miércoles, 2 de marzo de 2016

Capítulo 7 Las cuatro características de las Escrituras: (3) Necesidad

Capítulo 7

Las cuatro características de las Escrituras: (3) Necesidad

¿Para qué es necesaria la Biblia? ¿Cuánto pueden las personas saber de Dios sin la Biblia?

¿Necesitamos tener la Biblia, o tener alguien que nos diga lo que la Biblia dice, a fin de saber que Dios existe? ¿La necesitamos para saber que somos pecadores que necesitan salvación? ¿La necesitamos para saber cómo hallar la sal vación? ¿La nece­sitamos para conocer la voluntad de Dios en cuanto a nuestra vida? Preguntas como estas son las que una investigación de la necesidad de la Biblia intenta contestar.
EXPLICACIÓN Y BASE BÍBLICA
La necesidad de la Bibha se puede definir como sigue: Tener necesidad de la Biblia quiere decir que necesitamos la Biblia para conocer el e\-angeho, para mantener la vida es­piritual y para conocer la voluntad de Dios, pero no la necesitamos para saber que Dios existe ni para saber algo en cuanto al carácter de Dios y sus leyes morales.
Esa definición ahora se puede explicar en sus varías partes. 


A.   La Biblia es necesaria para conocer el evangelio
En Romanos 10:13-17 Pablo dice:
Porque «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo». Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oidof ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique? . Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cnsto.
Esta afirmación sigue la siguiente linea de razonamiento: (1) Primero, da por sentado que uno debe invocar el nombre del Señor para ser salvo. (En el uso pauli­no generalmente y en este contexto específico [ vea v. 9J. «el Señor» se refiere al
tCocno indican secciones subsiguientes. cumio esta definumn Jbcr que la Biblia es necesaria para ciertas co­mí. no quiero tmpbcar que en realidad sea necesario un ejemplar impmo de la Biblia para cada persona, porque alguno» oyen la Bibha leída en vea alta u oyen a otros que lo dicen algo del contenido de La Bibha. Pero tncluso es­tas comunicaciones orales del contenido de la Bibha le basa en la existencia de ctemplares escritos de la Bibha a ks cuales otros tienen acceso

Señor Jesucristo). (2) Una persona sólo puede invocar el nombre de Cristo si cree en él (es decir, que él es un Salvador digno de invocar y que responderá a los que le invocan). (3) Nadie puede creer en Cristo a menos que haya oido de él. (4) Nadie puede oír de Cristo a menos que alguien le hable de Cristo (un «predicador»). (5) La conclusión es que la fe que salva viene por el oír (es dedr. por oír el mensaje del evangelio), y este oír el mensaje del evangelio viene mediante la predicación de Cristo. La implicación parece ser que sin oír la predicación del evangelio de Cristo nadie puede ser salvo.'
Este pasaje es uno de los varios que muestran que la salvación eterna viene sólo mediante la creencia en Cristo y no hay otro camino. Hablando de Cristo, Juan 3:18 dice: «El que cree en él no es condenado, pero el«jue nc cree ya está condenado por no haber creido en el nombre del Hijo unigénito de Dios*. De manera similar, en Juan 14:6 Jesús dice: *Yo soy el camino, la verdad y la vida Nadie llega al Padre sino por mí».
Pedro, cuando lo llevaron ante el sanedrín, dijo: *En ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el délo otro nombre dado a los hombres mediante el cual po­damos ser salvos» .Hch 4:12 . Por supuesto, la exclusividad de la salvadón por Cristo se debe a que Jesús es el único que murió por nuestros pecados y el único que pudo haberlo hecho. Pablo dice: - Porque hay un solo Dios y un solo mediador en­tre Dios y los hombres. Jesucristo hombre, quien dio su \tda como rescate por todos» (1 Ti 2:5-6). No hay otra manera de recondliamos con Dios que por medio de Cristo, porque no hay otra manera de lidiar con la culpa de nuestros pecados ante un Dios santo.
Pero si las personas solo pueden salvarse por fe en Cristo, alguien pudiera pre­guntar cómo los creyentes bajo el antiguo pacto podían salvarse. La respuesta debe ser que los que se salvaron bajo el antiguo pacto también se salvaron me­diante la fe en Cristo, aunque su fe fue una fe que miraba hacia adelante basada en la Palabra de Dios que prometía el advenimiento de un Mesías o un Redentor. Hablando de creyentes del Antiguo Testamento como Abel, Enoc, Noé, Abraham y Sara, el autor de Hebreos dice: «Todos ellos vivieron por la Jé, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos ...»(Heb 11:13). El mismo capítulo pasa a decir que Moisés «consideró que el oprobio por causa del Me­sías (o Cristo) era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mi­rada puesta en la recompensa» (Heb 11:26). Y Jesús puede decir de Abraham: «Abraham. el padre de ustedes, se regocijó al pensar que vería mi día; y lo vio y se alegró» (jn 8:56). Esto, de nuevo, evidentemente se refiere a la alegría de Abraham al mirar hada adelante al día del Mesías prometido. De este modo, incluso los cre­yentes del Antiguo Testamento tuvieron fe salvadora en Cristo, a quien miraban
-Alguien podrU objetar que el versículo que ttguc. RoltM*. «I alar Sal 1» 4 -por toda la tierra resuena su eco. tu» palabras llegan hasta los confines del mundo* rmphca que toda persona en todas panes ya ha oído el mensaje del evangebo el mensaje de Cristo Pero en el contesto del Salmo 1» el versículo 4 sólo habla del hecho de que la creación natural, especialmente los cielos, proclaman la gkma de Dtof r la grandeza de su actividad creadora No hay pensamiento aquí de la proclamación de salvación por medio de Cnsto La idea de que toda persona en toda pane haya oído el evangeho de Cristo mediante la reveiaoóo natural tena contraria a las actividades misioneras de Pablo
*Sobrc la cuestión de n es justo que Dios condene a ios que nunca han oido de Cnsto. vea la espbcaoón en el capitulo 19. pp 402-3. y capitulo J2. pp 612-fiJ.

por delante, no con el conocimiento exacto de los detalles históricos de la vida de Cristo, sino con gran fe en la absoluta contabilidad de la promesa de Dios.
La Bibha es necesaria para la salvación, entonces, en este sentido: uno debe o bien leer el mensaje del evangelio en la Biblia por uno mismo, u oírlo de otra per­sona. Incluso los creyentes que llegaron a la salvación en el antiguo pacto lo hicie­ron confiando en las palabras de Dios con que prometió un Salvador
Es más, estas repetidas instancias de personas que confiaron en las palabras de la promesa de Dios, junto con los versiculos mencionados arriba que afirman la necesidad de oir de Cristo y creer en él. parecen indicar que los pecadores necesi­tan más sobre qué apoyar su fe que simplemente una idea intuitiva de que Dios tal vez pudiera proveer un medio de salvación Parece que el único cimiento sufi­ciente firme para apoyar uno la fe es la palabra misma de Dios (sea hablaba o es­crita). Esto, en los tiempos más antiguos vino en una forma muy breve, pero desde el mismo principio tenemos evidencia de palabras de Dios que prometían la salvación que vendría, palabras en las que confiaron los que Dios llamó a si mismo.
Por ejemplo, incluso en la vida de Adán y Eva hay palabras de Dios que señalan hada una salvadón futura; en Génesis 3:15 la maldición a la serpiente induye una promesa de que la simiente de la mujer (uno de sus descendientes) aplastaría la ca­beza de la serpiente pero él mismo caería herido en el proceso, promesa que un día se cumplió en Cristo. El hecho de que los dos primeros hijos de Adán y Eva. Caín y Abel, ofrederon sacrifidos al Señor (Gn 4:3-41 indica que tenían condenaa de la necesidad de hacer algún tipo de pago por sus pecados y de la promesa de Dios de aceptar los sacrifidos que ofrederan de manera apropiada. Génesis 4:7: «Si hideras lo bueno, podrías andar con la frente en alto» expresa de nuevo de manera breve palabras de Dios en que ofreda algún tipo de salvación al que confiara en la prome­sa de Dios. Conforme progresaba la historia del Antiguo Testamento, las palabras de Dios que expresaban promesas se iban haciendo cada vez más especificas, y la fe del pueblo de Dios que miraba hacia delante se fue haciendo cada vez más defini­da. Sin embargo, siempre parece haber habido una fe apoyada específicamente en las palabras del mismo Dios.
Así que, aunque más adelante se argumentará que aparte de la Biblia las perso­nas pueden saber que Dios existe y pueden saber algo de sus leves, parece que no hay posibilidad de llegar a tener una fe que salva aparte del conocimiento específico de las palabras de la promesa de Dios.
B.  La Biblia es necesaria para mantener la vida espiritual
Jesús dijo en Mateo 4:4 (atando Dt 8:3): No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Aquí Jesús indica que nuestra vida es­piritual se mantiene medíante la alimentación diana con la Palabra de Dios, tal como nuestra vida física se mantiene por la nutrición diana con alimento fisico. Descuidar la lectura regular de la palabra de Dios es perjudicial para la salud del alma, así como descuidar el alimento fisico es perjudicial para la salud de nuestro cuerpo.
De modo similar. Moisés le dice al pueblo de Israel la importancia de las pala­bras de Dios para la vida: «Porque no son palabras vanas para ustedes, sino que de ellas depende su vida; por ellas vivirán mucho tiempo en el territorio que van a po­seer al otro lado del Jordán • Dt 32:47); y Pedro anima a los creyentes a quienes Ies escribe didéndoles: «Deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños re­cién nacidos. Asi. por medio de ella, crecerán en su salvación» (1 P 2:2). La «leche pura de la palabra» en este contexto se debe referir a la Palabra de Dios de la cual Pedro ha estado hablando vea 1 P 1.23-251. La Bibha, entonces, es necesaria para mantener la vida espiritual y para el crecimiento en la vida cristiana.
C.   La Biblia es necesaria para el conocimiento certero de la voluntad de Dios
Más adelante se explicará que toda persona que jamás ha nacido tiene algún co­nocimiento de la voluntad de Dios mediante su conciencia Pero este conocimien­to a menudo es indistinto y no puede dar certeza. A decir verdad, si no hubiera palabra de Dios esenta. no podríamos tener certeza en cuanto a la voluntad de Dios por otros medios tales como la conciencia, el consejo de otros, el testimonio inter­no del Espíritu Santo, circunstancias cambiantes, y el uso de razonamiento santifi­cado y sentido común. Todo esto puede damos una aproximación a la voluntad de Dios en maneras más o menos confiables, pero de estos medios por sí solos no se puede lograr ninguna certeza en cuanto a la voluntad de Dios, por lo menos en un mundo caído en donde el pecado distorsiona nuestra percepción del bien y el mal. inserta razonamiento defectuoso en nuestro proceso de pensamiento, y nos hace suprimir de tiempo en tiempo el testimonio de nuestra conciencia (cf.Jer 17:9; Ro 2:14-15; 1 Co8:10; Heb 5:14; 10:22; también 1 Ti 4:2; Tit 1:15).
En la Biblia, sin embargo, tenemos afirmaciones claras y definitivas en cuanto a la voluntad de Dios. Dios no nos ha revelado todas las cosas, pero sí nos ha revela­do lo suficiente para que sepamos su voluntad: «Lo secreto le pertenece al Señor nuestro Dios, pero lo revelado nos pertenece a nosotros y a nuestros hijos para siempre, para que obedezcamos todas las palabras de esta ley» (Dt 29:29). Como fue en el tiempo de Moisés, asi lo mismo con nosotros ahora: Dios nos ha revelado sus pala­bras para que podamos obedecer sus leyes y por consiguiente hacer su voluntad. Los que son «intachables» ante Dios son «los que andan conforme a la ley del Señor» (Sal 119:1). El hombre -dichoso» es el que no sigue la voluntad de los malos (Sal 1:1), sino que se deleita «en la ley del Señor», y medita en la ley de Dios «dia y noche» (Sal 1:2). Amar a Dios i y por lo tanto actuar de una manera que le agrade a él) es «guardar sus mandamientos» < 1 Jn 5:3). Para tener conocimiento cierto de la voluntad de Dios, entonces, debemos procurarlo mediante el estudio de la Bibha.
De hecho, en cierto sentido se puede afirmar que la Biblia es necesaria para co­nocimiento cierto de cualquier cosa. El filósofo pudiera argumentar como sigue: El hecho de que no lo sepamos todo requiere que no tengamos certeza en cuanto a todo lo que afirmamos saber. Esto es porque cualquier dato que nos es ahora des­conocido pudiera aflorar y demostrar que lo que habíamos pensado que era ver­dad en realidad es falso. Por ejemplo, pensamos que sabemos nuestra fecha de nacimiento, nuestro nombre, nuestra edad, etcétera. Pero debemos reconocer que es posible que algún dia pudiéramos hallar que nuestros padres nos dieron información falsa y nuestro conocimiento «cierto» es incorrecto. Respecto a los acontecimientos que personalmente hemos experimentado, todos nos damos cuenta cómo es posible que «recordemos» palabras o acontecimientos incorrecta­mente y que más tarde nos veamos corrigidos por información más precisa. Pode­mos por lo general tener más certeza en cuanto a acontecimientos de nuestra experiencia presente, en tanto y en cuanto siga siendo presente (pero incluso eso. alguien pudiera aducir, pudiera ser un sueño, ¡y descubriremos eso sólo cuando nos despertemos!). En cualquier caso, es difícil responder a la pregunta del filóso­fo: Si no tenemos todos los datos sobre el universo, pasados, presentes y futuros, ¿cómo podemos vamos a tener la certezade que tenemos la información correcta acerca de algún dato?
En última instancia hay sólo dos soluciones posibles a este problema: (1) debe­mos adquirir todos los datos del universo a fin de estar seguros de que ningún dato que se pudiera descubrir subsiguientemente demuestre que nuestras ideas presen­tes son falsas; o (2) alguien que en rfecto tiene todos los datos del universo, y que nunca miente, pudiera ofrecemos algunos datos verdaderos para que podamos tener la seguridad que jamás serán contradichos.
Esta segunda solución es, en verdad, lo que tenemos en las palabras de Dios en la Biblia. Dios sabe todos los datos que siempre han existido y los que van a existir; y este Dios que es omnisciente (todo lo sabe i tiene conocimiento absoluto; no pue­de haber ningún dato que él no conozca ya; y por eso, nunca podrá haber nada que demuestre que algo que Dios piensa es falso. Es de esta infinita bodega de conoci­mientos ciertos de lo que Dios, que nunca miente, nos ha hablado en la Biblia, en la cual nos ha dicho muchas cosas verdaderas en cuanto a si mismo, en cuanto a no­sotros mismos y en cuanto al universo que él hizo. Jamás podrá aparecer ningún dato que contradiga la verdad que haya dicho este Ser omnisciente.
Por tanto, es apropiado que tengamos más certeza en cuanto a las verdades que leemos en la Bibha que en cuanto a cualquier otro conocimiento que tengamos. Si vamos a hablar de grados de certeza del conocimiento que tenemos, el conoci­miento que obtenemos de la Biblia tendría el grado más alto de certeza; si la pala­bra «cierto» se puede aplicar a alguna clase de conocimiento humano, se puede aplicar a este conocimiento/
■•Esta afirmación da por sentado que nos hemos convencido de que la Biblu es en verdad las mismas palabras de Dios, y que hemos entendido correctamente por lo menos algunas porciones de la Biblia. Sin embargo, en este punto, la doctrina de la claridad de la Biblia que se consideró en el capitulo previos nos asegura que podemos en­tender correctamente las enseñanzas de la Biblia, y el testimonio abrumador de la Biblia de su propia autoría divi­na (que se consideran en los capítulos amba respecto a las diferentes formas de la palabra de Dios y en cuanto a la autoridad de la Biblia), hecha persuasiva en nosotros por la obra del Espíritu Santo, nos convence de la autoría di­vina de la Biblia. En este sencido el argumento se convierte no tanto en circular como algo como una espiral en el que cada sección de la doctrina de la Biblia refuerza a la otra y ahonda nuestra persuasión de la veracidad de otras secciones de la doctrina de la Biblia. Por este proceso nuestra persuasión de que la Biblia es la palabra de Dios, que es verdad, que es clara, y que el conocimiento cierto que obtenemos de ella es cierto, se vuelve más y más fuerte mientras más estudiamos y reflexionamos en ella.
Podemos, por supuesto, hablar de grados de certeza que podríamos obtener respecto al hecho de que la Biblia es la palabra de Dios, y grados de certeza de que nuestra interpretación de alguna de sus enseñanzas de la Biblia es correcta Luego, desde el punto de vista de la experiencia personal del individuo, podríamos dcar que nuestra certeza de la corrección del conocimiento que tenemos de la Biblia crece en proporción a nuestra certeza en cuan­to al carácter exhalado por Dios y claridad de la Biblia
Sin embargo, desde el punto de vista teológico, si empezamos con un acuerdo de que La Biblia es exhalada por

Este concepto de la certeza del conocimiento que obtenemos de la Biblia en­tonces nos da una base razonable para afirmar la corrección de mucho del resto del conocimiento que tengamos. Leemos la Biblia y hallamos que su concepto del mundo que nos rodea, de la naturaleza humana y de nosotros mismos correspon­de estrechamente con la información que hemos obtenido de nuestras propias ex­periencias sensoriales en el mundo que nos rodea. Así que nos sentimos animados a confiar en nuestras experiencias sensoriales del mundo que nos rodea; nuestras observaciones corresponden con la verdad absoluta de la Biblia; por consiguiente, nuestras observaciones también son ciertas y. en general, confiables. Tal confianza en la confiabilidad general de las observaciones hechas con nuestros ojos y oídos queda confirmada adicionalmente por el hecho de que es Dios quien hizo estas fa­cultades y que en la Bibha frecuentemente nos anima a usarlas (compare también Pr 20; 12: «Los oídos para oír y los ojos para ver: ¡hermosa pareja que el Señor ha creado![1]).
De esta manera el creyente que toma la Biblia como Palabra de Dios escapa del escepticismo filosófico en cuanto a la posibilidad de obtener conocimiento cierto con nuestras mentes finitas. En este sentido, entonces, es correcto dedr que para las personas que no son omniscientes, la Biblia es necesaria para tener conocimien­to cierto de cualquier cosa.
Este hecho es importante para la explicadón que sigue, en donde afirmamos que los que no creen pu&len saber algo en cuanto a Dios partiendo de la revelaaón general que se ve en el mundo que los rodea. Aunque esto es verdad, debemos re­conocer que en un mundo caído el conocimiento que se obtiene por observadón del mundo siempre es imperfecto y siempre proclive a error o interpretadón erra­da. Por consiguiente, el conocimiento de Dios y la creación que se obtiene de la Bi­blia se debe usar para interpretar correctamente la creación que nos rodea. Usando los términos teológicos que definiremos más abajo, podemos decir que necesita­mos reveladón especial para interpretar correctamente la revelación general.'
D.   Pero la Biblia no es necesaria para saber que Dios existe
¿Qué de los que no leen la Biblia? ¿Pueden ellos obtener algún conocimiento de Dios? ¿Pueden saber algo en cuanto a las leves de Dios? Sí; sin la Biblia algún cono­cimiento de Dios es posible, aun si no es conocimiento absolutamente derto.
Los seres humanos pueden obtener derto conocimiento de que Dios existe y cierto conocimiento de algunos desús atributos simplemente observándose a sí mis­mos y el mundo que los rodea. David dice: "Uts cielos cumtan la gloria de Dios, el fir­mamento proclama la obra de sus manos» Sal 19:1). Mirar el firmamento es ver evidenda del poder infinito, sabiduría e incluso belleza de Dios; es observar un tes­tigo majestuoso de la gloria de Dios. De manera similar, Bernabé y Pablo les habla­ron a los habitantes griegos de Listra en cuanto al Dios viviente que hizo los délos y la tierra: «En épocas pasadas él permitió que todas las nadones siguieran su propio camino. Sin embargo, no ha dejado de dar testimonio de si mismo haciendo el bien, dándoles lluvias del cielo y estaciones fructíferas, proporcionándoles comida y alegría de corazón» (Hch 14:16-17). Las lluvias y las estaciones fructíferas, la co­mida que produce la tierra, y la alegría de corazón de las personas dan todas testi­monio del hecho de que su Creador es un Dios de misericordia, de amor e incluso de alegría. Estas evidencias de Dios están en toda la creación que nos rodea para que las vean los que están dispuestos a verlas.
Incluso aquellos que en su maldad suprimen la verdad no pueden evadir las evi­dencias de la existencia y naturaleza de Dios en el orden creado:
Lo que se puede conocer acerca de Dios es evidente para ellos, pues él mismo se lo ha revelado. Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa. A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se Ies oscureció su insensato corazón (Ro 1:19-21).
Aquí Pablo dice no sólo que la creación da evidencia de la existencia y carácter de Dios, sino que también incluso los perversos reconocen esa evidencia. Lo que se puede saber de Dios «es evidente para ellos» y en verdad «a pesar de haber cono­cido a Dios» (evidentemente, sabían quién era Dios), «no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias». Este pasaje nos permite decir que toda persona, incluso la más perversa, tiene algún conocimiento interno o percepción de que Dios existe y de que es un Creador poderoso. Este conocimiento se ve «a través de lo que él creó», frase que se refiere a toda la creación. Sin embargo es probable que al ver a los seres humanos creados a imagen de Dios —es decir, al verse a sí mismos y a otras personas— que incluso los perversos ven la grandiosa evidencia de la existencia y naturaleza de Dios.
Así que, incluso sin la Biblia, toda las personas que han existido han tenido evi­dencia en la creación de que Dios existe, que es el Creador y ellas son sus criaturas, y también han tenido alguna evidencia del carácter de Dios. Como resultado, ellas mismos han sabido algo en cuanto a Dios partiendo de esta evidencia (aunque nunca se dice que este sea un conocimiento que pueda llevarlos a la salvación).
E.   Es más, la Bibha no es necesaria para saber algo en cuanto al carácter de Dios y sus leyes morales
En Romanos 1 Pablo pasa a mostrar que incluso los que no creen que no tienen registro escrito de las leyes de Dios tienen en la conciencia algún entendimiento de las demandas morales de Dios. Hablando de una larga lista de pecados («envidia, homicidios, contiendas, engaños»), Pablo dice que los malos que las practican, «Saben bien que, según el justo decreto de Dios, quienes practican tales cosas merecen la muerte; sin embargo, no sólo siguen practicándolas sino que incluso aprueban a quienes las practican» (Ro 1:32). Los malos saben que su pecado es un mal, por lo menos en gran medida.
Pablo entonces habla de la actividad de la conciencia en los gentiles que no tie­nen la ley escrita:
De hecho, cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por naturaleza lo que la ley exige, ellos son ley para sí mismos, aunque no tengan la ley. Estos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusan (Ro 2:14-15).
La conciencia de los que no creen les da testimonio de las normas morales de Dios, pero a veces esta evidencia de la ley de Dios en el corazón de los que no creen es distorsionada o se suprime. Algunos de sus pensamientos los «acusan» y a veces sus pensamientos los «excusan», dice Pablo. El conocimiento de las leyes de Dios derivado de tales fuentes nunca es perfecto, pero es suficiente para dar conciencia de las demandas morales de Dios a toda la humanidad. (Es sobre esta base que Pa­blo afirma que todo ser humano es culpable ante Dios por el pecado, incluso los que no tienen las leyes de Dios escritas en la Biblia.)
El conocimiento de la existencia, carácter y ley moral de Dios, que viene por creación a toda la humanidad, a menudo se llama «revelación general» (porque viene a toda persona en general)." La revelación general viene al observar la naturaleza, al ver a Dios influyendo directamente en la historia, y mediante el sentido interno de la existencia de Dios y sus leyes que él ha colocado dentro de todo ser humano. La revelación general es distinta de la «revelación especial» que se refiere a las pala­bras de Dios dirigidas a personas específicas, tales como las palabras de la Biblia, las palabras de los profetas del Antiguo Testamento y los apóstoles del Nuevo Testa­mento, y las palabras de Dios dichas en discurso personal, tales como en el monte Sinaí o el bautismo de jesús.
La revelación especial incluye todas las palabras de la Bibha, pero no se limita a las palabras de la Bibha, porque también incluye, por ejemplo, muchas palabras de Jesús que no están registradas en la Biblia, y probablemente hubo muchas palabras dichas por los profetas del .Antiguo Testamento y los apóstoles del Nuevo Testa­mento que tampoco están anotadas en la Biblia
La verdad de que toda persona sabe algo de las leyes morales de Dios es una gran bendición para la sociedad, porque si no las supieran no habría ningún freno social para el mal que las personas harían y ningún freno de parte de su conciencia. Pero debido a que hay algún conocimiento común del bien y del mal. los creyentes a me­nudo pueden hallar mucho consenso con los que no son cristianos en cuestiones de ley civiL normas de la comunidad, ¿tica comercial básica y actividad profesional, y patrones aceptables de conducta en la vida ordinaria. Es más. podemos apelar al sen­tido de bien dentro del corazón de las personas Ro 2:14 al intentar lograr que se emitan mejores leyes o que se descarten leyes malas, o enderezar algunas de las in­justicias en la sociedad que nos rodea. El conocimiento de la existencia y carácter de Dios también provee una base de información que permite que el evangelio tenga sentido en el corazón y la mente del que no es creyente; los que no creen saben que Dios existe y que han roto sus normas, así que las noucias de que Cristo murió para pagar por sus pecados deben ser verdaderamente buenas noticias para ellos.
Sin embargo, se debe martillar que la Biblia en ninguna parte indica que al­guien pueda conocer el evangelio, o saber el camino de salvación, mediante la re­velación general. Las personas pueden saber que Dios existe, que es su Creador, que le deben obediencia, y que han pecado contra él. La existencia de sistema de sacrifidos en religiones primitivas en toda la historia atestigua el hecho de que las personas pueden saber estas cosas claramente aparte de la Bibha. Las repetidas «lluvias y temporadas fructíferas» mencionadas en Hechos 14:17 pueden incluso guiar a algunos a razonar que Dios no sólo es santo y justo sino también de un Dios amoroso y perdonador. Pero cómo la santidad y la justicia de Dios se puede jamás reconciliar con su disposición para perdonar pecados es un misterio que jamás ha sido resuelto por ninguna religión aparte de la Biblia. Tampoco la Biblia nos da ninguna esperanza de que de alguna manera se le pueda descubrir aparte de la revelación específica de Dios. Es la gran maravilla de nuestra redención que Dios mismo ha provisto el camino de salvación al enviar a su propio I lijo, que es a la vez Dios y hombre, para que sea nuestro representante y lleve la pena de nuestro pecado, combinando así la justicia y el amor de Dios en un acto infinitamente sabio y de gracia asombrosa. Este hecho, que parece tan común al oido cristiano, no debe perder su asombro para nosotros: jamás podría haberlo concebido el hombre aparte de la revelación especial y verbal de Dios
Es más. incluso si alguno que sigue una religión primitiva pudiera pensar que Dios de alguna manera debe haber pagado él mismo la pena de nuestros pecados, tal pensamiento sería solamente una especulación extraordinaria Jamás podría sostenerse con suficiente certeza como para que fuera base en la cual apoyar fe que salva, a menos que Dios mismo confirmara con sus propias palabras tal especula­ción. es decir, las palabras del evangelio proclamando bien que eso en verdad iba a suceder (si la revelación vino en el tiempo antes de Cristo) o que ya ha sucedido (si la revelación vino en dempo después de Cnsto La Biblia nunca considera la espe­culación humana aparte de la Palabra de Dios como suficiente base en la cual decir que esa es fe que salva. La fe que salva, según la Biblia, siempre es la confianza en Dios que se apoya en la veracidad de las propias palabras de Dios.
1.    Cuando usted le está testificando a uno que no es creyente, ¿qué es lo que usted querría por sobre todo lo demás que esa persona lea? ¿Conoce usted a alguien que alguna vez llegó a ser creyente sin haber leído la Biblia o haber oído que alguien le decía lo que la Bibha dice? ¿Cuál es, entonces la tarea pri­mordial del misionero evangelizador? ¿Cómo debe la necesidad de la Biblia afectar nuestra orientación misionera?
2.    ¿Alimenta usted su alma con el alimento espiritual de la Palabra tan cuida­dosa y diligentemente como alimenta su cuerpo con alimento físico? ¿Qué nos hace tan insensibles espiritualmente que sentimos el hambre física más intensamente que el hambre espiritual? ¿Cuál es el remedio?
3.    Al buscar activamente la voluntad de Dios, ¿en dónde deberíamos pasar la mayor parte de nuestro tiempo y esfuerzo? En la práctica, ¿en dónde pasa usted la mayor parte de su tiempo y esfuerzo al buscar la voluntad de Dios? ¿Le parece alguna vez que los principios de Dios en la Biblia están en conflic­to con lo que parece ser la dirección que recibimos de sentimientos, con­ciencia, consejo, circunstancias, razonamiento humano o la sociedad? ¿Cómo debemos tratar de resolver el conflicto?
4.    ¿Es tarea inútil esforzamos por legislación civil basada en normas que estén de acuerdo con los principios morales de Dios que señala la Bibha? ¿Por qué hay buena razón para esperar que a la larga podremos persuadir a una gran mayoría de nuestra sociedad que adopte leyes congruentes con las normas bíblicas? ¿Qué podría estorbar este esfuerzo?
necesidad de la Bibha                                   revelación general
revelación especial                                         revelación natural
(Para una explicación de esta bibliografía vea la nota sobre la bibliografía en el capítulo 1, p. 40. Datos bibliográficos completos se pueden encontrar en las páginas 1298-1307.)
Secciones en Teologías Sistemáticas Evangélicas
1.    Anglicana (episcopal)
1882-92 Litton (ningún tratamiento explícito)
10En el Nuevo Testamento también debemos notar que se dice que es específicamente la palabra de Dios que es el agente que Dios usa para dar vida espiritual al ser humano (Stg 1:18; 1P 1:23).

1930
Thomas. 258-60
2.
Arminiana (weslevana o metodista)

1983
Cárter. 1:288-89
3.
Bautista


1767
Gilí. 1:32*36

1976-83
Henry. 1:17-29; 2:91-123; 4:494-522; 6:360-69

1983-85
Erickson. 153-74

1987-94
Lewis. Demarest. 1:59-92
4.
Dispensacíonal

1947
Chafer, 1:48-60
5.
Luterana


1934
Mueller. 90-98
6.
Reformada (o presbiteriana

1559
Calvin. 1:69-74, 838-49 (1.6; 3.19.6-16)

1724-58
Edwards. 2:479-85

1861
Heppe. 31-33

1871-73
Hodge, 1:18-60, 364-65

1878
Dabney. 64-78

1938
Berkhof. Intro.. 128-33; 165-66
7.
Renovada (o carismática o pentecostal)

1988-92
Williams, 33-36. 239-41

Secciones en Teologías Sistemáticas Católicas Romanas Representativas
1.    Católica Romana: tradicional
1955 Ott (ningún tratamiento explícito)
2.     Católica Romana: Post Vaticano II
1980 McBrien. 1:151-61:245-81
Otras obras
Bcrkouwer, G.C. General Revelation. (No se da nombre de traductor) Eerdmans, Grand Rapids. 1955.
Demarest, Bruce A. General Revelation. Zondervan, Grand Rapids, 1982.
__ . «Revelation, General». En EDT pp. 944-45.
Henry, Cari F.H. «Revelation, Special». En EDT pp. 945-48.
Kuyper, Abraham. Principies of Sacred Theology. Trad. porj. H. de Vries.
Eerdmans. Grand Rapids. 1968. pp. 341-405 (originalmente publicada como Encyclopedia of Sacred Theology en 1898).
Packer. J. I. «Scripture». En NDT pp. 627-31.
Van Til, Comelius. Common Grace and the Gospel. Presbyterian and Reformed, Nutley, NJ. 1973.
__ . In Defense of the Faith vol. 1: The Doctrine of Scnpture. den Dulk Christian
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__ . In D<fense of the Faith vol 5: An Introduction to Syitmatic Theology.
Presbyterian and Reformed. PhiUipsburg. N.J. 1976. pp. 62-109.
Mateo 4:4: Jesús le respondió: «Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
«Buscad primero»
Buscad primero el reino de Dios
Y  su perfecta justicia,
Y  lo demás añadido será.
Aleluya, Aleluya.
No sólo de pan el hombre vivirá,
Sino de toda palabra Que sale de la boca de Dios.
Aleluya, Aleluya.
Pedid, pedid, y se os dará;
Buscad y hallaréis
Llamad, llamad y la puerta se abrirá.
Aleluya, Aleluya.
AUTOR ANÓNIMO (TOMADO DEL H1MNARIO BAUTISTA. # 373)
Este canto moderno, en su segunda estrofa («No sólo de pan el hombre vivirá») es una cita de Mateo 4:4 y expresa la necesidad que tenemos de la Bibha para man­tener nuestra vida espiritual: vivimos de toda palabra que sale de la boca de Dios. Las demás estrofas del canto no hablan directamente de la doctrina de la necesidad de la Biblia, pero sí contienen las palabras de la invitación del evangelio. Toda las estrofas son citas directas de la Biblia, y, como tales, serán alimento espiritual para nosotros al cantarlas y meditar en ellas.


[1]Vea en las pp 122-23 definiciones de la re\Ylación general y revelación especial.

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