estudiar teología sistemática y ética, y hallar respuestas a nuestras preguntas.
En este punto diferimos de los teólogos católicos romanos, que dirían que no hemos hallado todo lo que Dios nos dice en cuanto a un tema en particular mien­tras no hayamos escuchado la enseñanza oficial de la iglesia en toda su historia. Nosotros responderíamos que aunque la historia de la iglesia puede ayudamos a entender lo que Dios nos dice en la Biblia, jamás en la historia de la iglesia Dios ha añadido a las enseñanzas o mandamientos de la Biblia; en ninguna parte en la histo­ria de la iglesia fuera de la Bibha Dios ha añadido algo que nos exija que creamos o hagamos. La Bibha es suficiente para equipamos para «toda buena obra», y andar en sus caminos es ser «perfectos» a los ojos de Dios.
En este punto también diferimos de los teólogos no evangélicos que no están convencidos de que la Bibha es la Palabra de Dios en un sentido único y absoluta­mente autoritativo, y que por consiguiente buscarían no sólo en la Biblia sino tam­bién en muchos otros de los primeros escritos cristianos en un esfuerzo por hallar no tanto lo que Dios le dijo a la humanidad sino más bien lo que muchos cristianos ini­ciales experimentaron en su relación con Dios. Ellos no esperarían llegar a una sola conclusión unificada en cuanto a lo que Dios quiere que pensemos o hagamos res­pecto a un asunto en particular, sino descubrir una variedad de opiniones y puntos de vista compilados alrededor de ideas principales unificadoras. Todos los puntos de vista sostenidos por los primeros cristianos en alguna de las primeras iglesias se­rían potencialmente puntos de vista válidos para que los cristianos los sostengan hoy también. A esto replicaríamos que nuestra búsqueda de respuestas a cuestio­nes teológicas y éticas no es una búsqueda para saber lo que varios creyentes han pensado en la historia de la iglesia, sino una búsqueda para hallar y entender lo que Dios mismo nos dice en sus propias palabras, que se hallan en la Biblia y sólo en la Biblia.
La doctrina de la suficiencia de la Bibha no implica que Dios no pueda añadir otras palabras a las que ya le ha dicho a su pueblo. Más bien implica que el hombre no puede añadir por iniciativa propia otras palabras a las que Dios ya ha dicho. To­davía más, implica que de hecho Dios no le ha dicho a los seres humanos ninguna otra palabra que nos exija que creamos u obedezcamos aparte de las que ya tenemos ahora en la Bibha.
Este punto es importante, porque nos ayuda a entender cómo Dios pudo decir­le a su pueblo que sus palabras para ellos eran suficientes en muchos puntos dife­rentes en la historia de la redención, y cómo él pudo no obstante añadir otras palabras más adelante. Por ejemplo, en Deuteronomio 29:29 Moisés dice: «Lo se­creto le pertenece al Señor nuestro Dios, pero lo revelado nos pertenece a noso­tros y a nuestros hijos para siempre, para que obedezcamos todas las palabras de esta ley».
Este versículo nos recuerda que Dios siempre ha tomado la iniciativa para reve­lamos cosas. Él ha decidido qué revelar y qué no revelar. En cada etapa de la histo­ria de la redención, lo que Dios había revelado era para su pueblo en ese tiempo, y ellos debían estudiar, creer y obedecer esas cosas. Con progreso ulterior en la his­toria de la redención, se añadieron más palabras de Dios que registraban e inter­pretaban esa historia (vea el capitulo 3 respecto al desarrollo del canon).
De este modo, al tiempo de la muerte de Moisés los primeros dnco libros de nuestro Antiguo Testamento fueron suficientes para el pueblo de Dios en ese tiempo. Pero Dios dirigió a autores posteriores para añadir más de modo que las Escrituras fueran suficientes para los creyentes en tiempos subsiguientes. Para los cristianos de hoy, las palabras de Dios que tenemos en el Antiguo y Nuevo Testa­mentos juntos son suficientes para nosotros durante la edad de la iglesia. Después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, y la fundación de la iglesia primi­tiva según se registra en el Nuevo Testamento, y la compilación de los libros del canon del Nuevo Testamento, no ha tenido lugar ningún otro ano central reden­tor de Dios en la historia (actos que tienen pertinencia directa para todo el pueblo de Dios en el futuro), y por consiguiente no nos ha sido dada ninguna otra palabra de Dios para registrar esos actos e interpretárnoslos.
Esto quiere decir que podemos citar pasajes bíblicos de todo el canon para mos­trar que el principio de la suficiencia de la revelación de Dios a su pueblo en cada momento en particular ha seguido siendo el mismo. En este sentido, estos versícu­los que hablan en cuanto a la suficiencia de la Biblia en periodos anteriores tam­bién se aplican directamente a nosotros, aunque el tamaño de la Biblia ahora es mayor que el tamaño de las Escrituras a que se referían en su escenario original. Los siguientes pasajes bíblicos, pues, se aplican a nosotros también en ese sentido:
No añadanquiten palabra alguna a esto que yo les ordeno. Más bien, cumplan los man­damientos del Señor su Dios i Dt 4:2 ;.
Cuídate de poner en práctica todo lo que te ordeno, jin añadir ni quitar nada (Dt 12:32).
Toda palabra de Dios es digna de crédito: Dios protege a los que en él buscan refu­gio. No añadas nada a sus palabras, no sea que te reprenda y te exponga como a un mentiroso (Pr 30:5-6).

A todo el que escuche las palabras del mensaje prolético de este libro le advierto esto: Si alguno le añade algo. Dios le añadirá a él las plagas descritas en este libro. Y si alguno quita palabras de este libro de profecía. Dios le quitará su pane del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro (Ap 22:18-19).
D.   Aplicaciones prácticas de la suficiencia de las Escrituras
La doctrina de la suficiencia de Escrituras tiene varías aplicaciones prácticas a nuestra vida cristiana. La siguiente lista tiene el propósito de ser útil pero no exhaustiva.
1.   La suficiencia de la Bibha debe animamos al tratar de descubrir lo que Dios quisiera que pensemos (en cuanto a algún asunto doctrinal en particular) o que ha­gamos (en una situación en particular). Debemos sentimos animados porque todo lo que Dios quiere decimos respecto a ese asunto se halla en la Biblia. Esto no quie­re dedr que la Bibha responda a todas las preguntas que podamos concebir, por­que «Lo secreto le pertenece al Señor nuestro Dios» Dt 29:29); pero sí significa que cuando nos vemos frente a un problema de importanda genuina en nuestra vida cristiana, podemos acercamos a la Bibha con la confianza de que en ella Dios nos proveerá dirección en ese problema.
Habrá, por supuesto, ocasiones cuando la respuesta que hallamos es que la Bi­bha no dice nada directamente sobre nuestra pregunta. (Este sería el caso, por ejemplo, si tratamos de hallar en la Biblia cuál es el «orden del culto» que debemos seguir los domingos por la mañana, o si es mejor arrodillarse o tal vez ponerse de pie cuando oramos, o a qué hora debemos servimos nuestras comidas durante el día, etc.). En esos casos, podemos concluir que Dios no nos exige que pensemos o que actuemos de cierta manera respecto a ese asunto (excepto, tal vez. en térmi­nos de principios más generales respecto a nuestras actitudes y metas). Pero en muchos otros casos hallaremos dirección directa y clara del Señor para capacitar­nos para «toda buena obra» (2 Ti 3:17).
Conforme avanzamos en la vida, la práctica frecuente de buscar en la Biblia di­rección resultará en una capacidad credente de hallar respuestas precisas, formula­das cuidadosamente, a nuestros problemas y preguntas. El crecimiento a lo largo de la vida en la comprensión de la Biblia incluirá, pues, crecimiento en la habilidad de entender apropiadamente las enseñanzas de la Biblia y aplicarlas a cuestiones específicas.
2.  La suficiencia de la Biblia nos recuerda que no debemos añadirle nada a la Biblia y que no debemos darle a otro escrito igual valor que a la Biblia. Casi toda religión falsa o secta viola este prindpio. Los mormones, por ejemplo, aducen creer en la Bibha, pero también conceden autoridad divina a El Libro de Mormón. Los que siguen la Cienda Cristiana similarmente aducen creer en la Biblia, pero en la práctica consi­deran que el libro Ciencia y salud con clave a la Biblia por Mary Baker Eddy, está a la par de la Biblia y por endma de ella en autoridad. Puesto que estas afirmadones

violan los mandamienros de Dios de no añadir a sus palabras, no debemos pensar que en estos escritos se pueda hallar alguna palabra adicional de Dios para noso­tros. Incluso en iglesias cristianas a veces se comete un error similar cuando hay quienes van más allá de lo que la Biblia dice y afirman con gran confianza ideas nuevas en cuanto a Dios, o el cielo, basando su enseñanza no en la Biblia sino en su propia especulación o incluso en experiencias que aducen de haber muerto y haber regresado a la vida.
3.   La suficiencia de la Biblia también nos dice que Dios no nos exige que creamos nada en cuanto a si mismo o su obra redentora que no se halla en la Biblia. Entre los escri­tos de la época de la iglesia primitiva hay algunas colecciones de dichos que su­puestamente dijo Jesús y que no fueron preservados en los Evangelios. Es probable que por lo menos algunos de estos «dichos de Jesús» que se halla en esos escritos sean en realidad registros precisos de cosas que Jesús en efecto dijo (aun­que ahora para nosotros es imposible determinar con algún alto grado de probabi­lidad cuáles serian esos dichos i. Pero en realidad no importa para nada en nuestra vida cristiana que jamás leamos alguno de esos dichos, porque Dios ha hecho que se anote en la Biblia todo lo que necesitamos saber de las palabras y obras de Jesús a fin de confiar en él y obedecerle perfectamente. Aunque estas colecciones de di­chos tienen algún valor limitado en la investigación lingüistica y tal vez para el es­tudio de la historia de la iglesia cristiana, no tienen ningún valor directo para nosotros para aprender lo que debemos creer en cuanto a la vida y enseñanzas de Cristo, o para formular nuestras convicciones doctrinales y éticas.
4.   La suficiencia de la Biblia nos muestra que no debemos colocar ninguna revela­ción moderna de Dios en nivel igual de autoridad al de la Biblia. En varias ocasiones en toda la historia de la iglesia, y particularmente en el movimiento carismático mo­derno, ha habido quienes han aducido que Dios ha dado revelaciones por medio de ellos para beneficio de la iglesia. Sin embargo, como quiera que evaluemos tales afirmaciones, debemos tener cuidado de nunca permitir (ni en teoría ni en la prác­tica) que se coloquen tales revelaciones a igual nivel que la Biblia.4 Debemos insis­tir en que Dios no nos exige que creamos nada en cuanto a si mismo o su obra en el mundo que esté contenido en esas revelaciones pero no en la Biblia; y debemos in­sistir que Dios no nos exige que creamos u obedezcamos ninguna directiva moral que nos venga mediante tales medios pero que la Biblia no confirma. La Bibha contiene todo lo que necesitamos que Dios nos diga para confiar en él y obedecerle perfectamente.’
También se debe notar en este punto que siempre que han surgido desafios a la suficiencia de la Bibha en forma de otros documentos que se pretende colocar junto a la Biblia (sea de literatura cristiana extrabiblica del primer siglo o de las en­señanzas acumuladas de la Iglesia Católica Romana, o de libros de sectas como el Libro de Mormón), el resultado siempre ha sido (1) restarle énfasis a las enseñanzas de la Biblia misma y (2) empezar a enseñar algunas cosas que son contrarias a la Bi­bha. Este es un peligro respecto al cual la iglesia siempre debe estar consciente.
5.  Con respecto a vivir la vida cristiana, la suficiencia de la Biblia nos recuerda que nada es pecado si no está prohibido por la Biblia bien sea explícitamente o por implica­ción. Andar en la ley de Dios es ser «perfecto» (Sal 111:1). Por consiguiente no debe­mos añadir prohibiciones a las que ya se indican en la Biblia. De tiempo en tiempo puede haber situaciones en las que podría estar mal. por ejemplo, que el creyente tome café o Coca-Cola, o que vaya al cine, o que coma carne ofrecida a los ídolos (vea 1 Co 8—10), pero a menos que se pueda mostrar alguna enseñanza especifica
0    algún principio general de la Biblia que prohíba estas cosas (o cualquier otra acti­vidad) para todos los creyentes, de todos los tiempos, debemos insistir que estas actividades no son pecado en sí mismas y que Dios no prohíbe esas cosas en toda situación para su pueblo.
Este es también un principio importante porque siempre hay en los creyentes una tendencia a empezar a descuidar la búsqueda diaria regular en la Biblia de di­rección y empezar a vivir según un conjunto de reglas escritas o tácitas (o tradicio­nes denominacionales) respecto a lo que uno hace o no hace en la vida cristiana.
Es más, siempre que añadimos algo a la lista de pecados que prohíbe la Bibha misma, se le hace daño a la iglesia y a la vida de los creyentes como individuos. El Espíritu Santo no dará poder para la obediencia a reglas que no tienen aprobación de Dios en la Bibha. ni tampoco los creyentes en general hallarán deleite en la obe­diencia a mandamientos que no están de acuerdo con las leyes de Dios escritas en sus corazones. En algunos casos los creyentes pueden repetida y fervientemente suplicarle a Dios «victoria» sobre supuestos pecados que en realidad no son peca­dos de ninguna manera, y sin embargo no se les dará ninguna «victoria», porque la actitud o acción en cuestión no es un pecado y no desagrada a Dios. Gran desalien­to en la oración y frustración en la vida cristiana puede ser generalmente el resultado.
En otros casos lo que resulta es la desobediencia continuada o incluso creciente a estos nuevos «pecados», junto con un falso sentido de culpa y alejamiento de Dios. A menudo surge una creciente insistencia rígida y legalista a estas nuevas reglas de parte de los que en efecto las siguen, y la comunión genuina entre los cre­yentes en la iglesia disminuye. A menudo la evangelización queda sofocada, por­que la proclamación silenciosa del evangelio que resulta de la vida de los creyentes por lo menos parecerá (a los de afuera) que incluye el requisito adicional de que uno debe encajar en este patrón uniforme de vida a fin de llegar a ser miembro del cuerpo de Cristo.
Un claro ejemplo de tales adiciones a los mandamientos de la Biblia se halla en la oposición de la Iglesia Catóhca Romana a los métodos «artificiales» del control de nacimientos, oposición que no tiene ningún respaldo válido en la Bibha. El re­sultado ha sido una desobediencia ampliamente extendida, alejamiento y culpa fal­sa. Sin embargo es tal la propensión de la naturaleza humana a hacer tales reglas que probablemente se podría hallar otros ejemplos en tradiciones escritas o tácitas de casi cualquier denominación.
6.   La suficiencia de la Bibha también nos dice que Dios no nos exige nada que no esté ordenado en la Biblia explícitamente o por implicación. Esto nos recuerda que el en­foque de nuestra búsqueda de la voluntad de Dios debe estar en la Bibha, antes que en buscar dirección mediante oración por circunstancias cambiadas o sentimien­tos alterados, o dirección directa del Espíritu Santo aparte de la Biblia. También quiere decir que si alguien aduce tener un mensaje de Dios diciéndonos lo que de­bemos hacer, nunca debemos dar por sentado que es pecado desobedecer tal men­saje a menos que pueda quedar confirmado por la aplicación de la misma Bibha a nuestra situación.
El descubrimiento de esta gran verdad podria dar tremenda alegría y paz a la vida de miles de creyentes que, gastando incontables horas procurando hallar la voluntad de Dios fuera de la Bibha, a menudo no tienen certeza de si la han halla­do. Es más, muchos creyentes hoy tienen escasa confianza en su capacidad para descubrir la voluntad de Dios con algún grado de certeza. Asi que hay escaso es­fuerzo por hacer la voluntad de Dios (porque, ¿quién puede saberla?) y poco crecimiento en santidad delante de Dios.
Lo opuesto debería ser la verdad. Los creyentes que están convencidos de la su­ficiencia de la Bibha deberían empezar anhelantemente a buscar y hallar la volun­tad de Dios en la Biblia. Deberían con anhelo y regularmente crecer en obediencia a Dios, y experimentar gran libertad y paz en la vida cristiana. Entonces podrían decir con el salmista:
Por toda la eternidad
obedeceré fielmente tu ley.
Viviré con toda libertad.
porque he buscado tus preceptos. ...
Los que aman tu ley disfrutan de gran bienestar, y nada los hace tropezar (Sal 119: 44-45, 165).
7.  La suficiencia de la Biblia nos recuerda que en nuestra enseñanza doctrinal y ética debemos hacer énfasis en lo que la Biblia hace énfasis y estar contentos con lo que Dios nos ha dichola Biblia. Hay algunos temas respecto a los cuales Dios nos ha dicho muy poco o nada en la Bibha. Debemos recordar que «lo secreto le pertene­ce al Señor nuestro Dios» (Dt 29:29) y que Dios nos ha revelado en la Biblia exacta­mente lo que consideró apropiado para nosotros. Debemos aceptar esto y no pensar que la Bibha es algo menos de lo que debería ser. ni empezar a desear que Dios nos hubiera dado mucha más información en cuanto a temas sobre los cuales hay muy pocas referencias bíblicas. Por supuesto, habrá algunas situaciones en las que nos vemos confrontados con un problema en particular que requiere gran atención, mucho más que el énfasis que recibe en la enseñanza de la Bibha. Pero esas situaciones deben ser relativamente infrecuentes y no deberían ser representativas del curso general de nuestras vidas o ministerios
Es característica de muchas sectas martillar porciones o enseñanzas oscuras de la Bibha (uno piensa en el énfasis mormón en el bautismo por los muertos, tema que se menciona sólo en un versículo de la Biblia 1 Co 15:211, en una frase cuyo significado exacto ahora es evidentemente imposible de determinar con certeza). Pero un error similar lo cometió toda una generación de eruditos liberales del Nuevo Testamento en la primera parte del siglo pasado, que dedicaron la mayor parte de su vida académica a una búsqueda inútil de las fuentes «detrás» de nues­tras narraciones presentes de los Evangelios o la búsqueda de los «auténticos» dichos de Jesús.
Desdichadamente, un patrón similar ha tenido lugar demasiado a menudo en­tre evangélicos dentro de varias denominaciones. Los asuntos doctrinales que han dividido a las denominaciones protestantes evangélicas entre si casi uniformemen­te han sido asuntos sobre los cuales la Biblia pone relativamente poco énfasis, y asuntos en los cuales nuestras conclusiones se deben derivar de inferencia hábil mucho más que de afirmaciones bíblicas directas. Por ejemplo, ha habido o se han mantenido diferencias denominacionales respecto a la forma «apropiada» de go­bierno de la iglesia, la exacta naturaleza de la presencia de Cristo en la Cena del Se­ñor, la secuencia exacta de los eventos que rodearán el retomo de Cristo, el tipo de personas que se deben admitir en la cena del Señor, la manera en que Dios planeó que los méritos de la muerte de Cristo se apliquen a los creyentes y no a los que no creen, los candidatos apropiados para el bautismo, la correcta comprensión del «bautismo en el Espíritu Santo», etcétera.
No debemos decir que estos asuntos no tienen ninguna importancia, ni tampo­co debemos decir que la Bibha no dé solución a ninguno de ellos (en verdad, con respecto a muchos de ellos se defenderá una solución específica en otros capítulos de este libro). Sin embargo, puesto que todos estos temas reciben relativamente es­caso énfasis directo en la Biblia es irónico y trágico que dirigentes denominacionales a menudo dediquen gran pane de su vida a defender precisamente puntos doctri­nales menores que hacen a sus denominaciones diferentes de otras. ¿Está realmen­te tal esfuerzo motivado por el deseo de lograr unidad de comprensión en la iglesia, o acaso pudiera brotar en alguna medida del orgullo humano, de un deseo de retener poder sobre otros, o de un intento de autojustificación. lo cual desagra­da a Dios y a la larga no edifica para nada a la iglesia?
1.    En el proceso de crecer en la vida cristiana y ahondar su relación con Dios, ¿aproximadamente cuanto énfasis ha puesto usted en la lectura de la Biblia misma y cuanto a leer otros libros cristianos? Al procurar saber la voluntad de Dios para su vida diaria, ¿cuál es el énfasis relativo que usted asigna a leer la Biblia misma o a leer otros libros cristianos? ¿Piensa usted que la doctrina de la suficiencia de la Biblia le hará poner mis énfasis en leer la Bibha mis­ma?
2.    ¿Cuáles son algunos asuntos doctrinales o morales respecto a los cuales us­ted tiene preguntas? ¿Ha aumentado este capitulo su confianza en la capaci­dad de la Bibha para dar una respuesta clara a alguna de esas preguntas?
3.    ¿Alguna vez ha querido que la Biblia dijera más de lo que dice respecto a al­gún tema? ¿O menos? ¿Qué piensa que motivó ese deseo? Después de leer este capítulo, ¿qué le diría usted a alguien que expresara tal deseo hoy? ¿Có­mo se muestra la sabiduría de Dios en el hecho de que él escogió no hacer la Biblia ni mucho más larga ni mucho más corta de lo que es?
4.    Si la Biblia contiene todo lo que necesitamos que Dios nos diga para obede­cerle perfectamente, ¿cuál es el papel de lo siguiente para ayudamos a hallar la voluntad de Dios por nosotros mismos: consejo de otros, sermones o cla­ses bíblicas, nuestra conciencia, nuestros sentimientos, la dirección del Espí­ritu Santo al percibirle impulsando nuestros deseos internos e impresiones subjetivas, los cambios de circunstancias, el don de profecía (si usted piensa que puede existir hoy)?
5.    A la luz de este capítulo, ¿cómo podría usted hallar la voluntad «perfecta» de Dios para su vida? ¿Es posible que podría haber más de una alternativa «per­fecta» en muchas decisiones que tomamos? (Considere Sal 1:3 y l Co 7:39 al buscar la respuesta).
6.    ¿Han habido ocasiones cuando usted ha entendido los principios de la Bibha lo suficiente respecto a una situación específica pero no ha sabido los hechos de la situación lo suficiente para saber cómo aplicar correctamente esos principios bíblicos? Al procurar saber la voluntad de Dios, ¿puede haber otras cosas que necesitamos saber excepto (a) la enseñanza de la Bibha y (3) los hechos de la situación en cuestión, junto con (c) habilidad para aplicar (a) a (b) correctamente? ¿Cuál es, entonces, el papel de la oración al buscar di­rección? ¿Por qué cosas debemos orar?
perfecto
suficiencia de la Bibha
(Para una explicación de esta bibliografía vea la nota sobre la bibliografía en el capitulo
1. p. 40. Datos bibliográficos completos se pueden encontrar en las páginas 1298-1307.)

Secciones en Teologías Sistemáticas Evangélicas
1.    Anglicana (episcopal)
1930 Thomas. 120-23
2.    Arminiana (wesleyana o metodista )
1875-76 Pope. 1:206-9 1983 Cárter. 1:290-91
3.     Bautista
1767 Gilí, 1:25-30 1983-85 Erickson, 256-59
4.     Dispensacional
1947 Chafer. 1:60
5.     Luterana
1917-24 Pieper. 1:317-19 1934 Mueller. 137-38
6.     Reformada (o presbiteriana)
1559 Calvin. 1:93-96(1.9)
1861 Heppe. 28-31 1871-73 Hodge. 1:182-83 1937-66 Murray. CELG CW 1:16-22; PC 11-26 1938 Berkhof. Inlro
7.     Renovada (o carismática o pentecostal)
1988-92 Williams. 1:43-44
Secciones en Teologías Sistemáticas Católicas Romanas Representativas
1.    Católica Romana: tradicional
1955 Ott (ningún tratamiento explícito)
2.    Católica Romana: Post Vaticano II
1980 McBrien. 1:62-77
Otras obras
Friesen, Garry, yJ. Robín Maxson. Decisión Muking and the Will of God.
Muhnomah, Portland, Ore., 1981.
Packer. J. I. «Scripture». En NDT pp. 627-31.
Weeks. Noel. The Sufficiency of Scripture. Banner of Truth, Edimburgo y Carlisle, Pa. 1988.
PASAJE BÍBLICO PARA MEMORIZAR
Salmo 119:1: Dichosos los que van por caminos perfectos, los que andan conforme a la ley del Señor.
«¡Cuan firme cimiento!»
Pocos himnos, si acaso alguno, tratan específicamente de la suficiencia de la Biblia, tal vez porque los cristianos no se han dado cuenta del gran consuelo y paz que esta doctrina trae a la vida cristiana. Pero la primera estrofa del siguiente himno contiene una afirmación de esta doctrina. Empieza diciéndonos que Dios ha colocado en su palabra un firme ci­miento para nuestra fe. Luego dice: «¿Qué más pudiera en su libro añadir...?» Las prome­sas ricas y plenas de Dios en toda la Biblia son suficientes para todas nuestras necesidades en toda circunstancia. ¡Esto debería ser causa de gran regocijo! Las siguientes estrofas contie­nen citas, paráfrasis, y alusiones a las promesas de Dios que están esparcidas por toda la Bi­blia, muchas de ellas en Isaías. Las estrofas 2 al 4 fueron compuestas como oraciones que son dichas de Dios para nosotros, y cuando las cantamos debemos pensar de nosotros can­tando las palabras de las promesas de Dios a otros en la congregación para su consuelo y estímulo.
¡Cuán firme cimiento se ha dado a la fe De Dios en su eterna palabra de amor!
¿Qué más él pudiera en su libro añadir,
Si todo a sus hijos lo ha dicho el Señor?
¿Si todo a sus hijos lo ha dicho el Señor?
No temas por nada, contigo yo soy;
Tu Dios yo soy solo, tu ayuda seré;
Tu fuerza y firmeza en mi diestra estarán
Y  en ella sostén y poder te daré.
Y  en ella sostén y poder te daré.
No habrán de anegarte las ondas del mar,
Si en aguas profundas te ordenó salir:
Pues siempre contigo en angustias seré,
Y  todas tus penas podré bendecir.
Y  todas tus penas podré bendecir.
La llama no puede dañarte jamás,
Si en medio del fuego te ordeno pasar;
El oro de tu alma más puro será.
Pues solo la escoria se habrá de quemar.
Pues solo la escoria se habrá de quemar.
Al alma que anhele la paz que hay en mí.
Jamás en sus luchas la habré de dejar;
Si todo el infierno la quiere perder.
¡Yo nunca, no. nunca, la puedo olvidar!
¡Yo nunca, no, nunca, la puedo olvidar!
AUTOR. JOHN RIPPON, TRAD. VICENTE MENDOZA.
(TOMADO DE EL NUEVO HIMNARIO POPULAR #319)

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